El zoo le quita su peluche a Punch por higiene y su reacción hace que las redes se vuelquen con él
Punch agita de nuevo las redes, y con razón: le han arrancado su peluche porque estaba demasiado sucio. De golpe. Sin preparación previa. Vuelve a sentir el abandono al despojarle de su “lugar seguro”, su mejor amigo, el peluche que le consolaba cuando otros lo rechazaban. Y nuestros corazones han vuelto a romperse al ver su desesperada reacción.
En las imágenes, que ya se han vuelto virales, se observa al pequeño macaco japonés ignorando por completo al nuevo peluche. En su lugar, se lanza al cuidador para recuperar su viejo orangután, estirando los brazos.
Punch abandonado de nuevo: así ha sido su reacción tras quitarle a su mejor amigo
Para muchas personas, era un trozo de tela sucio, pero para Punch era su lugar seguro. Tras ser rechazado por su madre al nacer en el Zoológico de Ichikawa, este peluche se convirtió en su refugio.
En primates huérfanos como Punch es habitual utilizar lo que los expertos llaman “objetos de apego transicional”, muy utilizados también en niños. Aunque para nosotros pueda resultar antihigiénico dejar que continúe abrazando a un peluche sucio, está totalmente impregnado del olor de Punch, que es lo que necesita para sentirse seguro y protegido.
El nuevo y reluciente peluche no es “su amigo”, es un desconocido y por eso Punch corre a buscar a su viejo y sucio orangután. Esta persecución ha reabierto el debate sobre si realmente se están tratando a los animales que viven en cautividad, como Punch, como seres con emociones o como meros objetos de exhibición.
El peligro de retirar un objeto de apego: ¿qué dicen los expertos?
La sustitución brusca de un objeto de apego ha sido calificada como un error tanto por etólogos como por psicólogos. En psicología humana, se utilizan en niños como puentes para gestionar la ansiedad. En estos casos, los expertos recomiendan retirarlos de forma gradual o cuando se pierde el interés, lo que significa que ya no es necesario.
En animales, y específicamente en primates, al lavarlo o cambiarlo de golpe, se elimina la huella sensorial y el olor, por lo que es habitual que el animal lo perciba como una pérdida de identidad y seguridad.
La ciencia, basándose en los históricos estudios de Harry Harlow, demuestra que los monos huérfanos pueden encontrar consuelo y refugio en objetos como un peluche. Al quitarle ese contacto de forma imprevista, el zoo ha sometido a Punch a un estado de estrés innecesario. Lo ideal, según los protocolos de bienestar, había sido una transición gradual, introduciendo el nuevo peluche junto al viejo para que se impregnara de su olor y Punch lo aceptara.
De las redes a la acción: el clamor por el traslado de Punch a un santuario
El impacto de todos los vídeos de Punch ha movilizado a grandes organizaciones, como PETA Asia, quien emitió un comunicado solicitando el traslado del pequeño macaco a un santuario. La organización ha sido tajante y deja claro que “los zoológicos no son santuarios; son lugares donde los animales están confinados, privados de autonomía y privados de los complejos entornos y la vida social que tendrían en la naturaleza”.
Por ello, “insta al Zoológico de la Ciudad de Ichikawa a que haga lo correcto por Punch y lo transfiera a un santuario de buena reputación, donde pueda vivir en un entorno más natural con espacio, privacidad y la oportunidad de formar vínculos sociales adecuados”.
La “trampa” de la viralidad: aumentan las visitas al zoo y los expertos advierten sobre el mascotismo
Empatizamos con el sufrimiento de Punch y compartimos sus vídeos para intentar “salvarlo”, pero lo que no vemos es que esa misma viralidad puede ser un arma de doble filo. A raíz de la popularidad de Punch, el zoo en el que se encuentra está recibiendo muchísimos visitantes que quieren verlo, y esto se traduce en un notable aumento de sus ingresos.
Centros especializados como la Fundación Rainfer aportan una visión necesaria de responsabilidad frente a la viralidad. Advierten del “efecto rebote” que este tipo de vídeos puede generar: se genera un beneficio económico que podría generar que el animal siga en esa situación, en ese mismo lugar.
Además, Rainfer alerta sobre el riesgo de alimentar el mascotismo. Comentarios como “estaría mejor en una casa” pueden reforzar la idea de que un primate puede estar mejor viviendo con humanos e impulsar el tráfico ilegal. De hecho, han salido a la luz casos en los que se ofrecen miles de dólares por el mono Punch.
Como insisten desde Rainfer, “la mejor forma de ayudar a los primates no siempre es amplificar un vídeo viral, sino promover una reflexión crítica” y apoyar iniciativas como la de PETA Asia.
El dilema ético: ¿hasta dónde llega nuestra responsabilidad?
Más allá de la forma de gestionar el vínculo de Punch con su peluche y de su introducción al grupo, la historia de este pequeño macaco nos obliga a mirar hacia nuestra propia responsabilidad, que es justamente en lo que insisten fundaciones como Rainfer al decir: “Hay que difundir estas reflexiones para combatir el tráfico ilegal y defender que los primates no son mascotas”. Los animales como Punch viven en esas condiciones porque hay personas que lo apoyan visitando los zoológicos.
Si no existiera la demanda, este tipo de instituciones no tendrían los incentivos necesarios para mantenerlos encerrados. Por tanto, uno de los verdaderos cambios para Punch, y para los miles de animales en situaciones parecidas, empieza por una reflexión: ¿debemos seguir apoyando la existencia de lugares donde la vida salvaje se convierte en un producto de exhibición?
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