Los veterinarios advierten: si tu gato empieza a maullar mucho por la noche, podría ser un síntoma de demencia
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Es posible que hayas vivido esta escena en casa: son las tres de la madrugada y tu gato lleva un buen rato maullando sin que aciertes a entender por qué. Al principio piensas que es algo aislado, pero con el tiempo te das cuenta de que la situación se repite. Es fácil suponer que, como ya es mayor, se ha vuelto un poco raro y cascarrabias. Puede que sea solo eso. O puede que tu gato esté intentando decirte otra cosa. Y conviene que sepas distinguirlo.
En los gatos mayores, ciertos cambios de comportamiento pueden aparecer de forma progresiva y pasar fácilmente desapercibidos. Alteraciones en el sueño, en la forma de relacionarse o incluso en hábitos tan básicos como el uso del arenero pueden formar parte de un cuadro más complejo de lo que parece a simple vista. Por eso, lo que empieza como una “manía”, como los maullidos nocturnos, a veces esconde algo más importante.
Cuando lo que parecen manías pueden ser un signo de demencia felina
Quizás eso que parecen “manías de viejo” tenga mucho que ver con el síndrome de disfunción cognitiva felina. Esta enfermedad equivale, en gatos, a lo que en personas llamamos demencia. Suele aparecer con los años y avanza poco a poco, hasta el punto de cambiar la conducta del animal. Determinados hábitos que veías en él a diario, de pronto, cambian. Y muchas veces, por desconocimiento, no les damos importancia o no acertamos a interpretar qué le está pasando.
Los veterinarios del Centro de Salud Felina de Cornell, en Estados Unidos, consideran que los primeros signos de demencia pueden aparecer a partir de los 10 años. Y cuanto mayor es el gato, más probabilidades hay de que esos signos asomen. Un estudio de referencia, dirigido por la veterinaria escocesa Danièlle Gunn-Moore, calculó que alrededor del 28% de los gatos de entre 11 y 14 años ya muestra algún cambio de conducta vinculado al deterioro cognitivo. En los mayores de 15, la cifra supera el 50%. Es decir, uno de cada dos gatos que pasa de los 15 años convive, muy probablemente, con algún grado de demencia.
Lo que la ciencia ha descubierto dentro del cerebro felino
Durante mucho tiempo se pensó que los gatos difícilmente podrían sufrir algo parecido al Alzheimer. Hoy sabemos que sí. Un equipo de la Universidad de Edimburgo, dirigido por el profesor Robert McGeachan, publicó en la revista European Journal of Neuroscience, en agosto del año pasado, un trabajo que cambia bastante la perspectiva sobre el tema. Los investigadores estudiaron los cerebros de 25 gatos —algunos jóvenes, otros adultos sanos y otros con signos de demencia— y encontraron en los enfermos el mismo tipo de residuo cerebral que se acumula en las personas que sufren Alzheimer: una proteína tóxica llamada beta-amiloide.
Las neuronas son las células que hacen funcionar el pensamiento y la memoria. Funcionan en red: cada neurona tiene un cuerpo central y, a su alrededor, muchas ramas finas, parecidas a las de un árbol. Esas ramitas se aproximan mucho a las de las neuronas vecinas, pero nunca llegan a tocarse. Entre ellas siempre queda un hueco pequeñísimo que recibe el nombre de sinapsis.
Cómo la demencia afecta a la memoria y la orientación de los gatos
Cuando una neurona quiere mandar un mensaje a la neurona de al lado, libera unas sustancias químicas que cruzan ese hueco como si una persona viajara con su barca de una isla a otra. Así circula la información dentro del cerebro: saltando de sinapsis en sinapsis, de neurona en neurona.
Pero en el cerebro también existen unas células que se dedican a limpiar los desechos que generan las neuronas con su actividad. En el caso de los gatos enfermos, al detectar la proteína tóxica beta-amiloide, esas células se alteran tanto que no solo la eliminan: también anulan las conexiones sanas que existen entre ellas.
El caso es que si las neuronas dejan de comunicarse entre sí, lo primero que se pierde es la memoria y la orientación. Por eso, poco a poco, el gato se desorienta y empieza a comportarse de un modo que a su tutor le cuesta entender.
