Los veterinarios coinciden: “Los gatos se frustran y estresan cuando les cerramos una puerta que antes estaba abierta”

 
Por María Besteiros, ATV y peluquera canina/felina. 1 septiembre 2026

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Cualquiera que haya convivido con un gato es más que probable que haya observado su reacción ante las puertas cerradas: lo normal es que proteste y que maúlle hasta conseguir que alguien abra. Hay que decir que este comportamiento se ve ante puertas de entrada, pero, también, de armarios. Además, es frecuente que el gato maúlle para que le abran, entre y, en muy poco tiempo, vuelva a maullar pidiendo que le abran otra vez para salir.

Este comportamiento, que puede resultar irritante o gracioso, tiene una explicación que veterinarios como Manuel Manzano y Carlos Gutiérrez tratan en sus redes sociales. Territorialidad, curiosidad y sociabilidad son las claves de esta curiosa conducta.

Para el gato, una puerta cerrada es una barrera en su territorio

Los gatos son animales muy territoriales. Esto quiere decir que su hogar se convierte en el territorio que tienen que controlar y defender. Por este motivo, realizarán paseos periódicos de exploración para asegurarse de que todo está en orden y no hay ningún intruso. Igualmente, revisarán objetos que traigamos del exterior e incluso olfatearán nuestra ropa y calzado. Algunos ejemplares marcarán su territorio rascando con las uñas, frotándose, sobre todo con la cara, o eliminando pequeñas cantidades de orina en vertical.

En este contexto, una puerta cerrada en su territorio supone una barrera para su trabajo de inspección, de ahí que el gato proteste para pedir que alguien abra. Es una barrera que se levanta en lo que él considera su propiedad. Tiene la necesidad de saber qué está pasando al otro lado y, como destaca el veterinario Carlos Gutiérrez, “tenerlo todo controlado”. No poder hacerlo incluso le puede causar ansiedad y estrés, en especial cuando la puerta se queda cerrada mientras no hay nadie en casa que pueda abrirla. Un estrés sostenido se traducirá en problemas de comportamiento.

Un ejemplo habitual sucede en casos en los que el cuidador se ausenta y una puerta se cierra accidentalmente, pudiendo dejar al gato encerrado. Puede ser tanto la puerta de un cuarto como la de un armario. Esto no quiere decir que el gato tenga que tener libre acceso a todo el hogar. Alguna puerta puede estar cerrada. El problema surge cuando una puerta que hasta entonces estaba abierta ahora se cierra. El gato no lo va a entender.

La curiosidad del gato también explica su rechazo a las puertas cerradas

Es posible que no todos los cuidadores conozcan la territorialidad de los gatos, pero seguro que sí han oído hablar de su enorme curiosidad. Precisamente esta curiosidad es la que menciona el veterinario Manuel Manzano como una de las causas que explican la aparente aversión de los gatos ante las puertas cerradas. En esto coincide el veterinario Carlos Gutiérrez, quien también señala la curiosidad como uno de los motivos detrás de este comportamiento. La puerta no deja de ser una barrera que le impide curiosear al otro lado.

Los gatos, sobre todo los de menor edad, que están en plena etapa investigadora, tienen curiosidad por revisar todo su entorno. La puerta cerrada aumenta su intriga ante lo que podrá haber tras ella, por eso no es extraño que se esfuercen por pedir que se la abran o incluso se lancen al pomo o a la manilla para intentar abrirla ellos solos.

La sociabilidad felina: la tercera razón para odiar las puertas cerradas

Otro de los aspectos que comenta el veterinario Manuel Manzano es el de la sociabilidad de nuestros felinos domésticos. Es cierto que tienen fama de independientes y poco cariñosos o apegados a los humanos, pero la verdad es que se observan grandes diferencias de personalidad entre ejemplares. Así, podemos encontrar gatos sumamente cariñosos y otros mucho más reservados, que aceptarán poco contacto con las personas.

En cualquier caso, todos tienen en común que son animales domésticos, diseñados para ser sociables con los humanos. Un claro ejemplo lo tenemos cuando vamos al baño. Si la puerta cerrada separa al gato de su cuidador, no es extraño que se queje y pida que le abran para no perder de vista a su figura de referencia. De lo contrario, se sentirá desplazado.

Ojo a las puertas cuando salimos de casa: así se evita que el gato quede atrapado o se estrese

En vista de los problemas que para los gatos pueden suponer las puertas cerradas, sería recomendable que, en nuestra ausencia, nos asegurásemos de que ninguna puerta se cierra, lo que podría dejar al gato atrapado alejado de su arenero o bebedero. Para ello podemos poner topes. Los hay de muy distintas formas y tamaños. También podemos poner seguros en las puertas de los armarios para impedir que el gato abra, entre y, después, no pueda salir.

Además, el veterinario Manuel Manzano recomienda que si tenemos puertas cerradas en casa porque no queremos que pase el gato, al menos tendremos que dejarle, si no estamos, acceso a una estancia con ventana al exterior para que pueda ver. La visión de lo que sucede en el vecindario suele ser un elemento de enriquecimiento ambiental para los gatos y solo debería evitarse si le provocase estrés, por ejemplo, porque pasasen perros cerca u otros animales, hubiese obras o ruidos fuertes, como pirotecnia, etc. Por supuesto, las ventanas, si se abren, deben tener protecciones para que en ningún caso el gato se pueda caer.

En resumen, en general, los gatos odian las puertas cerradas porque les impiden desarrollar actividades que para ellos son esenciales, como la exploración de su territorio o el contacto con su cuidador. Entendiendo su naturaleza, es fácil comprender que encontrarse cerrada una puerta que hasta el momento estaba abierta puede suponer un fuerte estrés que debemos evitar.

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