Los veterinarios coinciden: “Los huesos de jamón que muchos dan a sus perros pueden causar obstrucciones intestinales”
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Se venden en tiendas de alimentación para animales, están envasados y suelen presentarse como un snack “seguro”: son los típicos huesos de jamón que muchos ofrecen a sus perros a modo de premio natural. Sin embargo, los veterinarios advierten de que no son tan inofensivos como parecen.
La veterinaria María Sanz, llamada en redes sociales María Vetican, es clara y contundente con este tema: “No le des a tu perro los huesos de jamón deshidratados que venden envueltos en tiendas de animales”. Y esta no es una opinión aislada. En consulta veterinaria se repiten constantemente los casos con problemas digestivos asociados a este tipo de productos: desde estreñimientos hasta obstrucciones intestinales que requieren intervención urgente.
El problema, según los expertos, está en el proceso de deshidratación, que altera la estructura del hueso y lo convierte en un material mucho más duro y potencialmente peligroso para el sistema digestivo de los perros.
Los huesos de jamón no son tan seguros como parecen: el motivo por el que los veterinarios los desaconsejan
Aunque puedan parecer un snack natural, los huesos de jamón deshidratados no se comportan como un hueso crudo y “fresco”. Durante el proceso de secado, su estructura cambia, volviéndose más rígida y quebradiza. La veterinaria María Vetican lo resume así: “Con el secado la estructura del hueso cambia, se astilla y se digiere peor”.
Ese cambio es clave. Cuando el perro mastica ese tipo de huesos, no siempre consigue romperlo en fragmentos seguros. En muchos casos, se generan trozos duros y afilados o el animal ingiere cantidades demasiado grandes de hueso sin masticarlo adecuadamente.
Además, estos huesos suelen contener niveles elevados de sal y un aporte de calcio excesivo. Como advierte María Vetican, “es un aporte de calcio y sal extra totalmente innecesarios”.
Desde el punto de vista veterinario, no es un alimento equilibrado, sino un producto muy difícil de digerir, incluso para los perros de talla gigante.
Los problemas digestivos que pueden provocar estos huesos en los perros
El principal riesgo asociado a la ingesta de este tipo de huesos es la obstrucción intestinal por acumulación de restos óseos que el organismo no consigue digerir ni expulsar. Esto no solo puede derivar en síntomas como estreñimiento severo, sino también en mucho dolor en la zona abdominal e incluso acabar en una intervención quirúrgica urgente.
La veterinaria María explica que esto sucede porque el hueso y el calcio ingeridos se van acumulando en el colon, formando una masa difícil de eliminar. El resultado es que el perro tiene muchas dificultades para defecar o que directamente no consigue hacerlo. En estos casos, es habitual observar que las heces del perro son de color blanco.
En los casos más graves, esta situación no se limita al estreñimiento. La irritación del tracto intestinal puede evolucionar y provocar lesiones en la mucosa o inflamación del colon. Cuando esto ocurre, el perro puede presentar diarreas con sangre.
Además, las investigaciones veterinarias también advierten de que este tipo de huesos puede aumentar el riesgo de lesiones más graves, como microperforaciones o daños en la pared intestinal.
Qué hacer si tu perro ya ha comido hueso de jamón, según los expertos
Si el perro ya ha comido hueso de jamón deshidratado, lo más importante es observarlo. No todos los casos evolucionan a complicaciones graves, pero es fundamental vigilar al perro por si manifestara algún síntoma.
Los signos de alerta que requieren atención veterinaria inmediata incluyen:
- Vómitos que se repiten.
- Estreñimiento o no poder defecar.
- Dolor abdominal que se manifiesta adoptando una postura encorvada o mediante gemidos.
- Diarrea con sangre.
- Pérdida de apetito o apatía.
La veterinaria María Vetican insiste en la idea de prevenir esta situación no dando al perro estos huesos, ya que, en muchos casos, los problemas aparecen después de un consumo aparentemente “normal”. Es decir, no siempre es necesario que el animal se coma el hueso entero para manifestar signos clínicos.
En caso de presentar alguno de los síntomas mencionados, es posible que la primera reacción sea la de inducir el vómito para que el animal expulse los fragmentos de hueso. Sin embargo, los veterinarios alertan de los peligros de hacer esto en casa: los fragmentos óseos pueden causar más daño al ascender por el tracto digestivo. Por eso, lo más recomendable es acudir inmediatamente a la clínica veterinaria.
Las alternativas más seguras que recomiendan los veterinarios
Que los huesos de jamón deshidratados no se recomienden no significa que no haya huesos que los perros sí puedan comer. Existen alternativas totalmente seguras que los veterinarios recomiendan para favorecer la masticación y entretener a los perros.
Una de las alternativas mejor valoradas por los veterinarios es el hueso de rodilla de ternera crudo. Bien utilizado, puede ser una opción ideal. Veterinarios especializados en nutrición canina, como la propia María Vetican, Adrián Conde o Alba Pérez, aconsejan congelarlo previamente durante unos días y descongelarlo antes de dárselo al perro. Además, los expertos coinciden en que estos huesos deben darse durante unos pocos minutos y siempre bajo supervisión. La idea no es que el perro se coma todo el hueso de golpe, sino que lo use como un elemento recreativo durante un tiempo limitado y controlado. Por eso, los veterinarios los llaman “huesos recreativos”.
Las patas de pollo crudas son otra opción totalmente válida. En este caso, los expertos también recomiendan congelarlas previamente y ofrecerlas de forma controlada.
Por otro lado, existen opciones deshidratadas que los veterinarios sí consideran seguras y sanas para los perros. Entre ellas destacan los tendones, orejas o nervios. Estos snacks cumplen una función importante: mantener al perro entretenido mientras mastica sin que ello pueda suponer un riesgo para su salud digestiva. En palabras de los veterinarios, “es una estimulación mental maravillosa”.
Dentro de este grupo, uno de los más recomendados es el nervio de toro, que destaca por su buena tolerancia en la mayoría de los peros. Es una alternativa natural y fácil de digerir.
En general, la clave que subrayan los expertos es priorizar productos lo menos procesados posible y adaptados al tamaño y forma de masticación de cada perro, evitando siempre aquellos que puedan fragmentarse con facilidad o generar acumulaciones en el sistema digestivo.
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