Los veterinarios lo tienen claro: así puedes ayudar a la fauna salvaje tras un incendio sin ponerla en peligro
Los incendios forestales no solo arrasan árboles y viviendas. También destruyen el hogar de miles de animales silvestres que, tras el paso de las llamas, se enfrentan a un escenario extremo: escasez de agua, falta de alimento, pérdida de refugios y un mayor riesgo de depredación.
En España, donde cada verano lamentablemente se queman miles de hectáreas, la recuperación de estos ecosistemas depende tanto de la naturaleza como de las actuaciones de los equipos de emergencia y de la colaboración ciudadana.
Y cada vez son más los veterinarios y especialistas en fauna que insisten en que cualquier ayuda debe realizarse con criterio científico. El veterinario Tomás Palomares subió a Instagram un vídeo que contiene una de las recomendaciones más importantes: instalar puntos de agua y alimento en lugares protegidos y alejados de carreteras o zonas con presencia humana puede facilitar la supervivencia de muchos animales durante las primeras semanas posteriores al incendio.
Cuidado: no toda intervención resulta beneficiosa. Alimentar de forma inadecuada, manipular animales aparentemente abandonados o acceder a áreas restringidas puede empeorar la situación. El objetivo siempre debe ser ayudar a la fauna a recuperarse sin alterar sus comportamientos naturales.
El agua se convierte en el recurso más urgente
Tras un incendio, el agua suele ser el recurso más difícil de encontrar para la fauna. Muchas charcas desaparecen, los arroyos se contaminan con cenizas y el suelo pierde temporalmente su capacidad para retener humedad. Como consecuencia, mamíferos, reptiles, aves e insectos deben recorrer distancias mucho mayores para hidratarse, aumentando el riesgo de morir por agotamiento o de cruzar carreteras y zonas urbanizadas.
Por ello, los veterinarios consideran que colocar recipientes con agua limpia en zonas tranquilas y protegidas puede ser una ayuda muy valiosa durante las primeras semanas. Eso sí, recomiendan situarlos bajo sombra, renovarlos con frecuencia para evitar la proliferación de bacterias y retirarlos cuando el ecosistema empiece a recuperarse para no generar una dependencia artificial.
La importancia de la hidratación está ampliamente respaldada por la ciencia. Numerosos estudios sobre fisiología animal demuestran que la deshidratación reduce la capacidad de regular la temperatura corporal, compromete el funcionamiento del sistema inmunitario y disminuye la movilidad, factores que reducen notablemente las posibilidades de supervivencia en un entorno ya muy degradado.
En especies pequeñas, como erizos, conejos o numerosas aves insectívoras, unas pocas horas sin acceso al agua durante una ola de calor pueden resultar críticas, especialmente cuando las temperaturas superan los 35 grados durante varios días consecutivos.
Los animales también necesitan alimento, pero no cualquier comida
La desaparición de la vegetación afecta de manera inmediata a toda la cadena alimentaria. Los herbívoros pierden las plantas de las que se alimentan; los insectos disminuyen drásticamente y, como consecuencia, aves, reptiles y pequeños mamíferos encuentran muchas más dificultades para conseguir comida.
Ante esta situación, los especialistas admiten que puede ser útil aportar alimento de forma temporal, aunque siempre respetando las necesidades de cada especie. Semillas para aves granívoras, frutas para determinadas especies o pienso específico colocado en pequeñas cantidades pueden ayudar durante la fase más crítica. Lo importante es evitar alimentos procesados para consumo humano, pan, dulces o restos de comida, que pueden provocar trastornos digestivos o atraer especies oportunistas como ratas o jabalíes.
Las aportaciones extraordinarias de alimento deben ser limitadas en el tiempo. Si se mantienen durante meses, pueden alterar la distribución natural de las especies, favorecer la transmisión de enfermedades o modificar las relaciones entre depredadores y presas.
Por esa razón, muchos proyectos de recuperación priorizan intervenciones puntuales mientras vuelve a crecer la vegetación y reaparecen los recursos naturales.
El mayor error es intentar rescatar a todos los animales
Después de un incendio es frecuente encontrar aves jóvenes, pequeños mamíferos o reptiles aparentemente desorientados. La reacción instintiva suele ser recogerlos, pero los centros de recuperación recuerdan que esa decisión no siempre es la correcta.
Muchos animales permanecen inmóviles como estrategia de defensa frente a los depredadores o esperan el regreso de sus progenitores. Separarlos innecesariamente de su entorno puede reducir sus posibilidades de supervivencia mucho más que dejarlos donde están.
Solo cuando el animal presenta quemaduras evidentes, fracturas, dificultad para desplazarse o un estado claro de agotamiento debe avisarse a los agentes forestales, al servicio de emergencias de la comunidad autónoma o a un centro de recuperación de fauna, evitando manipularlo más de lo imprescindible.
En los últimos incendios registrados en Madrid y Ávila, centenares de voluntarios han colaborado precisamente siguiendo estas pautas: instalar bebederos, aportar alimento en puntos concretos, geolocalizar los recursos y dejar que sean los profesionales quienes atiendan a los animales heridos.
Recuperar un bosque también significa recuperar su fauna
La recuperación de un ecosistema no termina cuando se extingue el incendio. En muchos casos, pueden pasar meses o incluso años hasta que regresen las condiciones que permitan a la fauna volver a ocupar el territorio con normalidad.
Durante ese tiempo resulta fundamental evitar nuevas molestias, respetar los cierres de caminos, no acceder a zonas restringidas y permitir que la vegetación se regenere. Los animales necesitan tranquilidad para encontrar refugio, reproducirse y restablecer sus poblaciones.
La colaboración ciudadana también puede extenderse al apoyo de asociaciones de recuperación de fauna, centros veterinarios especializados y entidades conservacionistas que trabajan sobre el terreno. Estas organizaciones coordinan actuaciones basadas en criterios científicos y conocen las necesidades reales de cada especie afectada.
En definitiva, ayudar a la fauna salvaje tras un incendio no consiste en intervenir constantemente, sino en hacerlo de manera responsable. Facilitar agua y alimento de forma temporal, respetar el trabajo de los profesionales y minimizar las molestias puede marcar la diferencia entre la supervivencia y la desaparición de numerosas poblaciones animales. Como señalan los veterinarios, el mejor rescate es aquel que permite que la naturaleza vuelva a funcionar por sí misma cuanto antes.
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