Alberto Sanz, adiestrador canino: “Los perros aprenden mucho más de los gestos que de las palabras”
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Hablar con un perro es algo que la mayoría de los cuidadores hace de forma completamente natural. Les damos los buenos días, les explicamos por qué no pueden hacer algo o incluso tratamos de convencerlos de que se comporten de una determinada manera. Sin embargo, la forma en la que los perros interpretan nuestra comunicación es muy distinta a la de las personas.
El veterinario canino Alberto Sanz recuerda que los perros no aprenden a través de largas explicaciones con palabras, sino que prestan mucha más atención a nuestro lenguaje corporal, al tono de voz y a las consecuencias de sus propias acciones. Comprender cómo procesan la información permite comunicarse con ellos de una forma mucho más eficaz y fortalecer el vínculo.
El error que muchos cometen: hablar con un perro no es hablar con una persona
Es habitual pensar que, si repetimos una orden varias veces o explicamos al perro por qué ha hecho algo mal, terminará comprendiendo el mensaje. Sin embargo, los perros no procesan el lenguaje como lo hacemos los seres humanos.
Aunque pueden aprender el significado de determinadas palabras o asociarlas a acciones concretas, lo hacen gracias a la repetición, el contexto y el aprendizaje, no porque entiendan el razonamiento que hay detrás de una explicación.
Por este motivo, repetir una frase una y otra vez o elevar el tono de voz rara vez ayuda a que el perro comprenda mejor lo que esperamos de él. Al contrario, puede generar confusión e incluso aumentar su nivel de tensión si percibe nerviosismo en la persona. Los perros suelen aprender mucho mejor a partir de los gestos, que son la base de su lenguaje. Saber interpretar su reacción cuando les hablas es fundamental para una correcta educación.
El detalle que marca la diferencia cuando te comunicas con tu perro
Según explica Alberto Sanz, “los perros son extraordinariamente buenos interpretando señales que muchas veces pasan desapercibidas para nosotros”.
La postura corporal, la dirección de la mirada, la expresión facial, el movimiento de las manos, la tensión del cuerpo o el tono de voz transmiten mucha más información para un perro que una explicación verbal. De hecho, estos animales han evolucionado durante miles de años junto a las personas y poseen una enorme capacidad para leer nuestras emociones y anticipar determinadas conductas.
Por eso, cuando un cuidador mantiene la calma, utiliza señales coherentes y acompaña las palabras con gestos claros, el perro suele comprender con mucha más facilidad qué se espera de él.
Esta capacidad para interpretar el lenguaje corporal explica por qué, en muchas ocasiones, un perro responde antes a un simple gesto con la mano que a una orden verbal. También influye el contexto. Si una persona siempre se dirige hacia la puerta antes de salir a pasear, es probable que el perro empiece a mostrarse entusiasmado incluso antes de escuchar la palabra "paseo". Del mismo modo, muchos animales son capaces de anticipar la llegada de la hora de comer o de descanso observando pequeños cambios en la rutina diaria de sus cuidadores.
Esta habilidad para leer señales no significa que los perros comprendan el lenguaje humano como lo hacemos las personas. Lo que realmente hacen es asociar determinados gestos, palabras o situaciones con experiencias previas y con las consecuencias que suelen venir después. Cuanto más coherentes sean esas señales, más sencillo resultará para el animal interpretar lo que se espera de él.
La importancia de saber comunicarse en el “idioma del perro”
Una buena comunicación no consiste en hablar más, sino en ofrecer mensajes claros y consistentes. Utilizar siempre las mismas palabras para una orden, reforzar los comportamientos adecuados en el momento en que aparecen y cuidar el lenguaje corporal facilita enormemente el aprendizaje.
También resulta importante evitar los castigos o las reprimendas prolongadas. Si el perro ya ha realizado una conducta, explicarle varios minutos después por qué estuvo mal no tendrá el efecto que muchas personas imaginan, ya que le resultará muy difícil relacionar esas palabras con una acción pasada.
La comunicación entre personas y perros se basa, sobre todo, en la observación mutua. Mientras nosotros intentamos interpretar sus gestos y vocalizaciones, ellos hacen lo mismo con nuestro cuerpo, nuestra actitud y nuestras rutinas. Por eso, entender cómo aprende un perro no solo facilita la educación, sino que también contribuye a construir una relación basada en la confianza y el bienestar.
Los especialistas en comportamiento canino recomiendan que las órdenes sean siempre breves, se pronuncien con un tono tranquilo y vayan acompañadas de un lenguaje corporal coherente. Además, es importante premiar las conductas adecuadas justo cuando se producen, ya sea con una caricia, una palabra de aprobación o una recompensa, para que el perro pueda establecer con facilidad la relación entre su comportamiento y la consecuencia positiva.
La paciencia también desempeña un papel fundamental. Igual que las personas necesitan tiempo para aprender habilidades nuevas, los perros requieren repetición, constancia y un entorno en el que puedan sentirse seguros para comprender qué esperamos de ellos.
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