El eclipse solar hará creer a muchas aves que ha llegado la noche: dejarán de cantar y buscarán refugio

 
Por María L. Thomann, Bióloga y Máster en Biología y Conservación de la Biodiversidad. 10 agosto 2026

Un eclipse solar transforma el ambiente en cuestión de minutos. Cuando la Luna se interpone entre la tierra y el sol, la luz disminuye bruscamente en pleno día, alterando una de las principales señales que regulan la actividad de los animales.

Las aves son especialmente sensibles a estos cambios. Por eso, durante un eclipse, algunas especies pueden comportarse como si estuviera anocheciendo: dejan de cantar, reducen su actividad o buscan refugio. El fenómeno es tan rápido que puede desencadenar en ellas respuestas propias del final del día, aunque el eclipse apenas dure unos minutos.

La luz actúa como un reloj biológico para las aves

La alternancia entre luz y oscuridad es una señal ambiental fundamental para sincronizar los ritmos circadianos, es decir, los ciclos biológicos que se repiten aproximadamente cada 24 horas. En las aves, estos ritmos influyen en cuándo comienzan a cantar, buscar alimento, descansar o desplazarse.

Normalmente, la disminución de luminosidad al atardecer ocurre de manera predecible. Durante un eclipse solar, en cambio, ese cambio se produce en pleno día y con mucha mayor rapidez.

Además, no solo disminuye la cantidad de luz. Al quedar parcialmente bloqueada la radiación solar también puede descender temporalmente la temperatura y modificarse ligeramente otras condiciones atmosféricas. Durante eclipses con una elevada ocultación del sol se han registrado descensos apreciables de temperatura, reforzando aún más unas condiciones ambientales parecidas a las del crepúsculo.

El resultado es una combinación de señales que algunas aves interpretan como si el día estuviera llegando a su fin.

El eclipse sumerge a muchas aves en un silencio inesperado

Uno de los efectos más llamativos es el cambio en el paisaje sonoro. Muchas aves diurnas reducen sus vocalizaciones cuando la oscuridad alcanza suficiente intensidad.

Investigaciones analizaron registros acústicos obtenidos durante el eclipse solar total del 8 de abril de 2024 en Norteamérica. Los investigadores utilizaron dispositivos automáticos capaces de registrar e identificar vocalizaciones y encontraron una disminución general de la actividad vocal en los lugares donde la ocultación del sol superó el 99 %.

Los resultados a gran escala confirmaron algo que durante décadas había sido descrito principalmente mediante observaciones locales: cuando el eclipse se aproxima a la totalidad, determinadas comunidades de aves pueden volverse notablemente más silenciosas.

Sin embargo, no todas reaccionan de la misma manera. Investigaciones posteriores que analizaron cientos de lugares y más de 180 especies encontraron diferencias importantes relacionadas con la ecología de cada ave. Durante el eclipse total de 2024, muchas especies disminuyeron sus vocalizaciones, mientras que algunas especies nocturnas o adaptadas a condiciones de poca luz aumentaron su actividad.

Algunas aves reducen su actividad y pueden prepararse para dormir

El cambio no se limita al canto. Existen observaciones de aves que interrumpen sus desplazamientos, se agrupan o buscan lugares donde descansar. Este comportamiento resulta coherente con las señales que reciben. Si la luminosidad cae hasta niveles semejantes a los del crepúsculo, un ave diurna puede comenzar una secuencia habitual del final de la jornada: reducir su actividad, desplazarse hacia un refugio y prepararse para pasar la noche.

Por ejemplo, investigadores observaron que gorriones y cuervos dejan de volar y cantar y se agrupan en los árboles durante el periodo de máxima oscuridad. También los radares meteorológicos permiten estudiar lo que ocurre en el cielo, ya que en algunos casos han detectado la disminución de los movimientos de aves planeadoras diurnas y de especies insectívoras como las golondrinas.

Curiosamente, la breve oscuridad no parece suficiente para desencadenar todos los comportamientos nocturnos. Los estudios mediante radar no detectaron el inicio de una migración nocturna generalizada, lo que demuestra que la respuesta es más compleja que simplemente confundir el día con la noche.

Cuando vuelve la luz puede comenzar un segundo amanecer

El momento más sorprendente puede producirse después de la máxima oscuridad. Una vez que la luna comienza a descubrir el sol, la luminosidad aumenta rápidamente. Para algunas aves, esta transición parece funcionar de manera similar a un amanecer.

Aproximadamente la mitad de las especies de aves estudiadas modificaron su comportamiento vocal durante un eclipse. Algunas redujeron o interrumpieron sus cantos con la oscuridad, mientras que otras comenzaron a emitir vocalizaciones características del amanecer cuando la luz regresó. En la práctica, algunas aves experimentaron una secuencia ambiental extraordinaria: tarde, aparente anochecer y un nuevo amanecer, todo en cuestión de minutos.

Este fenómeno también permite comprender hasta qué punto determinadas especies son sensibles a cambios muy pequeños en la iluminación. No todas necesitan oscuridad completa para reaccionar, aunque los efectos más claros se producen cerca de la totalidad.

Una oportunidad única para entender cómo la luz cambia el comportamiento de las aves

Los eclipses ofrecen a los científicos una oportunidad difícil de reproducir experimentalmente. En pocos minutos, la intensidad luminosa cambia de manera rápida, predecible y simultánea sobre territorios enormes.

Gracias a grabadoras acústicas automáticas, radares y proyectos de ciencia ciudadana, actualmente es posible analizar las respuestas de miles de animales sin depender exclusivamente de observaciones individuales

Estos estudios tienen aplicaciones que van más allá de los eclipses. Comprender cómo responden las aves a cambios en la luminosidad también puede ayudar a investigar los efectos de la contaminación lumínica, que altera artificialmente las señales naturales de amanecer y anochecer en ciudades y otras zonas humanizadas.

Por eso, mientras millones de personas levantan la vista para contemplar un eclipse, en bosques, campos, parques y jardines ocurre otro espectáculo mucho más discreto. Algunas aves dejan de cantar, otras buscan refugio y unas pocas especies nocturnas comienzan a hacerse escuchar. Minutos después, cuando reaparece el Sol, la actividad regresa. Para ellas, el eclipse puede convertirse en una breve y desconcertante noche en mitad del día.

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Bibliografía
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