Paula Calvo, experta en antrozoología: “Tu gato no está tomando el sol, aunque creas que sí”
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A los gatos les encanta pasar horas tumbados junto a una ventana, aparentemente relajados, mientras el sol entra por el cristal. Muchos tutores interpretan esta escena tan habitual como una señal inequívoca de bienestar. Pero, según la experta en antrozoología Paula Calvo, la realidad es mucho más compleja.
“Tu gato no está tomando el sol, aunque tú creas que sí”, advierte la especialista. Y no se trata de una frase exagerada: detrás hay una explicación biológica que cada vez genera más interés entre veterinarios y expertos en comportamiento felino.
La luz natural no solo ilumina una habitación, también participa directamente en la regulación hormonal, el sueño, los niveles de estrés y el equilibrio emocional de los gatos. El problema, explica Calvo, es que muchos felinos domésticos “viven toda su vida viendo el exterior, pero sin poder experimentarlo realmente”. Por eso tantos gatos buscan insistentemente cualquier rincón donde entre luz. “No es casualidad, es biología”, resume la experta.
El mito del gato tomando el sol: “No siempre está recibiendo sol de verdad”
Muchas personas creen que, si el gato pasa horas delante de una ventana, sus necesidades relacionadas con la luz natural están cubiertas. Pero el cristal cambia parte de esa experiencia biológica.
“Muchas personas piensan que un gato tumbado detrás de una ventana ‘ya recibe sol’, pero no funciona así”, explica Paula Calvo. Según detalla, el vidrio deja pasar la luz, pero no toda con la misma intensidad ni calidad. Eso hace que el cuerpo del gato reciba una señal de luz más débil, menos eficaz para regular sus hormonas y su reloj biológico. “El gato recibe luz, sí, pero no recibe el mismo impacto biológico que tendría al exterior”, señala.
Esta explicación de Paula tiene sentido si se tiene en cuenta algo clave: aunque los gatos domésticos se hayan adaptado a vivir dentro de casa, su organismo sigue funcionando como el de un animal preparado para vivir en el exterior. Es decir, siguen respondiendo de forma muy directa a la luz, la temperatura y los cambios del entorno.
El papel invisible de la luz natural en el cuerpo y el comportamiento del gato
La relación entre la luz natural y el bienestar del gato va mucho más allá de una simple preferencia por las zonas más cálidas del hogar. “El sol directo no es un lujo para el gato, es regulación biológica”, insiste Paula Calvo.
La especialista explica que la exposición a la luz participa en la regulación de hormonas como el cortisol, la melatonina, la serotonina o la dopamina. Todas ellas están relacionadas con procesos tan importantes como el descanso, la activación, la gestión del estrés o el estado de ánimo.
Por ello, cuando esas señales se alteran, el organismo también puede desequilibrarse. Ahí es donde aparecen comportamientos que muchos tutores consideran “normales”, pero que podrían estar relacionados con un entorno demasiado pobre en estímulos naturales, como la luz solar directa.
De hecho, investigaciones recientes han reforzado esta idea. Un estudio publicado en 2025 en la revista iScience observó que las condiciones lumínicas en gatos de refugios modificaban directamente sus niveles de cortisol y sus conductas relacionadas con el estrés. Los animales expuestos a determinadas condiciones de luz mostraban menos tensión y cambios positivos en su comportamiento.
Estrés, sueño y emociones: lo que cambia cuando falta luz natural
Uno de los puntos más interesantes que destaca la experta tiene que ver con los ritmos naturales del gato. Los felinos son animales crepusculares, es decir, están biológicamente preparados para activarse durante el amanecer y el atardecer. Por eso la luz ambiental tiene un impacto tan importante sobre su rutina diaria.
“Su cuerpo está diseñado para responder a cambios reales de luz, temperatura, olores y sonidos ambientales”, explica Paula Calvo. Por eso, cuando un gato pasa años desconectado de esos estímulos naturales, pueden aparecer alteraciones que muchas familias interpretan como problemas de conducta: hiperactividad por la noche, estrés crónico, ansiedad, alteraciones del sueño o cambios en el apetito.
Pero la realidad es muy distinta: “Muchos problemas de comportamiento no aparecen porque el gato sea malo, aparecen porque lleva demasiado tiempo sobreviviendo en un entorno que no entiende su naturaleza”, afirma Calvo.
En este contexto, la obsesión de muchos gatos por sentarse junto a la ventana no es casual ni un capricho. Para la especialista, esa conducta refleja precisamente la búsqueda constante de estímulos que su entorno interior no le ofrece.
Cómo mejorar su bienestar sin poner en peligro a tu gato, según los expertos
Que los gatos tengan ciertas necesidades biológicas no significa que deban salir libremente a la calle. De hecho, los expertos recuerdan que el exterior también implica riesgos importantes: atropellos, peleas, enfermedades o caídas. Además, la ley prohíbe dejar a los gatos sueltos sin supervisión.
La clave, según Paula Calvo, está en ofrecer acceso controlado y seguro a estímulos naturales. “A veces, proteger correctamente un balcón o permitir acceso seguro a una ventana puede marcar una diferencia enorme en su bienestar”, explica.
Las mallas de seguridad en terrazas, balcones acondicionados o pequeños espacios donde el gato pueda sentir el aire exterior y recibir luz solar directa pueden ayudarte a equilibrar el organismo de tu felino. Porque, como insiste la especialista, esto no tiene nada que ver con “humanizar” a los animales, sino con comprender mejor sus necesidades reales.
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