¿Es buena idea sacar a pasear a tu gato? Los veterinarios advierten de los riesgos: “Puede traer problemas de conducta”

 
Por Eva López, Editora Sénior. 24 febrero 2026
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Tendemos a pensar que es injusto mantener a los gatos de por vida encerrados entre cuatro paredes, con las ventanas o el balcón como única forma de conocer el mundo exterior. En este punto, muchas son las personas que se plantean sacar a sus gatos a pasear con correa, pero, ¿es esto realmente una buena idea?

Veterinarios y etólogos coinciden en una advertencia clara: aunque es posible, sacar a pasear a un gato no es un juego ni una moda, y si se hace mal, las consecuencias psicológicas para el animal pueden ser graves.

Porque no es como pasear a un perro: “El gato se siente vulnerable”

Es un error habitual pensar que un gato es “un perro pequeño que maúlla”. Sin embargo, sus orígenes biológicos son totalmente opuestos. Para los perros, el paseo es una actividad que va más mucho más allá de hacer sus necesidades: es conexión con su humano, exploración y socializar con otros perros. El gato, en cambio, necesita tener un control total de su territorio. Si no se le acostumbra desde pequeño, imponerle una correa y salir a pasear puede suponer una experiencia muy estresante.

Como explica Jaume Fatjó, veterinario y etólogo especializado en felinos, uno de los principales problemas que presenta el uso de la correa en los gatos es que no se cumple uno de los elementos más importantes de la conducta felina: “el sentido de agencia”, que básicamente “quiere decir que el animal puede decidir lo que hace en cada momento”. Al ir atado, si detecta un estímulo que no le interesa o se siente incómodo, no tiene la libertad de salir huyendo a casa, a su lugar seguro, y esto genera frustración y ansiedad.

Víctor Algra, también veterinario, refuerza esta idea: “Hay gente que todavía piensa que un gato es un perro pequeño, pero estos paseos pueden ser más estresantes que divertidos”.

Además, los gatos son sociales facultativos. Como explica Carlos Rodríguez, veterinario del canal de YouTube Mascotas y Familias Felices, en la naturaleza forman colonias, especialmente las hembras para criar, pero su sociabilidad está vinculada a la abundancia de recursos y a un territorio conocido. Fuera de su territorio, los gatos desconocidos no son precisamente “amigos”. Y así lo explica el experto: “Tu gato no saldrá a la calle y saludará a otro gatito con la pata para jugar, lo más probable es que sea visto como un intruso, se producirán situaciones estresantes donde uno atacará y otro defenderá su zona”.

Por tanto, la gran diferencia con el perro es que el gato no suele encontrar seguridad en el grupo cuando está fuera de su entorno. Para un felino, un espacio nuevo es sinónimo de vulnerabilidad.

Los riesgos principales según los veterinarios

La calle no es solo estresante, puede ser peligrosa para su integridad física si no se tienen en cuenta las medidas de seguridad oportunas. El veterinario Carlos Rodríguez destaca que la esperanza de vida de un gato con acceso al exterior sin supervisión ni control puede reducirse a la mitad debido a los peligros que ellos no pueden gestionar. “Existen enfermedades como la inmunodeficiencia felina que se transmiten por zarpazos, o parásitos como los coccidios que pueden contraer al beber de un charco”, advierte Rodríguez.

Por ello, abrir la puerta para que el gato salga a pasear sin vigilancia no es la mejor idea. ¿Es mejor sacarlo con correa? Ya hemos visto que tampoco es una solución universal, según los expertos. Para un gato, la calle es un bombardeo de olores, ruidos y seres extraños que pueden no llevar nada bien. Como apunta Manuel Manzano, veterinario del canal de YouTube Veterinario Gratis, ese “exceso de información sensorial” puede derivar en un bloqueo y “estrés muy importante”.

Si el gato no está habituado, entrará en lo que los expertos llaman “un estado de pánico agudo”: intentará zafarse del arnés a toda costa, pudiendo lesionarse, perderse o, por el miedo que siente, atacar a su propio tutor.

Cuando sí es bueno salir: el perfil del gato “explorador”

¿Significa todo esto que está prohibido sacar a un gato a pasear? No, pero los expertos insisten en que depende del gato y de cómo lo sacamos. La educadora felina Laia Salvador, de Dos Adiestramiento Gatos, subraya que lo primero es evaluar si el gato realmente tiene interés: “Hay muchos gatos que no tienen ningún interés en salir; a esos, no los sacamos”, afirma.

El perfil apto suele ser un gato “valiente y explorador”, con confianza y que no se bloquea ante estímulos nuevos. Sin embargo, para que un gato adulto disfrute de la calle, lo ideal es haber iniciado el proceso cuando aún es un cachorro.

Esto tiene una explicación científica: entre las 2 y las 9 semanas de vida, aproximadamente, los gatos experimentan su periodo crítico de socialización. Lo que aprendan y vivan de forma positiva en este tiempo quedará grabado como parte de su mundo seguro. Si un cachorro se acostumbra al arnés y a los estímulos del exterior de forma gradual, será un adulto capaz de disfrutar paseando con correa. En cambio, un gato que siempre ha vivido en casa y sale por primera vez siendo ya adulto, es muy probable que interprete el mundo exterior como un entorno hostil. Aunque, por supuesto, hay excepciones y, por eso, los expertos recomiendan conocer a nuestros gatos antes de aventurarnos a salir.

Además de tener en cuenta la edad, si decides intentar sacar a pasear a tu gato, la regla de oro de Víctor Algra es clara: “En los paseos, ellos mandan; la correa no es para llevarles de un sitio a otro, nos pasean ellos a nosotros”.

Arnés, mochila y calma: lo que nunca debes olvidar antes de salir de casa

Si tu gato encaja en el perfil adecuado, o es todavía cachorro, el éxito depende de una introducción lenta. Los expertos coinciden en que la calle nunca debe ser el primer paso, de manera que el entrenamiento empieza en casa. Laia Salvador y Víctor Algra recomiendan habituar al gato al arnés mediante refuerzo positivo, asociándolo con sus chuches favoritas.

Una vez que el gato se mueve con naturalidad, el exterior debe abordarse con una mochila de transporte como “base de operaciones”. Laia Salvador destaca que esta bolsa no es solo para el trayecto, sino un refugio seguro desde el cual el gato puede observar el entorno sin sentirse expuesto. El lugar también es clave: “Vamos a hacerlo en un sitio tranquilo, como un jardín privado, no a la Gran Vía”, insiste Algra. La idea es ofrecer estímulos controlados en horarios de poco ruido, permitiendo que sea siempre el felino quien decida cuándo salir de su mochila y cuándo volver a ella.

Por último, ambos subrayan que jamás hay que forzar al gato. Si no quiere salir, es fundamental respetarlo.

El error común: “Mi gato ya sale, no necesita jugar en casa”

Muchos tutores creen erróneamente que el paseo sustituye el enriquecimiento ambiental, pero los expertos advierten que esto puede generar problemas de conducta por frustración.

Carlos Rodríguez explica que los gatos en casa mantienen la neotenia (carácter de juego de cachorros) porque se sienten seguros: “Si nuestro gato es un animal explorador, tenemos que darle opciones dentro de casa: recovecos, zonas por donde se mueva... emular esa posibilidad de exploración”.

Jaume Fatjó concluye con una reflexión clave: “Cuando tú cierras la puerta no pasa nada porque el territorio sea pequeño, pero tienes que esforzarte más en que aquel territorio tenga mucho valor y sea entretenido”. El éxito no está en los 20 minutos de paseo, sino en las 23 horas restantes dentro del hogar.

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