Curiosidades del mundo animal

No es un corte de uñas: California prohíbe por ley amputar las garras a los gatos por estética

 
Rafa Mingorance
Por Rafa Mingorance, Periodista. 27 febrero 2026
No es un corte de uñas: California prohíbe por ley amputar las garras a los gatos por estética
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Desde el 1 de enero de 2026, California prohíbe amputar las garras a los gatos salvo causa médica justificada. La ley AB 867, impulsada por el asambleísta Alex Lee y firmada por el gobernador Gavin Newsom, convierte a California en el estado más grande de Estados Unidos en vetar esta práctica. Los veterinarios que la realicen sin justificación clínica se enfrentan a multas y a la retirada de su licencia profesional.

Pero la noticia va mucho más allá de una prohibición legal en un estado americano. Lo que hay detrás de esta ley es un consenso científico cada vez más sólido: amputar las garras a un gato no es un procedimiento menor, sino una cirugía invasiva con consecuencias graves para su salud física y su comportamiento.

La verdad sobre el 'declawing': equivale a cortarse los dedos

El declawing o desungulación —en terminología veterinaria, onicectomía— no es lo que mucha gente imagina. No consiste en recortarle las uñas al gato, sino en amputar la tercera falange de cada dedo: el hueso donde está insertada la garra.

Para entender la magnitud de la intervención, los especialistas recurren a una comparación directa: equivale a cortarle a una persona los dedos de las manos a la altura de la última articulación.

El procedimiento se realiza bajo anestesia general y, tradicionalmente, se ha practicado por motivos de comodidad del tutor: evitar arañazos en muebles, en personas o en otros animales. Nunca por una razón médica que beneficie al gato.

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Dolor crónico y problemas de comportamiento: la ciencia revela las secuelas irreversibles de amputar las garras

En 2018, un equipo liderado por la veterinaria Nicole Martell-Moran publicó en el Journal of Feline Medicine and Surgery un estudio donde se analizó a 274 gatos —la mitad operados, la mitad no— y los datos fueron demoledores.

Los gatos con las garras amputadas tenían casi tres veces más probabilidades de sufrir dolor de espalda. Sin la falange, el gato deja de apoyar el peso sobre la punta de los dedos, como haría de forma natural, y lo carga sobre las almohadillas y los cartílagos que no están diseñados para soportarlo.

El mismo estudio detectó que esos gatos tenían siete veces más probabilidades de orinar fuera del arenero. Tiene lógica: si al gato le duelen las patas cada vez que escarba en la arena, acaba buscando sitios más blandos donde hacer sus necesidades, como una alfombra o un sofá.

El riesgo de mordedura también se multiplicaba por cuatro. Al fin y al cabo, un gato al que le han quitado las garras ha perdido su forma natural de defenderse. Lo único que le queda son los dientes.

Y hay un dato que llama especialmente la atención: el 63 % de los gatos operados conservaba fragmentos de hueso dentro de las patas. Es decir, en la mayoría de los casos la cirugía ni siquiera se había hecho bien.

En 2025, un estudio publicado en Scientific Reports (Nature) fue todavía más lejos. Los investigadores demostraron que el declawing daña de forma permanente el sistema nervioso del gato: le provoca un dolor crónico que no remite con el tiempo y que, además, hace que cualquier otra dolencia articular —como la artrosis— duela más. La conclusión de los autores no dejó lugar a dudas: la evidencia científica justifica prohibir esta práctica en todo el mundo.

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Un movimiento imparable: los países que ya han dicho “no” a la desungulación en gatos

California no ha sido el primer estado en prohibir el declawing, pero con 40 millones de habitantes y la economía más grande del país, es la prohibición que más repercusión va a tener. El primero en dar el paso fue Nueva York, en 2019.

Después le siguieron Maryland, Massachusetts y Rhode Island. Y antes incluso de que hubiera leyes estatales, ciudades como Los Ángeles, San Francisco, Denver o Pittsburgh ya lo habían prohibido por su cuenta.

Fuera de Estados Unidos, la práctica es ilegal en más de 40 países, entre ellos Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Suiza y la mayoría de la Unión Europea.

En España no hace falta una ley específica contra el declawing porque ya está cubierto. La Ley 7/2023 de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales prohíbe cualquier tipo de mutilación o modificación corporal permanente en animales de compañía. Amputar las garras a un gato entra dentro de esa definición, así que la práctica es ilegal salvo que un veterinario la considere estrictamente necesaria por motivos de salud.

Las alternativas éticas al declawing que recomiendan los especialistas en comportamiento felino

Rascar es algo que los gatos necesitan hacer. Les sirve para afilar las uñas, marcar territorio, estirar los músculos y soltar tensión. Quitarles las garras no hace que dejen de necesitarlo; solo les quita la forma de hacerlo. Lo que sí se puede hacer es enseñarles dónde rascar y facilitarles las cosas para que no destrocen el sofá. Estas son las mejores alternativas:

  1. Pon rascadores donde de verdad los va a usar. Los gatos arañan sobre todo al despertarse y cerca de donde duermen, así que el mejor sitio para un rascador es justo ahí. Que sea vertical, de al menos 80 centímetros y estable; si se mueve, no lo van a querer. El sisal es el material que mejor funciona.
  2. Recórtale las uñas cada dos o tres semanas. Con un cortaúñas específico para gatos es rápido e indoloro. Lo único que tienes que evitar es cortar la parte rosada de la uña, que es donde llega el riego sanguíneo. Si no lo tienes claro, tu veterinario puede enseñarte a hacerlo cuando vayas a la consulta la próxima vez.
  3. Coloca cinta de doble cara en los muebles que quieras proteger. A los gatos no les gusta la sensación pegajosa en las almohadillas, así que tienden a evitar esas superficies. Es un truco temporal que funciona mientras le enseñas a usar el rascador.
  4. Dale un entorno más estimulante. Un gato que araña de forma compulsiva muchas veces lo hace porque está aburrido o estresado. Estantes elevados, juguetes interactivos, ratos de juego diario y feromonas sintéticas como Feliway pueden ayudar a que ese rascado excesivo vaya a menos con el tiempo.

También existen fundas de uñas para los gatos, que son pequeñas cápsulas de vinilo que se pegan a cada uña con un adhesivo no tóxico. Sin embargo, esta no es una alternativa que recomienden los expertos. Al impedir que el gato retraiga sus uñas por completo, y limitar su capacidad para rascar y trepar con normalidad, se siente incómodo, frustrado e incluso puede tener problemas de equilibrio.

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