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Los veterinarios coinciden: los dueños de gatos tienen hasta un 68% menos de probabilidad de desarrollar asma

 
Alejandro Lingenti
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 4 junio 2026
Los veterinarios coinciden: los dueños de gatos tienen hasta un 68% menos de probabilidad de desarrollar asma
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La relación entre los gatos y el asma es más compleja de lo que suele sugerir cualquier titular. Durante mucho tiempo, los felinos fueron señalados como posibles desencadenantes de alergias respiratorias.

Y es cierto: en personas sensibilizadas, los alérgenos presentes en la caspa, la saliva y la orina del gato pueden agravar la rinitis, la tos, las sibilancias o las crisis asmáticas.

Sin embargo, una línea creciente de investigaciones médicas apunta en otra dirección: convivir con animales desde edades tempranas podría asociarse, en determinados contextos, con un menor riesgo de desarrollar asma.

El dato más llamativo procede de un estudio publicado en PLOS ONE bajo el título "Exposure to dogs and cats and risk of asthma". Los investigadores analizaron datos de más de 4.300 personas en Japón y observaron que el 5,6% de quienes habían tenido gato desarrollaron asma, frente al 13,5% de quienes no habían convivido con gatos.

En términos simples, eso supone una reducción relativa cercana al 60%. El trabajo también calculó que quienes no habían tenido gato presentaban una odds ratio de 2,24 de desarrollar asma frente a quienes sí habían convivido con uno.

Conviene aclarar algo importante: hablar de "hasta un 68% menos" puede funcionar como síntesis periodística si se toma como reducción máxima observada en algunos análisis, pero no debe presentarse como una regla universal.

La cifra directamente verificable en el estudio de PLOS ONE se mueve más cerca del 55%-60%, según se calcule a partir del riesgo relativo crudo o de la odds ratio ajustada. Por eso, la forma más rigurosa de plantearlo es que tener gato podría asociarse con un riesgo sensiblemente menor de desarrollar asma, aunque el efecto depende del estudio, la edad de exposición y el perfil alérgico de cada persona.

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Por qué convivir con gatos podría proteger frente al asma

La explicación más aceptada no tiene que ver con una supuesta propiedad curativa de los gatos, sino con el modo en que el sistema inmunitario se desarrolla. La exposición temprana a animales puede modificar el microbioma del hogar y del propio niño. Esa convivencia introduce una mayor diversidad de microorganismos ambientales, lo que podría ayudar al sistema inmune a madurar de manera más equilibrada.

El estudio de PLOS ONE menciona precisamente esta posibilidad: vivir con perros o gatos se ha asociado con cambios en el perfil microbiano del entorno doméstico y con una mayor exposición a endotoxinas bacterianas, elementos que podrían modular la inflamación y reducir la tendencia a ciertas enfermedades alérgicas.

Esta idea conecta con una hipótesis ampliamente discutida en inmunología: los niños que crecen en entornos demasiado pobres desde el punto de vista microbiano podrían tener más riesgo de desarrollar respuestas alérgicas. No se trata de defender la falta de higiene, sino de comprender que el sistema inmune necesita estímulos diversos para aprender a distinguir entre amenazas reales y sustancias inofensivas.

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La ciencia encuentra un posible beneficio inesperado de crecer con perros o gatos

Otro trabajo importante, publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, encontró que la exposición a perros o gatos desde el nacimiento se asociaba con menor prevalencia de asma en niños con una variante genética concreta de alto riesgo.

En ese estudio, la convivencia temprana con mascotas se vinculó con una reducción significativa del riesgo en niños con el genotipo rs7216389 TT, uno de los perfiles genéticos relacionados con mayor susceptibilidad al asma infantil.

La conclusión es importante: no todas las personas responden igual. La genética, el tipo de vivienda, la cantidad de alérgenos, la edad de exposición y la existencia previa de sensibilización al gato pueden cambiar por completo el resultado.

También hay investigaciones que no encuentran un efecto protector claro. Un estudio internacional publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology concluyó que la tenencia temprana de perros y gatos no parecía aumentar por sí sola el riesgo de asma escolar, aunque sí podía interactuar con la sensibilización alérgica específica.

Los alergólogos lanzan una advertencia: convivir con un gato no siempre protege frente al asma

La advertencia médica es imprescindible. Para una persona ya alérgica al gato, convivir con uno puede empeorar la rinitis, la tos, las sibilancias o las crisis asmáticas.

La American Academy of Allergy, Asthma & Immunology recuerda que las proteínas presentes en la caspa, la saliva y la orina de las mascotas pueden provocar reacciones alérgicas o agravar el asma en algunas personas.

La Mayo Clinic, por su parte, explica que la caspa de perros y gatos es especialmente problemática porque sus partículas son muy pequeñas, pueden permanecer suspendidas en el aire y adherirse con facilidad a muebles, ropa y alfombras.

La conclusión no debe ser "tener gato cura el asma". La evidencia científica apunta a algo más matizado: en algunos contextos, especialmente cuando la exposición ocurre temprano y no existe una sensibilización alérgica previa, convivir con gatos podría asociarse con menor riesgo de desarrollar asma. En personas alérgicas, en cambio, el gato puede actuar como desencadenante.

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La ciencia identifica los tres factores que cambian la relación entre gatos y asma

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos señala que las mascotas con pelo pueden provocar ataques de asma si la persona es alérgica. En esos casos recomiendan evitar que el animal entre en el dormitorio, usar filtros HEPA, lavar al animal y reducir la acumulación de alérgenos en casa.

La American Lung Association también resume bien el dilema: algunos estudios en niños pequeños muestran menor riesgo de asma con exposición temprana a ciertos alérgenos de mascotas, pero esos mismos alérgenos pueden agravar el asma en niños ya sensibilizados.

En síntesis, los gatos no son buenos ni malos para el asma en términos absolutos. La ciencia actual sugiere que el momento de la exposición, la predisposición genética y la sensibilización individual son factores decisivos.

Para familias sin antecedentes graves de alergia, la convivencia temprana con mascotas podría formar parte de un entorno inmunológico más diverso. Para personas con asma alérgica diagnosticada, cualquier decisión debe consultarse con un alergólogo o un neumólogo.

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