Criadores ofrecen a sus cachorros a cambio de cartas Pokémon y la comunidad exige que se tomen medidas: “Están cambiando cartón por un animal vivo”
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El coleccionismo de cartas Pokémon mueve desde hace años cantidades importantes de dinero. Algunas piezas especialmente raras alcanzan precios elevados y alrededor de ellas se organizan convenciones en las que comprar, vender e intercambiar forma parte de la actividad habitual. Sin embargo, varios episodios recientes han traspasado una frontera muy diferente: criadores han acudido con cachorros para ofrecerlos a cambio de cartas.
Uno de los casos fue registrado durante una retransmisión de la coleccionista conocida como Pickleqw33n. Un hombre se acercó con varios cachorros de bulldog francés y explicó que estaban a la venta. Al preguntarle su precio, señaló 4.000 dólares y aseguró que aceptaría una carta como intercambio. La coleccionista rechazó la propuesta y cuestionó públicamente que pudiera entregarse de esa manera un ser vivo sin conocer siquiera el hogar al que iría: “Me parece poco ético. ¿Cómo sabes que la persona a la que se lo das le dará un buen hogar? Estás cambiando cartón por un animal vivo”, le dijo la coleccionista al criador.
Otros testimonios apuntan a que no sería un caso aislado
La escena podría parecer una anécdota extravagante vinculada al auge del coleccionismo, pero otros testimonios apuntan a que no habría sido un episodio único. Otro comerciante relató haber recibido previamente una propuesta semejante por un bulldog francés al que su criador atribuía un valor de 10.000 dólares.
Según recoge IGN, medio digital especializado en videojuegos y entretenimiento fundado en Estados Unidos en 1996, el hombre aseguró que realizaba este tipo de operaciones en cada convención de coleccionistas y afirmó que en un encuentro celebrado en Nueva Jersey había obtenido 12.000 dólares por un perro.
Las imágenes generaron numerosas críticas y también peticiones para que los organizadores de convenciones de cartas impidan que se lleven animales con el propósito de utilizarlos en esta clase de operaciones. El problema no reside solamente en que resulte insólito cambiar un perro por una carta. Lo preocupante es la lógica que subyace a la operación: atribuir al cachorro un valor económico y entregarlo a quien posea un objeto considerado equivalente, sin que aparentemente exista una evaluación previa de su capacidad para cuidarlo.
Precisamente ahí aparece la diferencia esencial entre una carta coleccionable y un perro. La primera puede comprarse, venderse o intercambiarse sin que su destino tenga consecuencias para ella. Un cachorro, en cambio, siente, necesita cuidados veterinarios, alimentación, socialización, ejercicio y atención durante toda su vida.
Los animales no son objetos que puedan intercambiarse
La polémica sirve para recordar un cambio que se ha producido durante las últimas décadas tanto en la sensibilidad social como en diferentes legislaciones: reconocer que los animales no pueden recibir exactamente el mismo tratamiento que los objetos.
España ofrece un ejemplo especialmente claro. Desde la reforma del Código Civil aprobada mediante la Ley 17/2021, los animales son jurídicamente “seres vivos dotados de sensibilidad”. Aunque determinados aspectos patrimoniales continúan regulándose mediante normas aplicables a los bienes, estas solo pueden utilizarse cuando sean compatibles con la naturaleza del animal y con las disposiciones destinadas a protegerlo.
Esto no significa que en España no puedan venderse animales. Significa que una transmisión está sometida a condiciones precisamente porque aquello que se entrega no es una mercancía cualquiera. La Ley 7/2023 establece, por ejemplo, que la venta de perros, gatos y hurones solo puede realizarse directamente desde un criador registrado y exige un contrato escrito. El animal debe estar identificado y el comprador tiene que recibir información sobre su origen, edad, características y necesidades de cuidado.
La cesión gratuita tampoco equivale a entregar informalmente un objeto: debe acompañarse de un contrato de cesión y existen requisitos relacionados con la identificación y la edad del animal.
Encontrar un buen hogar también forma parte de la responsabilidad de un criador
El caso de las cartas Pokémon plantea además otra cuestión importante: qué ocurre antes de que un cachorro llegue a una familia. La responsabilidad de un criador no debería terminar cuando recibe dinero —o cualquier otro elemento de valor— a cambio del animal. Una entrega responsable exige preocuparse por las condiciones en las que vivirá.
Este aspecto adquiere todavía más relevancia ante el crecimiento de canales que facilitan operaciones rápidas. La organización internacional FOUR PAWS advierte sobre los problemas asociados al comercio de cachorros a través de redes sociales, donde resulta difícil comprobar el origen de los animales o las condiciones en las que fueron criados. Investigaciones de la organización han encontrado cachorros procedentes de entornos insalubres, separados prematuramente de sus madres o con problemas sanitarios.
Nada permite concluir únicamente a partir de los vídeos que los cachorros ofrecidos en las convenciones procedieran de situaciones semejantes. El problema concreto es otro: presentar a un perro como moneda de cambio normaliza una relación en la que su valor parece depender fundamentalmente de aquello que puede obtenerse a cambio.
Adoptar, comprar o recibir un animal supone incorporar a la familia un ser vivo que dependerá durante años de las decisiones humanas. Por eso, más allá de la espectacularidad de cambiar un cachorro por una carta Pokémon, estos episodios recuerdan algo mucho más sencillo: los animales pueden formar parte de determinadas transacciones reguladas, pero nunca deberían ser tratados como cosas que pasan de unas manos a otras sin considerar su bienestar y su futuro.
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