Los veterinarios están de acuerdo: “Para evitar que un gato muerda, hay que acariciarlo en la cabeza o las mejillas y hacer pausas breves”

 
Por María Besteiros, ATV y peluquera canina/felina. 12 octubre 2026

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A día de hoy todavía circula el mito de que los gatos son animales independientes, solitarios y poco cariñosos. Pero no es cierto. Al contrario, los gatos pueden ser muy cariñosos y apegados a sus cuidadores, aunque una mayor o menor sociabilidad va a ser una característica individual, en función de experiencias y genética, más que el rasgo significativo de toda una especie.

También es importante el manejo: conocer cómo se comportan los gatos y respetar sus necesidades, ritmos y tiempos favorece la creación de un vínculo seguro con los humanos. En otras palabras, si el cuidador sabe cómo tratar a su gato, su conducta será mejor. Y hay estudios al respecto.

Un estudio demuestra que respetar los límites del gato mejora la interacción con las personas

Como hemos dicho, los gatos pueden llegar a ser muy cariñosos, pero, para favorecer su apego es importante que los cuidadores se informen bien de cómo deben tratarlos. Es decir, si queremos establecer una buena relación con nuestro gato y que se muestre cariñoso con nosotros, el primer paso es entender su comportamiento y, el segundo, respetar sus necesidades.

En esta línea puede ayudarnos un estudio realizado con 120 personas y 114 gatos en un centro de adopción. Cada persona debía interactuar con tres gatos sin ninguna indicación. Después se les daban instrucciones sobre cómo acariciarlos y volvían a interactuar con otros tres ejemplares. Estas instrucciones eran las siguientes:

  • Dejar que el gato elija y controle la situación.
  • Fijarse en su lenguaje corporal.
  • Vigilar dónde y por cuánto tiempo se le toca.

Los gatos buscan más el contacto cuando pueden decidir cuándo recibir caricias

Los resultados del estudio ponen en el centro que la clave de una buena relación con nuestro gato está en el respeto a sus tiempos. Esto es así porque lo que se observó fue que, tras las indicaciones, la conducta de los gatos fue más amistosa y con menos señales de incomodidad o agresividad. ¿Cómo se explican estos resultados?

En principio, la clave está en que, después de recibir información, las personas tocaban a los gatos por menor tiempo. Dicho de otra manera, permitir que sea el gato quien escoja cuándo comienza y cuándo finaliza el contacto físico, va a mejorar su conducta. De hecho, en el estudio se apreció que, aunque las personas tocaban menos a los gatos, estos se restregaban y frotaban más contra ellos.

Igualmente, hay zonas más sensibles que los gatos no suelen querer que les manipulen. Si lo hacemos, el resultado puede ser un zarpazo o un mordisco. Hay que conocer y saber identificar las señales que el gato emite antes de lanzar un ataque. Mover la punta de la cola con rapidez, girar las orejas hacia los lados o poner el cuerpo en tensión son indicios de que el gato ya no está cómodo y es mejor parar de tocarlo y dejarlo tranquilo.

Así debes acariciar a tu gato para que disfrute del contacto y no se sienta incómodo

La recomendación de los veterinarios, en relación al estudio que hemos mencionado, es acariciar al gato en la cabeza, haciendo pausas breves. Las mejillas, la base de las orejas y el mentón suelen ser zonas que los gatos aceptan con agrado que les toquemos. Al contrario, la barriga o las patas pueden ser sensibles para muchos ejemplares, que suelen mostrar incomodidad al contacto.

No hay que olvidar que cómo establecemos el contacto físico con el animal determina su reacción. Si nos pasamos o tocamos donde no debemos, el gato puede tensarse, marcharse abruptamente o incluso llegar a morder o arañar, sobre todo cuando todavía no tenemos demasiada confianza con él o no sabemos interpretar sus señales de incomodidad.

Lo mejor es acercar la mano y esperar a ver su reacción. Si se aproxima, la huele o se frota contra ella, podemos acariciarlo en las zonas mencionadas, pero durante poco tiempo. Es mejor parar y que sea el propio gato el que pida más, acercándose o dando toques a nuestra mano. En cambio, si se separa, no debemos forzar otro contacto.

Cabe recordar lo que permite inferir el estudio: menos puede ser más. Respetando al gato, es más fácil conseguir que este se muestre más cariñoso con nosotros. Además, hay que vigilar el momento en el que se toca, pues no conviene molestarlo cuando está comiendo o usando el arenero. Tampoco debemos “atraparlo” en un abrazo porque le quitamos el control, la posibilidad de terminar el contacto cuando lo desee.

Por cierto, este tipo de interacciones nos pueden dar información sobre su salud: si notamos que se aparta al acariciarle una zona que antes manipulábamos sin problema, podríamos estar ante un dolor que conviene que valore el veterinario.

En conclusión, el vínculo con nuestro gato mejora con un buen manejo, lo que incluye respetar sus tiempos y permitir que sea él quien se acerque y determine la duración de los contactos. Acariciarlo cuando quiera, en zonas cómodas para él y haciendo pausas para que decida si seguir o si marcharse evita reacciones de agresividad y fortalece nuestra relación.

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Bibliografía
  • Haywood, C. et al. (2021): “Providing Humans With Practical, Best Practice Handling Guidelines During Human-Cat Interactions Increases Cats' Affiliative Behaviour and Reduces Aggression and Signs of Conflict”. Front. Vet. Sci. 8. Disponible en https://www.frontiersin.org/journals/veterinary-science/articles/10.3389/fvets.2021.714143/full
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