Andrea Muñiz, educadora canina: “Detrás de un perro que ladra a otros perros o personas hay un sistema nervioso desbordado”
Ver fichas de Perros
Que un perro ladre, se lance hacia otro animal o reaccione cuando se cruza con una persona puede resultar muy difícil de gestionar durante un paseo. La respuesta más habitual es intentar detener esa conducta cuanto antes, pero la educadora canina Andrea Muñiz plantea mirar más allá de lo que está ocurriendo en ese momento. Para ella, “intentar ‘eliminar’ la reactividad de un perro sin entender su origen es como apagar la alarma de incendios mientras la casa sigue ardiendo”.
“La reactividad es la punta del iceberg”, explica. Debajo de esos ladridos puede haber emociones que hacen que el perro responda de una determinada manera ante aquello que le preocupa, le incomoda o le asusta. Por eso, Muñiz insiste en que no hay que quedarse únicamente en la superficie. En su cuenta de Instagram lo resume sin rodeos: “Ladrar o lanzarse a perros o personas no es el problema, es el síntoma de un sistema nervioso desbordado”.
No es solo un ladrido: “Detrás de cada estallido hay una emoción que pide ser atendida”
Quien convive con un perro reactivo conoce bien esa sensación de pasear en constante estado alerta debido a que “suele ser impredecible”, como señala Muñiz. Esa imprevisibilidad es la que hace que muchos tutores acaben saliendo a la calle con la tensión por las nubes y llegando a casa frustrados. Y todo ello el perro lo percibe.
Para revertir la situación, la educadora propone cambiar el foco: en lugar de preguntarse cómo frenar el ladrido, preguntarse qué lo provoca. Y la respuesta, según ella, siempre es emocional: “Detrás de cada estallido de tu perro hay una emoción que pide ser atendida”. En sus publicaciones señala tres posibles: el miedo, la frustración y el sobreestrés. Un perro asustado puede ladrar para que lo que le inquieta se aleje; uno frustrado puede explotar cuando no consigue acercarse a lo que quiere; y uno que acumula demasiado estrés puede reaccionar ante cualquier estímulo.
En cualquier caso, el perro actúa de esa forma porque no está sabiendo gestionar la situación, no porque quiera desafiar o mostrarse “superior” a nadie. Por eso, para Andrea, interpretar esos episodios como un problema de obediencia no es lo correcto. “No es solo un ladrido: es un mensaje”, insiste la experta. Y advierte de lo que ocurre si no se escucha: “Es común pensar que tu perro ‘se porta mal’, pero ignorar su mensaje alarga el problema”.
Por qué corregir al perro cada vez que reacciona no funciona
Si el ladrido es un mensaje, responder con una corrección es, según la educadora, no haberlo entendido. Tirar de la correa, enfadarse o buscar cualquier estrategia para que deje de reaccionar puede parecer una solución lógica, sin embargo, Muñiz insiste en que esto no suele funcionar porque la clave está en detectar el origen del problema para poder trabajar sobre él. Un perro que reacciona por miedo, frustración o sobreestrés no deja de sentirse así porque se le interrumpa el ladrido.
Por eso Muñiz es tajante: “Es hora de dejar de corregirlo cada vez que reacciona”. El motivo es que corregir a un perro que ya se siente desbordado no elimina aquello que le preocupa y puede añadirle incluso más presión en pleno paseo.
Por otro lado, según su experiencia, llenar al perro de premios tampoco hará que se reduzca su inseguridad. La comida “refuerza conductas”, explica, pero no contempla “la parte emocional, aquello que siente tu perro que le lleva a reaccionar”. Puede funcionar temporalmente e incluso dar resultados rápidos, pero es “un parche”, subraya. Es decir, cuando el premio desaparece, el problema persiste.
En ambos casos se actúa sobre la conducta, pero no sobre la emoción que hay detrás. Lo que necesita el perro, afirma la educadora, es que se le entienda y se le ayude a sentirse seguro.
Cómo ayudar al perro a sentirse seguro: lo que la educadora canina recomienda cambiar en los paseos
Entonces, si corregir no funciona, ¿qué sí? La educadora canina sostiene que es fundamental que el perro pueda sentirse seguro “para no tener que defenderse de esa manera”. Y para conseguirlo, comparte algunos de los cambios que suelen marcar la diferencia en los paseos.
Primero, señala el uso de la correa. La experta recomienda utilizar una de entre 3 y 5 metros, siempre que el tutor sepa manejarla correctamente, en lugar de recurrir a una correa corta que mantenga al animal bajo una tensión constante.
También considera importante darle mayor autonomía durante el paseo. Elegir siempre la ruta o forzar al perro a pasar por determinadas zonas puede incrementar su inseguridad si esos lugares le generan malestar o no se le permite explorar con libertad. En este sentido, Muñiz explica que esto suele provocar “más miedo, menos confianza, más reacciones”.
Por eso, en lugar de centrarse únicamente en conseguir que el perro camine correctamente junto al tutor y siguiendo una ruta marcada por la persona, plantea crear condiciones que le permitan sentirse más seguro y gestionar mejor aquello que le preocupa.
Por último, la educadora sigue insistiendo en la importancia de comprender la conducta. Desde su perspectiva, atender lo que el perro intenta transmitir con esas reacciones y tratar de identificar qué hay detrás es lo que realmente permite abordar el problema desde el lugar adecuado. “Escucharlo abre la puerta al cambio”, resume, y saber qué le pasa al perro es el primer paso para ayudarlo de verdad.
Si deseas leer más artículos parecidos a Andrea Muñiz, educadora canina: “Detrás de un perro que ladra a otros perros o personas hay un sistema nervioso desbordado”, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Curiosidades del mundo animal.
