Noruega multa con más de 4.000 euros a un turista por despertar a un oso polar con una sirena marítima
Ficha del animal: Oso polar
Un turista tendrá que pagar 50.000 coronas noruegas, el equivalente a unos 4.300 euros, después de utilizar la sirena de una embarcación para despertar a un oso polar que descansaba en la costa del archipiélago de Svalbard, al norte del país. Las autoridades consideran que la acción fue deliberada y provocó una perturbación innecesaria sobre una especie protegida.
El incidente ocurrió a comienzos de agosto en un fiordo de Svalbard, uno de los territorios habitados más septentrionales del planeta. Allí, la normativa ambiental establece unas reglas especialmente estrictas para evitar que los turistas y las embarcaciones interfieran en el comportamiento de la fauna ártica.
Encontró a un oso polar descansando y decidió despertarlo con la sirena del barco
El episodio ocurrió cuando una embarcación navegaba por un fiordo del archipiélago. Sus ocupantes visualizaron a un oso polar descansando en la tierra. Fue entonces cuando uno de ellos decidió activar la sirena marítima del barco con la única intención de intentar provocar una reacción en el animal.
Cabe destacar que la bocina de niebla es un dispositivo diseñado para emitir sonidos de gran intensidad y advertir a otras embarcaciones, especialmente en situaciones de baja visibilidad, por lo que el ruido consiguió despertar al oso, que abandonó el lugar y se desplazó hacia otra zona.
El gobernador de Svalbard, Lars Fause, explicó que la actuación no fue accidental. Las autoridades determinaron que el uso de la sirena había sido intencionado y que no existía ninguna razón justificada para alterar el comportamiento del animal.
La decisión terminó con una multa de 50.000 coronas noruegas, una cantidad cercana a los 4.300 euros. La resolución se conoció el pasado 14 de agosto y el responsable se declaró culpable, aceptando el pago de la sanción.
La normativa de Svalbard es especialmente dura y establece una distancia mínima con los osos polares
Las reglas ambientales del archipiélago son especialmente estrictas con los osos polares. La legislación prohíbe perturbar, atraer o perseguir innecesariamente a estos animales, considerados una especie especialmente protegida en la región.
También existen distancias mínimas que deben respetarse. Entre julio y febrero, las personas deben mantenerse al menos a 300 metros de un oso polar. Entre marzo y junio, la distancia aumenta hasta los 500 metros, coincidiendo con un período especialmente sensible para los osos polares con el deshielo.
El objetivo de estas restricciones es evitar que la actividad humana altere sus rutinas y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de encuentros peligrosos. Un oso polar es un depredador de enorme tamaño y acercarse demasiado puede suponer un peligro tanto para el animal como para las personas.
La protección de la especie cuenta con una larga trayectoria. La caza del oso polar está prohibida en la zona desde 1973, cuando recibió protección oficial. Actualmente, el entorno de Svalbard alberga una población estimada de unos 3.000 ejemplares.
De ellos, alrededor de 300 permanecen durante todo el año en el archipiélago. Otros se desplazan hacia zonas más remotas del Ártico, dependiendo de las condiciones ambientales y de la disponibilidad de alimento.
El ruido puede obligar al oso a gastar una energía que necesita para sobrevivir
La actuación del turista adquiere mayor importancia durante el verano ártico. En esta época, la reducción del hielo marino dificulta que los osos polares puedan acceder a su principal fuente de alimento: las focas.
Ante la falta de superficies heladas para cazar, los animales pueden pasar largos períodos descansando y reduciendo al mínimo su gasto energético. Por eso, despertar a uno de estos ejemplares y obligarlo a desplazarse no es una simple molestia, es una cuestión de supervivencia. Cualquier desplazamiento provocado por una perturbación externa supone un gasto adicional de energía. Y ese gasto puede resultar especialmente importante cuando encontrar alimento es más complicado.
La situación puede ser todavía más delicada en determinados ejemplares, como las hembras preñadas o aquellas que están criando. Geoff York, vicepresidente de investigación y políticas de Polar Bears International explicó en una entrevista en la CNN señaló que “las molestias durante la temporada sin hielo pueden afectar incluso a su capacidad reproductiva”.
Por eso, el problema no se limita al susto provocado por la sirena. En este caso, el comportamiento humano interfiere directamente en la supervivencia de estos animales y en sus reservas energéticas para sobrevivir en uno de los entornos más extremos del planeta.
No es la primera multa: Svalbard endurece la protección de sus animales frente a los turistas
La sanción pretende servir como advertencia a los miles de turistas que visitan cada año Svalbard atraídos por sus paisajes polares y el gran número de animales salvajes que habitan allí.
La presencia de osos polares es precisamente uno de los grandes atractivos de las expediciones por el archipiélago. Sin embargo, las autoridades piden que esta actividad se desarrolle sin modificar el comportamiento de los animales.
No es la primera vez que un visitante recibe una sanción por interferir con la fauna. En 2024, otro turista fue multado con unos 1.300 dólares después de intentar acercarse a una morsa. El aviso de varios testigos permitió que los trabajadores del gobernador intervinieran y localizaran al visitante.
Una política disuasoria para los turistas que demuestra que, en Svalbard, despertar a un animal protegido con una sirena marítima no es una travesura sin consecuencias.
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