María Vetican, veterinaria: “Los perros no deben sedarse para viajar en la bodega de un avión”

 
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 16 julio 2026

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Viajar en avión con un perro genera muchas dudas, especialmente cuando el animal debe hacerlo en la bodega. Ante el temor de que sufra estrés o miedo durante el trayecto, algunos propietarios se plantean administrarle un sedante o un tranquilizante antes del vuelo. Pero esa práctica puede aumentar el riesgo de complicaciones durante el viaje.

La veterinaria María Vetican es tajante al respecto: “Los perros no deben sedarse para viajar en la bodega de un avión”. Según explica la experta, la sedación solo debería contemplarse en situaciones muy concretas, tras una valoración veterinaria individual y bajo supervisión profesional. De lo contrario, el intento de reducir el estrés puede convertirse en un problema mucho más serio para la salud del animal.

Esta recomendación coincide con las directrices de organizaciones veterinarias internacionales, como la American Veterinary Medical Association (AVMA), la American Animal Hospital Association (AAHA) y la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), que desaconsejan sedar de forma rutinaria a perros y gatos antes de un transporte aéreo.

Los expertos lo confirman: “Los sedantes pueden deprimir el sistema respiratorio”

Uno de los principales riesgos de sedar a un animal para viajar en avión que ha señalado María Vetican afecta al sistema respiratorio. La veterinaria explica que "los sedantes pueden deprimir el sistema respiratorio". Aunque las bodegas destinadas al transporte de animales están presurizadas y climatizadas, las condiciones ambientales no son exactamente iguales a las de la cabina de pasajeros. Durante el vuelo pueden producirse cambios de presión o temperatura que obligan al organismo del perro a adaptarse.

"En la bodega del avión, la presión del aire y la temperatura pueden variar, aumentando el riesgo de menor oxígeno o de dificultad respiratoria porque el animal no va a poder adaptarse", advierte la especialista.

Este efecto resulta especialmente preocupante en perros braquicéfalos, como bulldogs, carlinos o bóxers, que ya presentan una mayor predisposición a sufrir problemas respiratorios incluso sin medicación.

Por este motivo, la IATA recuerda que el uso de sedantes puede incrementar el riesgo cardiovascular y respiratorio durante el transporte aéreo, razón por la que no recomienda administrarlos salvo indicación expresa del veterinario.

Los sedantes dificultan que el perro regule su temperatura corporal

Otra de las advertencias de María Vetican tiene que ver con la capacidad del organismo para mantener una temperatura adecuada. Según explica la veterinaria española, "los sedantes afectan la capacidad del animal para termorregularse".

En condiciones normales, los perros utilizan mecanismos como el jadeo para disipar el calor corporal. Pero un animal sedado pierde parte de esa capacidad.

"Un perro sedado no va a poder ni jadear. Sea con mucho frío o mucho calor, el animal no va a poder adaptarse y aumenta el riesgo de golpe de calor o de hipotermia", señala Vetican.

La regulación de la temperatura es especialmente importante durante un viaje, ya que el perro permanece varias horas dentro del transportín y dispone de menos posibilidades para modificar su postura o reaccionar frente a cambios ambientales.

La sedación puede aumentar el riesgo de lesiones y ocultar problemas de salud

La sedación también puede afectar al equilibrio y a la capacidad de reacción del animal.

María Vetican recuerda la peligrosidad de que un perro viaje bajo los efectos de estos medicamentos, pudiendo perder estabilidad y lesionarse durante las maniobras de carga, descarga o si el transportín se mueve por las turbulencias. "Pueden perder el equilibrio y caerse o no ser capaces de colocarse para protegerse si el transporte se mueve o sufre alguna caída durante el proceso", advierte.

Pero existe otro riesgo menos evidente: "Los sedantes pueden enmascarar los problemas", asegura la veterinaria. Es decir, el perro puede estar sufriendo una complicación médica o un episodio intenso de estrés sin manifestarlo de forma clara porque su capacidad de reacción está disminuida. "Si el animal no puede reaccionar, puede que no se identifique a tiempo que está sufriendo problemas graves de salud o de estrés", señala.

Esta circunstancia dificulta detectar precozmente cualquier incidencia durante el transporte y puede retrasar la actuación si el animal necesita atención veterinaria.

Los tranquilizantes no siempre reducen el miedo a volar

Uno de los aspectos menos conocidos es que algunos medicamentos utilizados tradicionalmente como tranquilizantes no eliminan la ansiedad.

María Vetican explica que determinados sedantes, como la acepromazina o la medetomidina, inmovilizan físicamente al animal, pero no siempre reducen la sensación de miedo.

En otras palabras, el perro puede seguir experimentando el mismo nivel de ansiedad, aunque tenga menos capacidad para expresarla o reaccionar.

Esta situación resulta especialmente preocupante desde el punto de vista del bienestar animal, ya que el perro permanece consciente de la experiencia estresante, pero con menos posibilidades de afrontarla.

Es por eso que las guías veterinarias actuales insisten en que la sedación no debe utilizarse como una solución rápida para los problemas de comportamiento relacionados con los viajes.

Las claves para que el viaje en avión sea menos estresante

En lugar de recurrir automáticamente a medicamentos sedantes, María Vetican recomienda trabajar la adaptación al viaje con suficiente antelación.

"Si va a viajar en la bodega de un avión, trabaja durante un tiempo antes para minimizar ese estrés", aconseja.

Los veterinarios recomiendan habituar progresivamente al perro al transportín semanas antes del vuelo, permitiendo que lo asocie con experiencias positivas mediante premios, juguetes o sesiones de descanso voluntarias en su interior.

También resulta aconsejable acostumbrarlo a permanecer tranquilo dentro del transportín durante periodos cada vez más largos y consultar con el veterinario si existen antecedentes de ansiedad intensa.

En algunos casos, añade María Vetican, pueden utilizarse calmantes naturales u otros productos específicamente indicados por el veterinario, siempre que no provoquen los efectos secundarios asociados a la sedación tradicional.

Cada animal responde de forma distinta y la decisión debe individualizarse. Lo que los especialistas tienen claro es que sedar a un perro por iniciativa propia antes de un vuelo no solo no garantiza que viaje más tranquilo, sino que puede poner en riesgo su salud y dificultar que afronte el trayecto con seguridad.

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