Curiosidades del mundo animal

Andrea Muñiz, educadora canina: “Educar a tu perro no significa corregirlo; no necesita control, necesita confianza”

 
Eva López
Por Eva López, Editora Sénior. 14 octubre 2026
Andrea Muñiz, educadora canina: “Educar a tu perro no significa corregirlo; no necesita control, necesita confianza”
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Una silla con marcas de dientes, unos calcetines destrozados o un cojín que ha perdido el relleno. Estas son escenas habituales en muchos hogares con perro, y la reacción más común suele ser siempre la misma: un “no” rotundo, a veces con la voz elevada, y el objeto retirado de la boca. Sin embargo, para la educadora canina Andrea Muñiz, esa respuesta, por comprensible que resulta, no soluciona el problema de fondo.

“Educar a tu perro no significa corregirlo”, defiende en sus redes sociales. La experta explica que educar pasa por entender qué lleva al animal a actuar así y ofrecerle una alternativa adecuada, porque lo que necesita no es control, sino confianza.

Por qué corregir a tu perro no soluciona la causa de su comportamiento

Regañar a un perro por una conducta que molesta da la sensación de estar atajando el problema porque puede conseguir que el animal deje de hacerla en un momento determinado, pero eso no significa que haya aprendido a comportarse como se pretende. De hecho, según Muñiz, ocurre justo lo contrario: “Cuando corriges te estás centrando en el síntoma, no en el problema real”.

Por tanto, la reprimenda puede frenar la conducta en ese momento, pero no trabaja el motivo que la origina. Mientras ese motivo siga ahí, lo habitual es que vuelva a aparecer, quizá con otra forma. De ahí que la educadora sintetice su postura con una idea que da la vuelta al enfoque más tradicional: “Corregir no sirve de nada porque tu perro no necesita control, necesita confianza”.

Y para ello, propone cambiar el enfoque: en lugar de reaccionar automáticamente ante cada comportamiento indeseado, conviene observar al perro, interpretar sus necesidades y enseñarle qué puede hacer en su lugar.

Andrea Muñiz, educadora canina: “Educar a tu perro no significa corregirlo; no necesita control, necesita confianza” - Por qué corregir a tu perro no soluciona la causa de su comportamiento

Tu perro no te está retando: intenta adaptarse a un mundo de humanos

Ese cambio de enfoque pasa, en primer lugar, por revisar cómo se interpreta la conducta del animal. Buena parte del malestar entre perros y tutores nace de una interpretación equivocada. Es frecuente pensar que el animal lo hace a propósito, que pone a prueba a la familia o que pretende imponerse. Pero Muñiz desmonta esta creencia sin rodeos: “Tu perro no hace lo que hace para retarte, molestarte o creerse ‘superior’ a nadie”.

Su explicación es mucho más sencilla y también más humana. Los perros viven en casas, calles y rutinas diseñadas por y para personas, y lo que hacen es adaptarse a todo ello como pueden. “Simplemente intenta adaptarse continuamente a un mundo hecho para humanos”, señala. Desde esa perspectiva, es más fácil entender que una conducta que nos puede parecer incómoda no es una provocación, sino una pista sobre cómo se siente el animal. Para la educadora, “todo lo que hace tu perro tiene una intención adaptativa para él”.

Por ello, antes de reprender al animal, es importante observar en qué circunstancias aparece, qué objetos elige y qué puede estar buscando o gestionando con esa actividad. Por supuesto, como indica la experta, esto no significa permitir cualquier comportamiento ni renunciar a establecer límites. Significa entender que para enseñar a un perro qué puede hacer, primero hay que comprender por qué está haciendo lo que queremos evitar. De lo contrario, el tutor corre el riesgo de repetir las mismas correcciones sin conseguir un cambio real.

El coste de intimidar: miedo, estrés y nuevas conductas

Si la conducta tiene un sentido para el animal y la respuesta del tutor es el grito o la intimidación, el resultado puede ser que el perro efectivamente interrumpa la conducta, pero no porque entienda el motivo, sino por miedo a la reacción de su tutor. La experta así lo advierte: “Intimidándolo solo consigues que deje de actuar por miedo y que aparezcan otras conductas derivadas por estrés”.

De este modo, como sugiere Muñiz, si el aprendizaje se basa en evitar una reprimenda por temor a las consecuencias, no se está abordando aquello que puede estar provocando el comportamiento del perro y, por ende, tampoco se está enseñando al animal qué alternativas tiene ni qué es lo correcto.

En este sentido, reñir sin ofrecer alternativas desgasta la relación, ya que, según Muñiz, lo único que se logra es “romper tu vínculo con él poco a poco”. Todo ello se resume, en sus palabras, en una ecuación: “Miedo, ansiedad y frustración, son igual a estrés”. Un estrés que, lejos de educar, complica la convivencia.

Andrea Muñiz, educadora canina: “Educar a tu perro no significa corregirlo; no necesita control, necesita confianza” - El coste de intimidar: miedo, estrés y nuevas conductas

Qué hacer en su lugar: entender qué le pasa y ofrecerle una alternativa

En lugar de centrarse únicamente en la conducta que molesta, la educadora plantea detenerse a observar antes de reaccionar. “No te quedes en la superficie”, aconseja, y añade: “Si te molesta alguna conducta de tu perro intenta entender qué le pasa y por qué lo hace”. Comprender el contexto es lo que permite llegar mejor a la raíz del problema, que es donde de verdad se puede intervenir. Como resume Muñiz: “Hay muchas cosas que nos molestan de nuestros perros y la mayoría es porque no les entendemos”.

Para entender mejor su idea, la experta recurre a un caso habitual en muchos hogares: el del perro que mordisquea algo que no debe, como una silla o la ropa. En lugar de arrancárselo de la boca con un gesto brusco, propone entender qué hay detrás. Según explica, “los perros gestionan y descargan estrés (frustración, dolor, ansiedad…) con la boca”. Morder, por tanto, no es un capricho, sino una forma que tiene su cuerpo de regularse.

La solución, añade, es más sencilla de lo que parece: “Dale algo que sí pueda romper”. Un peluche, una cuerda o una caja de cartón pueden servir. El truco está en elegir algo con una textura parecida a la del objeto que el animal estaba desgarrando, de modo que la necesidad quede cubierta sin que el mobiliario o la ropa salgan perjudicados.

El objetivo, por tanto, no es dejar que el perro haga cualquier cosa, sino enseñarle qué puede hacer en su lugar. Esta forma de educar no solo permite que el animal deje de hacer aquello que molesta, sino que también ayuda a construir un vínculo sano basado en la confianza y el respeto.

Eso sí, como advierte la propia educadora, conviene distinguir entre una conducta puntual y un comportamiento destructivo intenso o persistente. En este último caso, Muñiz aconseja investigar si existe un problema más profundo. Si el perro destroza objetos de forma recurrente, recomienda valorar qué está ocurriendo y buscar ayuda profesional cuando sea necesario.

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