Las psicólogas expertas en duelo animal coinciden: “Intentar proteger a los niños de la muerte de su mascota es un error, ellos también necesitan despedirse”
La muerte de un perro o un gato puede ser una de las primeras experiencias de pérdida que vive un niño. Cuando sucede, los adultos no siempre saben cómo actuar. A veces, con la intención de evitarles sufrimiento, intentan apartarlos de lo que está ocurriendo o buscan la manera de suavizar una realidad que también les cuesta afrontar.
Sin embargo, los niños necesitan comprender qué ha pasado, sentirse acompañados y tener la oportunidad de despedirse de su compañero. Así lo explican Inés Serra y Déborah Blasco, psicólogas especializadas en duelo animal y fundadoras de Raíces Eternas, que recuerdan la importancia de abordar la muerte con naturalidad y permitir que los menores formen parte del proceso.
Los niños necesitan saber qué ha ocurrido y entender qué significa morir
Cuando muere un perro o un gato de la familia, una de las primeras preguntas que se hacen los padres es cómo contárselo a sus hijos. Encontrar las palabras adecuadas no siempre es fácil, sobre todo cuando los propios adultos también están atravesando el duelo. Por eso, puede resultar tentador recurrir a expresiones como que se ha dormido o que se ha marchado, especialmente cuando el niño es pequeño. Sin embargo, intentar suavizar demasiado lo ocurrido o esconder la realidad no es necesariamente la mejor manera de proteger a los menores.
Inés Serra insiste en que los niños “necesitan claridad y saber qué es lo que está sucediendo”, así como “sentirse parte” del proceso. También considera importante hablar de la muerte sin miedo, como parte de la vida, y adaptar las explicaciones a la edad y la capacidad de comprensión de cada niño.
Esto no significa que haya que darles todos los detalles ni utilizar explicaciones que todavía no puedan entender. Se trata de hablarles con sinceridad, responder a sus preguntas y permitir que expresen sus dudas. También es importante que sepan que pueden estar tristes, enfadados o confundidos y que no tienen que ocultar lo que sienten.
Dibujos, cartas y otros rituales: así pueden despedirse los niños de su perro o gato
No todos los niños reaccionan de la misma manera ante la muerte de su compañero animal. Algunos pueden mostrar su tristeza de forma muy evidente, mientras que otros parecen continuar con sus actividades habituales o prefieren mantenerse al margen durante un tiempo. Estas diferencias también pueden estar relacionadas con la edad y el desarrollo emocional de cada uno.
Serra explica que ha conocido casos de niños pequeños cuya principal preocupación, después de perder a su compañero, era saber con quién iban a jugar. En cambio, algunos preadolescentes pueden optar por evitar la situación o aislarse. Por eso, recomienda no imponer expectativas sobre cómo deberían comportarse: “Simplemente mostrarnos disponibles para ellos para cuando lo necesiten, para poder recoger esa emoción que en algún momento va a salir”.
Respetar sus tiempos no significa excluirlos de la despedida. Al contrario, las psicólogas animan a encontrar las formas adecuadas para que también puedan participar en ella, siempre teniendo en cuenta sus necesidades. Dibujar, escribir una carta al animal, crearle un juguete o preparar un mural con fotografías son algunas de las propuestas que menciona Serra.
Estos rituales permiten expresar el cariño y dar forma a emociones que a veces resultan difíciles de explicar con palabras. Además, como señalan las expertas, pueden convertirse en recuerdos físicos a los que recurrir con el paso del tiempo. “Recordando desde el amor tenemos grandes aprendizajes”, apunta Déborah Blasco.
Las psicólogas recuerdan que los niños también necesitan ver llorar a sus padres
Acompañar a un niño durante la pérdida de su animal no significa tener que mostrarse fuerte en todo momento. De hecho, las psicólogas consideran positivo que los menores puedan ver a sus padres emocionarse y expresar la tristeza que sienten por la pérdida. De esta manera, entienden que llorar o echar de menos a alguien querido son reacciones naturales y que no tienen por qué esconderlas.
Eso sí, hay una diferencia entre compartir las emociones y vivir un momento de desbordamiento delante de ellos. Déborah Blasco recomienda que los adultos busquen un espacio seguro en el que puedan expresar su dolor sin filtros, especialmente si sienten que la tristeza puede sobrepasarlos. De esta forma, los menores pueden ver que sus padres también están tristes y que llorar es natural, pero sin exponerse a una situación que podría asustarlos.
Esta forma de acompañar también implica aceptar el sufrimiento de los más pequeños. Blasco reconoce que ver a los hijos sufrir puede resultar especialmente doloroso, pero recuerda que es importante validar sus emociones y permitirles vivir el duelo sin intentar eliminar su tristeza.
Vivir el duelo en familia puede ayudar a los niños a afrontar futuras pérdidas
La muerte de un animal también puede convertirse en una oportunidad para aprender a gestionar las emociones y comprender que las pérdidas forman parte de la vida. Por eso, Inés Serra se muestra sorprendida cuando algunos padres reconocen que habrían preferido evitar que sus hijos vivieran esa experiencia.
“Pasar un duelo en familia es una oportunidad de poder ayudarles a crear herramientas que les permitan gestionar duelos posteriores”, señala. La psicóloga recuerda que el dolor forma parte del proceso y que, aunque como adultos resulte difícil ver a los niños sufrir, no siempre es posible ni beneficioso intentar protegerlos de todas las experiencias dolorosas.
Esta idea también encuentra respaldo en la investigación. Un estudio publicado en agosto de 2025 en la revista Anthrozoös, basado en entrevistas a 28 padres, analizó precisamente cómo comunican a sus hijos la muerte de un animal de compañía y cómo viven los menores la pérdida. Entre sus conclusiones, los investigadores destacan que los niños pueden desarrollar una mayor comprensión de la muerte, nuevas formas de cuidado y aprendizajes a partir de esta experiencia.
Por eso, las expertas insisten en la importancia de hablar de la muerte con naturalidad, acompañar sin juzgar y permitir que cada miembro de la familia encuentre su propia manera de despedirse. No se trata de evitar que los niños sufran, sino de que sepan que no tienen que atravesar ese dolor solos y que pueden seguir hablando de su perro, su gato o cualquier otro animal al que hayan querido.