Curiosidades del mundo animal

Un estudio revela que crecer con un perro podría ayudar a los adolescentes a afrontar mejor el estrés durante toda su vida

 
Alejandro Lingenti
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 17 septiembre 2026
Un estudio revela que crecer con un perro podría ayudar a los adolescentes a afrontar mejor el estrés durante toda su vida
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La relación que se establece con un perro durante la adolescencia puede ir mucho más allá de la compañía cotidiana. Compartir paseos, juegos y rutinas, buscar al animal en momentos difíciles o simplemente sentir su presencia son experiencias que los investigadores están empezando a estudiar para determinar hasta qué punto pueden influir en la manera de enfrentarse al estrés.

Esa es precisamente la pregunta que plantea el Teen & Dog Study, un ambicioso proyecto dirigido por investigadores de la Universidad de Tufts, en Estados Unidos. El trabajo sigue a 514 adolescentes de entre 13 y 17 años que viven con perros y presentan niveles elevados de ansiedad social, con el objetivo de conocer qué papel puede desempeñar la relación humano-animal en sus estrategias para afrontar situaciones complicadas.

Los primeros análisis ofrecen resultados interesantes: una relación positiva con el perro aparece asociada con determinadas formas adaptativas de afrontar el estrés social. Pero existe una diferencia fundamental entre encontrar una asociación y demostrar que el perro es su causa.

Más de 500 adolescentes participan en un estudio para analizar el vínculo con sus perros

El proyecto está encabezado por Megan Mueller, profesora de la Cummings School of Veterinary Medicine de la Universidad de Tufts y especialista en interacción humano-animal. El protocolo científico, publicado en PLOS ONE en 2025, explica que se trata de una investigación longitudinal diseñada para seguir durante cinco años a adolescentes estadounidenses con ansiedad social elevada.

No se limita a preguntarles si quieren mucho a sus perros. Los investigadores combinan cuestionarios para adolescentes y progenitores, entrevistas cualitativas, evaluaciones realizadas en la vida cotidiana y mediciones fisiológicas continuas. En determinados momentos, los participantes reciben preguntas en sus teléfonos sobre dónde están, si se encuentran con el perro y cómo se sienten.

La investigación pretende determinar qué adolescentes pueden beneficiarse especialmente de ese vínculo y en qué circunstancias. También analiza factores familiares, relaciones con otros jóvenes y las respuestas fisiológicas relacionadas con la ansiedad.

Un trabajo publicado en agosto de 2026 en Journal of Adolescence ya ha utilizado los datos transversales de los 514 participantes para estudiar específicamente la calidad de la relación con el perro y las estrategias empleadas frente al estrés provocado por sus iguales.

Los investigadores analizaron dimensiones como el afecto, el compañerismo, el cuidado del animal, el apoyo emocional y también la existencia de fricciones. Su hipótesis es que los aspectos positivos del vínculo pueden estar relacionados con estrategias más adaptativas para enfrentarse al estrés.

Rutinas, actividad física y apoyo emocional: así podría ayudar un perro a un adolescente a afrontar el estrés

El propio protocolo científico señala que cuidar a un perro introduce rutinas regulares, como alimentarlo, pasearlo, jugar o realizar actividad física. Estas acciones pueden funcionar como una forma positiva de distracción frente a una situación estresante.

Los paseos ofrecen además oportunidades de interacción social relativamente sencillas. Salir con un perro puede facilitar pequeños encuentros con vecinos u otras personas sin exigir al adolescente una interacción social compleja.

Otra posible vía es el apoyo emocional. Los animales pueden ser percibidos como compañeros que no juzgan. Para un adolescente al que le resulta difícil expresar incomodidad o ansiedad ante otras personas, el contacto con su perro podría proporcionar un contexto en el que expresar emociones y regularlas.

También se investigan mecanismos fisiológicos. Estudios anteriores indican que la presencia o el contacto con un perro puede relacionarse con cambios en la respuesta al estrés. Precisamente por eso el Teen & Dog Study utiliza dispositivos que registran indicadores fisiológicos: sus responsables quieren comprobar qué ocurre en el organismo durante las interacciones reales entre adolescentes y animales.

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Otros estudios relacionan convivir con perros con un mayor bienestar en adolescentes

El trabajo estadounidense no aparece aislado. Una investigación publicada en iScience analizó datos de 343 adolescentes japoneses, 96 de los cuales convivían con perros. Los investigadores encontraron que quienes tenían perro a los 13 años presentaban al año siguiente puntuaciones inferiores en problemas sociales, retraimiento, problemas de pensamiento, conductas consideradas delictivas y agresividad.

El estudio introdujo además una hipótesis sorprendente: la microbiota podría participar en esta relación. Los adolescentes que convivían con perros presentaban diferencias en determinados microorganismos de la saliva.

Para profundizar en el posible mecanismo, los científicos transfirieron microbiota de los adolescentes a ratones libres de gérmenes. Los animales que recibieron microorganismos procedentes de jóvenes con perros mostraron determinadas conductas sociales con mayor frecuencia.

Esto no demuestra que las bacterias transmitidas por un perro mejoren la salud mental humana. Los propios investigadores reconocen que todavía no saben si las diferencias observadas proceden directamente de los perros o si otros factores asociados a la convivencia con ellos modifican la microbiota.

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Tener un perro no garantiza una mejor salud mental durante la adolescencia

Esta es probablemente la precaución más importante al interpretar estos estudios. La evidencia disponible no permite afirmar que adoptar un perro vaya a prevenir la ansiedad social ni que garantice mejores habilidades emocionales durante la vida adulta.

En el Teen & Dog Study, además, todos los participantes seleccionados viven con perros. Por ello, una de las preguntas centrales no es simplemente si “tener perro es mejor que no tenerlo”, sino cómo las diferencias en la calidad de esa relación se vinculan con distintas maneras de afrontar el estrés.

Tampoco todas las relaciones entre personas y animales son iguales. Cuidar a un perro implica responsabilidades, gastos, tiempo y atención, y los problemas de comportamiento del animal pueden convertirse incluso en una fuente adicional de estrés.

La importancia del proyecto reside precisamente en abandonar una idea demasiado simple —que cualquier perro produce automáticamente beneficios psicológicos— para estudiar qué características concretas del vínculo pueden resultar beneficiosas, para quién y en qué situaciones.

Por ahora, la ciencia ofrece una conclusión más prudente, pero igualmente interesante: durante una etapa en la que las relaciones sociales adquieren enorme importancia, un vínculo positivo con un perro puede formar parte de la red de apoyo de algunos adolescentes. Determinar cuánto pesa esa compañía a largo plazo es justamente lo que los investigadores intentan descubrir.

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