Educación básica

Víctor Mareño, adiestrador canino: “Saludar al perro con demasiada efusividad al llegar a casa puede provocar problemas en su conducta”

 
Alejandro Lingenti
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 18 julio 2026
Víctor Mareño, adiestrador canino: “Saludar al perro con demasiada efusividad al llegar a casa puede provocar problemas en su conducta”
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Recibir a un perro con abrazos, caricias y una gran efusividad parece una muestra natural de cariño. Muchos propietarios interpretan los saltos, ladridos o carreras alrededor de la puerta como una demostración de alegría, aunque numerosos especialistas en comportamiento canino explican que, en determinados casos, esa respuesta también puede estar relacionada con un estado elevado de excitación o ansiedad.Aprender a gestionar ese momento de forma adecuada ayuda al animal a desarrollar un mayor autocontrol y favorece una convivencia más equilibrada.

Esta es la idea que defiende Víctor Mareño, adiestrador canino que también sostiene que uno de los errores más habituales consiste en reforzar precisamente ese comportamiento alterado justo al regresar a casa. "Saludar al perro en la entrada es la semilla de la mala educación del animal", afirma el especialista.

Su planteamiento coincide con buena parte de la literatura científica sobre aprendizaje animal, que señala que los comportamientos reforzados de forma repetida tienden a aumentar su frecuencia. Si un perro obtiene atención cada vez que salta, ladra o reclama contacto de manera insistente, es probable que vuelva a utilizar esa estrategia en situaciones similares.

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Víctor Mareño, adiestrador canino: “El perro aprende que, si se excita, recibe caricias”

Para Mareño, el problema no está en acariciar al perro, sino en el momento en que se hace. Muchos propietarios, explica, confunden una reacción de elevada activación con una simple muestra de felicidad. "El mayor error que comete el ser humano es mimar, consentir y premiar esa llamada de atención", asegura.

Según describe, el perro recibe un mensaje muy claro: cuando muestra un nivel elevado de excitación obtiene exactamente aquello que busca, es decir, contacto, atención y caricias.

El adiestrador incluso ilustra la situación con una comparación muy gráfica: "El perro te está diciendo: '¿Dónde estabas? Que ha pasado mucho tiempo y no te he visto'. Y al recibir mimos a cambio, internaliza que un premio que luego pedirá siempre".

Desde el punto de vista del aprendizaje, esa secuencia constituye un ejemplo de refuerzo positivo: una conducta (saltar, ladrar, reclamar atención) va seguida de una consecuencia agradable (caricias), aumentando la probabilidad de que vuelva a repetirse.

La clave para que tu perro esté más tranquilo: rutinas predecibles y respuestas coherentes

Las recomendaciones de Mareño encuentran respaldo en diferentes investigaciones sobre comportamiento animal.

La American Veterinary Society of Animal Behavior (AVSAB) recuerda que los perros aprenden continuamente de las consecuencias de sus actos y que el uso adecuado del refuerzo positivo resulta mucho más eficaz que el castigo para enseñar nuevas conductas. La clave consiste en premiar el comportamiento que queremos fomentar, no la conducta impulsiva que deseamos reducir.

En la misma línea, estudios fimados por instituciones como la American College of Veterinary Behaviorists y el European College of Animal Welfare and Behavioural Medicine explica que enseñar a un perro habilidades de autocontrol y rutinas predecibles contribuye a disminuir la incertidumbre, un factor estrechamente relacionado con la ansiedad.

Está claro que la previsibilidad del entorno y la consistencia en las respuestas del propietario favorecen un mejor equilibrio emocional en los perros domésticos.

“Cuando entras en casa, puedes sentarlo y darle mimos en calma”

Lejos de proponer ignorar permanentemente al perro, Mareño plantea dos formas sencillas de gestionar ese momento. "Cuando entras en casa, puedes sentarlo y darle mimos en calma o actuar como si no existiera", sintetiza. El objetivo no es retirar el afecto, sino enseñarle que las caricias llegan cuando consigue tranquilizarse, no mientras mantiene un estado de sobreexcitación.

Una vez que el perro permanece sentado, deja de saltar o reduce claramente su nivel de activación, el propietario puede ofrecerle atención de forma tranquila.

Este procedimiento coincide con una estrategia ampliamente utilizada por etólogos y educadores caninos: reforzar los comportamientos incompatibles con la excitación, como permanecer sentado, mantener las cuatro patas en el suelo o esperar calmadamente.

Cuándo la alegría de tu perro al verte puede convertirse en un problema de bienestar

En la mayoría de los perros, recibir al propietario con entusiasmo forma parte de un comportamiento completamente normal.

No obstante, cuando esa activación alcanza niveles muy elevados puede convertirse en un problema de bienestar, especialmente si el animal presenta ansiedad por separación, dificultades para controlar sus impulsos o determinadas enfermedades cardiovasculares.

Mareño recuerda un caso que le impactó especialmente: conoció a un bulldog que sufrió un infarto justo cuando su propietaria llegó a casa y comenzó a acariciarlo mientras el animal se encontraba extremadamente excitado.

Aunque se trata de un caso aislado y no puede extrapolarse al conjunto de la población canina, los veterinarios sí advierten de que un nivel muy intenso de estrés puede resultar especialmente delicado en perros con patologías cardíacas previas o razas predispuestas a problemas respiratorios y cardiovasculares.

La llegada a casa, el paseo y la comida: tres momentos clave para enseñar autocontrol a tu perro

Cada vez existen más estudios que relacionan una educación basada en la coherencia y el aprendizaje positivo con un mejor bienestar animal.

Los perros que disponen de rutinas previsibles, normas consistentes y entrenamiento basado en el refuerzo positivo presentan menores indicadores de estrés y una relación más sólida con sus cuidadores.

Eso no significa convertir la convivencia en una sucesión de órdenes, sino ofrecer al animal un entorno comprensible donde sepa qué comportamientos generan consecuencias positivas.

En ese sentido, momentos cotidianos como la llegada a casa, la salida al paseo o la hora de la comida representan excelentes oportunidades para enseñar calma, autocontrol y seguridad.

Como resume Víctor Mareño, el cariño no debe desaparecer. Simplemente conviene ofrecerlo cuando el perro ha recuperado la tranquilidad. De ese modo, el animal aprende que mantener la calma también tiene recompensa, una enseñanza que puede trasladarse a muchas otras situaciones del día a día y contribuir a una convivencia más equilibrada.

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