Cuidados básicos

Eva Sánchez-Paniagua, veterinaria: “Un gato con calor puede dormir más, pero no debería dejar de comer o beber”

 
Alejandro Lingenti
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 12 julio 2026
Eva Sánchez-Paniagua, veterinaria: “Un gato con calor puede dormir más, pero no debería dejar de comer o beber”
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Cuando las temperaturas se disparan, muchos propietarios se preguntan si su gato está simplemente soportando el calor o si esos cambios de comportamiento esconden un problema de salud. A diferencia de los perros, los felinos apenas muestran señales evidentes de que están pasando calor, lo que hace más difícil detectar un golpe de calor o una deshidratación en sus primeras fases.

Para Eva Sánchez-Paniagua, veterinaria graduada por la Universidad Complutense de Madrid, la clave está en observar al animal en conjunto y conocer cuál es su comportamiento habitual. "Un gato que tiene calor puede cambiar sus hábitos, pero sigue conectado con su entorno", explica en una entrevista para La Vanguardia.

La especialista insiste en que los gatos poseen una enorme capacidad para disimular el malestar, una característica heredada de sus antepasados salvajes, para los que mostrar debilidad suponía un riesgo. Por eso, aprender a interpretar sus cambios de conducta puede marcar la diferencia entre una adaptación normal al verano y una urgencia veterinaria.

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Gatos que duermen más y se mueven menos con calor: cuándo es normal y cuándo vigilar

Durante los meses más calurosos es habitual que un gato reduzca su actividad física. El calor incrementa el gasto energético necesario para mantener estable la temperatura corporal y, como ocurre con muchos mamíferos, los felinos responden disminuyendo el movimiento durante las horas centrales del día.

"Es normal que durante los meses de calor los gatos reduzcan su actividad, duerman más horas o busquen superficies frescas donde descansar. Si siguen comiendo, bebiendo, utilizando el arenero, acicalándose y respondiendo a estímulos habituales, lo más probable es que estén adaptándose a las altas temperaturas", explica Sánchez-Paniagua.

Este comportamiento coincide con las recomendaciones de la International Cat Care, entidad especializada en medicina felina, que señala que los gatos modifican de forma espontánea sus horarios para evitar el esfuerzo durante los momentos de mayor calor y buscan lugares más frescos de la vivienda.

También desde la American Association of Feline Practitioners recuerdan que estos cambios son fisiológicos siempre que el animal mantenga sus funciones normales de alimentación, hidratación e interacción con el entorno.

Si tu gato respira con la boca abierta en verano, no lo confundas con el jadeo de un perro

El problema aparece cuando esos cambios van acompañados de síntomas que no forman parte del comportamiento habitual del gato.

"Lo que debe alertarnos es un cambio respecto a su comportamiento normal: que estén más apáticos, se escondan más, pierdan el apetito o aparezcan signos como debilidad, vómitos, respiración acelerada, babeo o jadeo", asegura Sánchez-Paniagua.

Entre todas esas señales, hay una muy importante. "En gatos, respirar con la boca abierta no debe considerarse una forma normal de combatir el calor y requiere atención veterinaria", dice la especialista.

A diferencia de los perros, que utilizan el jadeo como principal mecanismo para disipar temperatura, los gatos apenas jadean. Cuando lo hacen suele significar que su organismo está teniendo dificultades para regular el calor y puede encontrarse ante un golpe de calor, una situación potencialmente mortal si no se actúa con rapidez.

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El aviso veterinario sobre los gatos: pueden parecer normales aunque algo no vaya bien

Una de las razones por las que resulta tan complicado detectar estos problemas es que los gatos han evolucionado para ocultar los signos de enfermedad.

Por eso justamente pequeños cambios de conducta suelen constituir los primeros indicadores de que algo no marcha bien. Los tutores deben prestar atención a modificaciones sutiles del comportamiento cotidiano antes incluso de que aparezcan síntomas físicos evidentes.

Agua fresca, ventilación y sombra: cómo proteger a tu gato del calor este verano

Si tuviera que resumir el cuidado de un gato durante el verano en una sola recomendación, Sánchez-Paniagua no duda: "Anticiparse. Los gatos suelen esconder muy bien el malestar y muchas veces no muestran señales evidentes hasta que el problema ya está avanzado".

Para conseguirlo recomienda mantener siempre agua limpia y fresca disponible, favorecer un ambiente bien ventilado y permitir que el propio animal elija las zonas donde se siente más cómodo. "El alimento húmedo, siempre que sea adecuado para su dieta y estado de salud, también puede contribuir a aumentar la ingesta de líquidos. Lo importante es no forzarles -sostiene Sánchez-Paniagua-. Pero sobre todo conocer la rutina habitual del animal es lo que permite detectar pequeños cambios antes de que vayan a más. La mejor herramienta que tiene un cuidador es conocer a su propio gato".

Los veterinarios aconsejan siempre colocar varios bebederos repartidos por la vivienda, renovar el agua con frecuencia y ofrecer alimentación húmeda si el profesional considera que puede ayudar a mejorar la hidratación. También recomiendan mantener las persianas bajadas durante las horas de máxima insolación, ventilar la vivienda cuando refresca y evitar que los gatos permanezcan en terrazas o galerías expuestas al sol.

Aunque los gatos suelen tolerar mejor el calor que muchas otras especies, no son inmunes a sus efectos. Precisamente porque expresan el malestar de una forma mucho más discreta, observar pequeños cambios cotidianos puede convertirse en la mejor medida preventiva para proteger su salud durante el verano.

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