La primera señal de alerta: el sueño se altera
Como hemos visto al inicio, el maullido nocturno continuado es uno de los síntomas que pueden delatar que un gato sufre demencia. Pero no es el único. Cuando un gato empieza a desarrollar esta enfermedad, su comportamiento va cambiando de forma progresiva y por fases. Las profesoras Emily Blackwell y Sara Lawrence-Mills, ambas de la Universidad de Bristol, han descrito un número considerable de señales que se repiten en los gatos enfermos, como si formaran un patrón. Si miras a tu gato con atención, quizás puedas identificar varios de estos síntomas en él.
El primero, y el más evidente, es que su sueño se altera. El gato duerme de día, se desvela por la noche y deambula por casa cuando todos descansan. Y no se trata de ese momento de excitación repentino que los gatos sanos suelen tener a medianoche, esa carrera loca por el pasillo que dura unos minutos. Lo que viven los gatos con demencia por la noche es algo mucho más prolongado. Algunos, de pronto, se quedan parados delante de una pared o mirando al vacío, como si hubieran olvidado adónde querían ir.
Los cambios cotidianos que pueden indicar demencia
Después aparecen los cambios que afectan a su comportamiento contigo. Es posible que tu gato se vuelva mucho más pegajoso que antes y que te siga a todas partes como si fuera tu sombra. O puede suceder justo al revés: que de pronto se esconda todo el rato, que se asuste de cosas o de situaciones que antes le daban igual, o que se ponga muy arisco sin venir a cuento. Estas señales no indican que tu gato se haya vuelto caprichoso: son manifestaciones de cómo la enfermedad está afectando, poco a poco, a su comportamiento.
A todo lo anterior hay que añadir cambios en sus hábitos más básicos. De pronto, el gato deja de usar bien el arenero y se hace pis o caca fuera. Se asea menos. Juega menos. Y le cuesta adaptarse a cualquier cambio que hagas en casa: si mueves el comedero unos metros, puede que ya no sepa encontrarlo.
Estos síntomas no tienen por qué aparecer todos a la vez. Y no todos los gatos los desarrollan de la misma manera. Pero un estudio publicado en 2020 da una pista clara: más del 58% de los gatos mayores maúlla más de lo habitual durante el día, y más del 30% lo hace también por la noche. Es un dato que conviene tener en cuenta antes de pensar que tu gato se ha vuelto un cascarrabias con el paso de los años.
Una enfermedad que los tutores suelen notar, pero no siempre mencionan
Hay algo que dice mucho sobre cómo afrontamos esta enfermedad. Los veterinarios coinciden en que pocos tutores mencionan por iniciativa propia los signos de demencia que ven en su mascota. Pero cuando es el propio veterinario quien pregunta directamente, la mayoría reconoce haberlos observado.
Lo que está pasando es esto: nosotros, que convivimos con el gato día a día, sí nos damos cuenta de cómo va cambiando su comportamiento. Pero no se lo contamos al veterinario. Y, si no se lo contamos, es imposible que se pueda diagnosticar la enfermedad a tiempo. La demencia felina no tiene cura, pero detectarla pronto permite aplicar tratamientos paliativos que ralenticen su avance y mejoren la calidad de vida del animal.
No todo es demencia: hay otras enfermedades que pueden parecerlo
Que tu gato sufra demencia es una posibilidad, pero antes de darla por buena conviene valorar otras opciones. Y eso solo se puede determinar con la ayuda de un veterinario. Porque hay varias enfermedades frecuentes en gatos mayores que producen síntomas casi idénticos a los de la demencia, y si no se identifican a tiempo, el animal no tendrá el tratamiento que necesita.
Podría ser, por ejemplo, que tu gato tenga algún problema de tiroides (lo que se conoce como hipertiroidismo) y eso le esté haciendo estar más nervioso y maullar más de la cuenta. Los problemas de riñón también provocan desorientación y alteran sus hábitos a la hora de beber y de orinar. La tensión alta, frecuente en gatos mayores, puede afectar al cerebro y cambiar su comportamiento. Y tampoco conviene descartar que detrás haya algo más sencillo, como un dolor que está pasando desapercibido: un gato con artrosis o con problemas en la dentadura puede esconderse, maullar más de la cuenta o volverse arisco.
Este artículo es meramente informativo, en ExpertoAnimal.com no tenemos facultad para recetar tratamientos veterinarios ni realizar ningún tipo de diagnóstico. Te invitamos a que lleves a tu mascota al veterinario en el caso de que presente cualquier tipo de condición o malestar.
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