Reino Unido da una lección a España con los galgos: prohíbe las carreras y reabre el debate en Europa
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El mapa europeo del bienestar animal acaba de moverse. En el Reino Unido, países como Escocia y Gales han decidido prohibir las carreras de galgos, una práctica cada vez más cuestionada por su impacto sobre los animales. La decisión reactiva un debate que en España sigue abierto, tanto en el ámbito legal como en el ético.
Las carreras de galgos —ya sea en pista o en campo— consisten en hacer competir a estos perros por velocidad, generalmente persiguiendo una liebre mecánica o real. En España, esta actividad continúa siendo legal y está regulada por entidades como la Federación Española de Galgos, que establece normas para su organización .
Sin embargo, múltiples organizaciones animalistas denuncian desde hace años que este tipo de competiciones pueden implicar problemas de bienestar. Entre ellos, el confinamiento prolongado, el estrés, el entrenamiento intensivo o el abandono tras la temporada de caza o competición.
Desde el punto de vista científico, el bienestar animal se define como el estado físico y mental de un animal en relación con las condiciones en las que vive y muere. La Organización Mundial de Sanidad Animal establece que el bienestar implica evitar sufrimiento innecesario, garantizar condiciones adecuadas y permitir comportamientos naturales.
Otros países ya han prohibido las carreras de galgos y crece la presión en Europa
La decisión británica no es un hecho aislado. Países como Nueva Zelanda ya habían avanzado en la eliminación de esta práctica, y en Europa crece la presión para limitar o prohibir este tipo de espectáculos.
El argumento principal es que las carreras implican riesgos físicos —lesiones musculares, fracturas o estrés térmico, por ejemplo— y psicológicos. Un estudio sobre fisiología del ejercicio canino publicado en Frontiers in Veterinary Science señala que el esfuerzo extremo en perros de competición puede generar daños musculares y metabólicos si no se controla adecuadamente.
El caso de España: un marco legal con vacíos en la protección del galgo
En España, el panorama es más complejo. Las carreras de galgos siguen siendo legales, especialmente en modalidad de campo, donde los perros persiguen liebres en entornos abiertos.
El marco normativo general lo establece la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, publicada en el BOE. Esta norma reconoce a los animales como seres sintientes y busca prevenir el maltrato.
Sin embargo, uno de los puntos más controvertidos es que los perros de caza —y por extensión muchos galgos— quedan fuera de su ámbito directo de aplicación, lo que ha generado críticas por parte de asociaciones animalistas.
Ese limbo legal explica por qué, pese a los avances normativos, la situación de los galgos sigue siendo objeto de debate público en España.
Un perro de velocidad, pero también de alta sensibilidad y cuidados específicos
El galgo no es un perro cualquiera. Se trata de una raza seleccionada durante siglos por su velocidad, resistencia y capacidad de persecución visual. Su anatomía —cuerpo estilizado, gran capacidad pulmonar, musculatura adaptada al sprint— lo convierte en uno de los animales terrestres más rápidos.
Desde el punto de vista científico, estas características implican también una alta exigencia fisiológica. Estudios sobre biomecánica canina indican que los galgos alcanzan velocidades superiores a 60 km/h, lo que incrementa el riesgo de lesiones en contextos de esfuerzo repetido.
Pero esa misma especialización tiene una contrapartida: son animales especialmente sensibles al estrés, con baja tolerancia al frío y a condiciones de vida inadecuadas. Por eso, muchos expertos insisten en que requieren cuidados específicos fuera de entornos competitivos.
Por otra parte, uno de los puntos más críticos en España es el abandono: en España es alta la cantidad de galgos que son abandonados cada año tras la temporada de caza o cuando dejan de ser útiles para competir.
Este fenómeno ha llevado a la creación de numerosas asociaciones de rescate y adopción, que denuncian que el problema no es solo deportivo, sino estructural: una cultura de uso del animal como herramienta.
Una cuestión pendiente: el futuro de las carreras de galgos en Europa y España
El rechazo a las carreras de galgos se basa, entonces, en varios factores: el riesgo físico (lesiones derivadas del esfuerzo extremo), el estrés crónico (condiciones de entrenamiento y confinamiento), el descarte y abandono (cuando el animal deja de ser rentable) y la falta de protección legal homogénea, especialmente en España.
Desde la ciencia del bienestar animal, el consenso es claro: cualquier actividad que implique sufrimiento evitable o condiciones incompatibles con el comportamiento natural del animal debe ser revisada.
La prohibición en partes del Reino Unido marca una tendencia que podría extenderse en Europa. Mientras tanto, España se encuentra en una posición intermedia: con una legislación avanzada en algunos aspectos, pero con vacíos significativos en otros. Está claro que es hora de revisar esa normativa.
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