Tiburón de Groenlandia: el gigante que puede vivir más de 400 años y sorprende a los científicos

 
Por María L. Thomann, Bióloga y Máster en Biología y Conservación de la Biodiversidad. 9 marzo 2026
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Imagen: Tiburón de Groenlandia / Agencia EFE

Ficha del animal: Tiburón de Groenlandia

En las frías y profundas aguas del Atlántico Norte habita uno de los animales más enigmáticos del planeta, Somniosus microcephalus, conocido como tiburón de Groenlandia. Esta especie ha sorprendido a la comunidad científica por la característica extraordinaria de vivir varios siglos. Su longevidad no solo lo convierte en el vertebrado más longevo conocido, sino también en un modelo clave para estudiar los límites biológicos del envejecimiento.

Aunque se sabía que su crecimiento es extremadamente lento, no fue hasta hace relativamente poco que los investigadores confirmaron que puede superar los 400 años de edad.

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De los 272 a los 500 años: la asombrosa longevidad del tiburón de Groenlandia

La estimación científica más sólida sobre la edad de esta especie proviene de un estudio publicado en 2016 en la revista Science por Nielsen y colaboradores. Mediante datación por radiocarbono del núcleo del cristalino ocular, los autores estimaron que el ejemplar más grande analizado, una hembra de aproximadamente cinco metros, tenía alrededor de 392 años. Esta cifra posiciona a la especie como el vertebrado con mayor longevidad confirmada.

El rango estimado para los individuos adultos más grandes oscila entre 272 y más de 500 años, considerando los márgenes estadísticos. Incluso el valor mínimo confirmado por los investigadores supera ampliamente la longevidad de la mayoría de peces marinos conocidos.

Otro aspecto clave es que alcanzan la madurez sexual extremadamente tarde. El mismo estudio estimó que las hembras no se reproducen hasta aproximadamente los 150 años de edad. Este dato, respaldado por análisis de tamaño corporal y desarrollo de su aparato reproductivo, refuerza la idea de un ciclo vital excepcionalmente lento.

¿Por qué viven tanto? Metabolismo bajo y el frío extremo como elixires de vida

Uno de los factores más relevantes es su metabolismo extremadamente bajo. Las aguas en las que vive esta especie suelen estar entre −1 y 4 °C. La teoría metabólica del envejecimiento sostiene que tasas metabólicas reducidas se asocian con menor producción de radicales libres y, por tanto, menor daño celular acumulativo. En organismos ectotermos (animales cuya temperatura interna depende de fuentes de calor externas) como los tiburones, la temperatura ambiental influye directamente en la velocidad de los procesos fisiológicos.

El crecimiento también es extraordinariamente lento, estimado en aproximadamente un centímetro por año. Este ritmo implica que un individuo de cinco metros ha necesitado varios siglos para alcanzar ese tamaño. Un desarrollo pausado suele correlacionarse con estrategias de vida tipo K, caracterizadas por baja fecundidad, madurez tardía y larga esperanza de vida.

Estudios sobre su genoma han sugerido posibles adaptaciones moleculares vinculadas a reparación del ADN, regulación del estrés celular y estabilidad proteica, aunque esta línea de investigación aún está en expansión. Si bien no existe una única “clave” genética identificada, la combinación de metabolismo bajo, ambiente frío, crecimiento lento y presiones ecológicas reducidas parece explicar su longevidad extrema.

Así confirmó la ciencia la longevidad del tiburón de Groenlandia

Determinar la edad de peces cartilaginosos como los tiburones suele hacerse mediante anillos de crecimiento en vértebras calcificadas. Sin embargo, en el tiburón de Groenlandia estas estructuras no presentan bandas anuales claras. Por ello, los investigadores recurrieron a una estrategia innovadora: analizar el núcleo del cristalino del ojo, una estructura formada durante el desarrollo embrionario que permanece metabólicamente inerte durante toda la vida.

Los científicos utilizaron la datación por radiocarbono, una técnica que mide la cantidad de carbono-14 en un tejido para estimar su edad. Este elemento se incorpora al cuerpo cuando el animal nace y se va desintegrando lentamente con el tiempo, lo que permite calcular cuántos años han pasado. Además, aprovecharon el llamado “bomb pulse”, un aumento global de carbono-14 causado por pruebas nucleares en los años 50 y 60. Ese pico quedó registrado en los organismos nacidos en esa época y sirvió como referencia para estimar con mayor precisión la edad de los tiburones.

La combinación de datación isotópica, análisis de tamaño corporal y modelos de crecimiento permitió construir la primera curva edad-longitud confiable para la especie. Este enfoque metodológico marcó un hito en biología marina y abrió nuevas líneas de investigación sobre envejecimiento en vertebrados de vida extremadamente larga.

El gigante frágil: las amenazas que acechan al tiburón de Groenlandia

A pesar de su extraordinaria longevidad, Somniosus microcephalus enfrenta amenazas significativas asociadas principalmente a actividades humanas. La más relevante es la captura incidental en pesquerías de aguas profundas del Atlántico Norte. Aunque no suele ser una especie objetivo, queda atrapado en redes de arrastre y palangres destinados a otras especies comerciales. Dado que alcanza la madurez sexual alrededor de los 150 años, la pérdida de individuos adultos tiene un impacto desproporcionado en la dinámica poblacional.

El cambio climático representa otra presión emergente. Esta especie está adaptada a aguas frías y relativamente estables del Ártico y subártico; el aumento de temperatura y las alteraciones en la circulación oceánica pueden modificar la disponibilidad de presas y su distribución geográfica. Además, el retroceso del hielo marino facilita la expansión de actividades industriales y pesqueras en zonas antes inaccesibles.

Por último, su longevidad extrema lo hace vulnerable a la bioacumulación de contaminantes persistentes como metales pesados y compuestos orgánicos industriales. Al vivir varios siglos, estos tiburones pueden acumular sustancias tóxicas durante toda su vida, con posibles efectos sobre su fisiología y reproducción. Su estrategia de crecimiento lento y baja tasa reproductiva implica que cualquier aumento sostenido de mortalidad podría requerir siglos para revertirse naturalmente.

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Bibliografía
  • Biton-Porsmoguer, S., Marco-Miralles, F., & Bouchoucha, M. (2024). Mercury levels in tissues (cartilage, skin, and muscle) of the Greenland shark (Somniosus microcephalus): Potential contamination sources and implications for health and conservation. Polar Science, 42, 101079.
  • Nielsen, J., Hedeholm, R. B., Heinemeier, J., Bushnell, P. G., Christiansen, J. S., Olsen, J., ... & Steffensen, J. F. (2016). Eye lens radiocarbon reveals centuries of longevity in the Greenland shark (Somniosus microcephalus). Science, 353(6300), 702-704.
  • Sahm, A., Cherkasov, A., Liu, H., Voronov, D., Siniuk, K., Schwarz, R., ... & Hoffmann, S. (2024). The Greenland shark (Somniosus microcephalus) genome provides insights into extreme longevity. BioRxiv, 2024-09.
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