Educación básica

Patricia, educadora canina: “Los perros no intentan dominar a sus dueños, por eso educarlos no consiste en demostrar quién manda”

 
Sebas Pascual
Por Sebas Pascual. 4 agosto 2026
Patricia, educadora canina: “Los perros no intentan dominar a sus dueños, por eso educarlos no consiste en demostrar quién manda”
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Durante años se han repetido muchos mantras sobre la educación de los perros. Se cuestionaba la idea de que durmieran en la cama con sus tutores, que comieran a la misma hora que las personas o que fueron los primeros en cruzar la puerta. Una serie de normas asociadas a la necesidad de mostrar quien manda en casa, que cada vez más profesionales del ámbito animal empiezan a cuestionar.

Patricia, educadora canina, asegura que muchas de estas creencias proceden del conocido mito de la dominancia, una teoría que ha condicionado la educación de los perros durante décadas y que, según explica, no refleja cómo funciona realmente la relación entre un perro y su familia.“Las personas llevan años poniendo límites a sus perros de forma equivocada. Todo lo que se ha dicho siempre es completamente falso”, asegura.

Los perros no quieren dominar a nadie, es su comportamiento natural

Para Patricia, uno de los mayores problemas de la educación canina es seguir interpretando comportamientos naturales como si fueran una lucha de poder.

Cuando el perro busca el contacto con su tutor, dormir cerca de él, seguirle por casa o querer estar acompañado no significa que quiera convertirse en el líder del hogar. “El perro es un animal social y este tipo de conductas forman parte de su forma natural de relaciones con quienes consideran su familia”, añade Patricia.

La educadora también desmonta otra idea muy extendida: pensar que un perro que no soporta quedarse solo está “malcriado”. Según explica, en muchos casos ocurre justo lo contrario. “El animal no está intentando manipular a nadie, sino que todavía no ha aprendido a gestionar la separación y desarrolla un apego inseguro que le impide afrontar esos momentos con tranquilidad.

Por eso insiste en que, antes de pensar que el perro desafía constantemente a sus tutores, conviene preguntarse si realmente dispone de las herramientas necesarias para gestionar sus emociones, ya que un perro se guía por el comportamiento de las personas.

Dormir en la cama o comer antes que tú no determina quién manda en casa

Una de las creencias más repetidas durante años es que determinadas normas ayudan a demostrar al perro quién ocupa el rango más alto dentro de la familia.

No dejarle subir al sofá o a la cama, obligarle a comer siempre después de las personas o impedir que cruce una puerta antes que sus tutores son algunos de los ejemplos más conocidos.

Sin embargo, Patricia explica que ninguna de estas acciones convierte a un perro en más obediente ni modifica una supuesta jerarquía entre personas y animales.

Eso no significa que los límites no sean importantes. Todo lo contrario. La convivencia necesita normas, pero esas normas deben tener un sentido para el perro y enseñarse de forma coherente.

En su opinión, un perro puede dormir perfectamente en la cama con sus tutores y seguir siendo un animal equilibrado, respetuoso y capaz de convivir sin problemas. Lo importante no es dónde duerme o quién pasa primero por una puerta, sino la educación que recibe cada día.

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Los métodos basados en la dominancia pueden aumentar la inseguridad de tu perro

Patricia también advierte sobre algunas prácticas que todavía hoy siguen utilizándose para intentar corregir los problemas de comportamiento.

Entre ellas menciona inmovilizar al perro boca arriba para hacerlo sumiso o forzar determinadas situaciones con otros perros creyendo que así aprenderá a relacionarse mejor.

Según explica, “este tipo de actuaciones no solucionan el problema” y, en muchos casos, solo consiguen aumentar el estrés, la tensión y la inseguridad que padece el animal.

Cuando un perro salta continuamente sobre las personas, no sabe quedarse solo, se pone nervioso durante los paseos o reacciona de forma intensa ante otros perros, la solución no pasa por dominarlo, sino por enseñarle a gestionar mejor sus emociones.

Para conseguirlo, Patricia apuesta por crear rutinas estables, trabajar la calma, reforzar las conductas adecuadas y ayudar al perro a desarrollar herramientas para afrontar la frustración de manera progresiva.

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Un sencillo ejercicio para enseñar a tener paciencia y autocontrol

Como ejemplo, Patricia comparte un ejercicio que puede realizarse durante la rutina diaria de alimentación y que, según explica, trabaja tres aspectos fundamentales: la espera, la tolerancia a la frustración y la autorregulación emocional.

La dinámica consiste en preparar el cuenco con la comida habitual del perro y mostrárselo antes de colocarlo en el suelo. A partir de ese momento, el tutor comienza a bajar lentamente el recipiente.

Si el perro intenta abalanzarse sobre la comida, el cuenco vuelve a subir sin decir ninguna palabra ni darle ninguna orden. El proceso se repite tantas veces como sea necesario hasta que el animal permanece tranquilo mientras el recipiente desciende.

Solo cuando espera con calma, el cuenco llega al suelo y el perro puede empezar a comer.

Patricia aclara que este ejercicio no pretende enseñar obediencia. Su objetivo es que el perro aprenda a controlar sus impulsos por sí mismo y desarrolle una mayor capacidad para gestionar la frustración.

Además, recomienda realizarlo de manera individual cuando conviven varios perros en casa, evitando que la competencia por la comida interfiera en el aprendizaje.

Para la educadora, la clave de una buena convivencia no está en demostrar quién manda, sino en enseñar al perro qué se espera de él mediante normas claras, constancia y respeto. Porque, como concluye, un perro puede querer profundamente a su familia, dormir a su lado y seguir teniendo límites perfectamente establecidos.

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