Asturias reanudará los controles del lobo en septiembre: ganaderos y ecologistas vuelven a chocar
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El lobo ibérico vuelve a situarse en el centro del debate en España. Mientras los ganaderos asturianos reclaman medidas para frenar los ataques al ganado, organizaciones conservacionistas defienden que la solución pasa por reforzar la prevención y no solo por reducir el número de ejemplares.
El Gobierno de Asturias ha aprobado una modificación del plan de gestión del lobo para adaptarlo a las directrices del Tribunal Supremo y poder reanudar los controles poblacionales a partir de septiembre. La decisión llega después de que la justicia anulara el artículo 75A del decreto de 2015, que sustentaba el anterior sistema de gestión. Con este cambio, el Ejecutivo asturiano afirma que cumple su compromiso con el sector ganadero y que ya trabaja en el programa de control para 2026.
La medida fue presentada por el consejero de Medio Rural y Política Agraria, Marcelino Marcos, y por el director general de Planificación Agraria, Marcos da Rocha. Según explicaron, la reforma no pretende rehacer por completo la política sobre el lobo, sino reforzar la base jurídica del plan anterior para que se ajuste a la doctrina del Supremo.
El Gobierno autonómico sostiene que actuó dentro del primer semestre del año, tal y como había prometido, y que ahora el siguiente paso será concretar el programa anual de actuaciones que empezará a aplicarse en septiembre.
50 manadas de lobo y casi 4.000 cabezas de ganado afectadas: los datos que usa Asturias para justificar los controles
El Principado defiende que su posición es "equilibrada y rigurosa" y se apoya en criterios científicos aplicados desde 2006. También acusa al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de fomentar la "polarización" en el debate sobre el lobo.
Asturias insiste en que la situación de la especie en la comarca biogeográfica del noroeste es favorable, una idea que el Gobierno autonómico ya había respaldado junto con la mayoría de las comunidades en la Conferencia Sectorial de Agricultura.
Para justificar la necesidad de mantener los controles, la Consejería recurrió a los datos del censo de 2025. Según esos números, las manadas de lobo en Asturias crecieron un 11% hasta alcanzar 50, de las cuales 46 son reproductoras y 4 están bajo seguimiento.
El Ejecutivo interpreta ese aumento como una prueba de que la especie no está en peligro y de que los controles previos no han reducido de forma relevante la presencia del animal. A eso añade el impacto sobre el ganado: se contabilizaron 3.903 cabezas afectadas por ataques y la Administración tuvo que destinar 1,9 millones de euros en compensaciones, sin incluir los casos no comunicados o cubiertos por seguros privados.
En cuanto a cómo se aplicarán los controles, el método principal seguirá siendo el trabajo del personal de la Guardería del Medio Natural. No obstante, se mantiene la posibilidad de colaboración de cazadores mediante batidas específicas o cacerías en cotos y reservas regionales.
Los cupos concretos de ejemplares y las zonas donde se actuará se decidirán durante el mes de julio por los técnicos de la Consejería, de modo que el programa quede detallado antes de que arranquen las intervenciones en septiembre.
El lobo ibérico vuelve a dividir a Asturias: conservación, ganadería y controles bajo debate
El lobo ibérico es una de las especies más emblemáticas de la fauna española y, al mismo tiempo, uno de los animales que más controversia genera. Allí donde conviven explotaciones ganaderas extensivas y poblaciones de lobos, el conflicto se repite desde hace décadas: los ataques al ganado provocan pérdidas económicas y preocupación entre los ganaderos, mientras científicos y entidades conservacionistas recuerdan que el lobo desempeña un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas y que su gestión requiere soluciones a largo plazo.
La discusión no es exclusiva de España. Países como Italia, Francia, Alemania o Portugal afrontan debates similares desde el regreso natural de grandes carnívoros a zonas donde habían desaparecido durante buena parte del siglo XX. La gran diferencia es cómo se intenta compatibilizar la conservación de la especie con la actividad económica de quienes viven del campo.
Asturias concentra una de las poblaciones de lobo más importantes de la península y constituye uno de los principales escenarios del debate. La comunidad mantiene desde hace años programas de seguimiento de la especie y de compensación por daños al ganado, mientras organizaciones agrarias y asociaciones conservacionistas discrepan sobre cuál debe ser la estrategia de gestión.
La controversia ha ido creciendo conforme aumentaban los censos de la especie en algunas zonas del noroeste peninsular y se intensificaban las reclamaciones del sector ganadero. En abril de este año, incluso, el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) declaró ilegal el Programa Anual de Control del Lobo 2025-2026, una decisión que anuló de facto las autorizaciones para abatir ejemplares y reabrió un conflicto enquistado entre el sector ganadero, las administraciones y las organizaciones ecologistas.
El aviso de los conservacionistas: matar lobos no es una solución estructural para la ganadería
Ésta es probablemente la pregunta más controvertida del debate. Las organizaciones conservacionistas sostienen que los controles letales no constituyen una solución estructural. WWF España defiende desde hace años que la prioridad debe situarse en la prevención mediante mastines, cercados eléctricos, vigilancia del ganado, pastores y compensaciones ágiles para los afectados.
En la misma línea se pronuncian entidades como ASCEL, que recuerda que numerosos estudios científicos no han demostrado una relación directa entre reducir el número de lobos y disminuir de forma permanente los ataques.
Una de las investigaciones más citadas en este ámbito, dirigida por el investigador Adrian Treves y publicada en la revista PLOS ONE, concluyó que los controles letales pueden incluso producir efectos contraproducentes cuando alteran la estructura social de las manadas. Al desaparecer algunos ejemplares adultos, los grupos pueden fragmentarse y aumentar los ataques oportunistas sobre ganado doméstico al perder eficacia para capturar presas silvestres.
Otros trabajos publicados en Biological Conservation insisten en que las medidas preventivas resultan más eficaces cuando se mantienen de forma continuada y cuentan con financiación suficiente.
Eso no significa que exista un consenso absoluto. Parte del sector científico considera que, en determinadas circunstancias y bajo criterios muy concretos, los controles poblacionales pueden formar parte de una estrategia de gestión más amplia. La clave, señalan numerosos especialistas, es que esas decisiones estén respaldadas por censos fiables y evaluaciones técnicas independientes.
Mastines, cercados y compensaciones rápidas: las claves europeas para convivir con el lobo
La experiencia acumulada en distintos países europeos apunta hacia un modelo basado en varias herramientas complementarias. Entre ellas destacan el uso de mastines especializados, cercados eléctricos móviles para el ganado, pastoreo activo, sistemas de alerta temprana, compensaciones económicas rápidas y programas de seguimiento científico continuado.
La Large Carnivore Initiative for Europe sostiene que la coexistencia entre grandes carnívoros y actividad humana es posible cuando las políticas públicas combinan prevención, participación local y una comunicación transparente basada en datos.
En España, el debate continuará previsiblemente durante los próximos años. La recuperación del lobo en parte de su área histórica constituye un éxito desde el punto de vista de la conservación, pero también obliga a afrontar nuevos desafíos para la ganadería extensiva.
Más allá de posiciones enfrentadas, cada vez más investigadores coinciden en que la solución difícilmente llegará mediante una única medida. Compatibilizar biodiversidad y mundo rural exigirá políticas estables, financiación suficiente, diálogo entre administraciones, científicos, ganaderos y organizaciones conservacionistas y una evaluación continua de los resultados. Solo así será posible reducir un conflicto que lleva décadas marcando el futuro del mayor depredador terrestre de la península ibérica.
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