España marca un antes y un después: reconoce por primera vez que los perros y gatos también forman parte de los vínculos más importantes de nuestra vida

 
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 16 septiembre 2026

Durante décadas, perros y gatos fueron contemplados por las administraciones fundamentalmente desde perspectivas como la tenencia, la protección o la salud pública. Sin embargo, la manera de entender nuestra relación con ellos está cambiando. España acaba de incorporar un elemento hasta ahora inédito en una estrategia estatal: reconocer que los vínculos afectivos con los animales de compañía pueden desempeñar un papel dentro de la red relacional de las personas.

La novedad aparece en el Marco Estratégico Estatal de las Soledades 2026-2030, aprobado por el Consejo de Ministros el pasado 24 de febrero. No significa que perros y gatos adquieran un nuevo estatus jurídico equiparable al de las relaciones humanas, pero sí supone que las políticas destinadas a combatir la soledad empiezan a tener en cuenta una realidad que millones de hogares conocen bien: para muchas personas, convivir con un animal constituye una relación afectiva importante.

Los vínculos con animales de compañía ya forman parte de la estrategia contra la soledad

El Marco Estratégico Estatal de las Soledades 2026-2030 es la primera estrategia española de ámbito estatal específicamente dedicada a este fenómeno. Parte de una idea fundamental: la soledad no deseada no afecta únicamente a las personas mayores ni depende exclusivamente de decisiones individuales, sino que puede aparecer en diferentes momentos de la vida y estar condicionada por factores sociales, económicos o territoriales.

Según el Ministerio de Derechos Sociales, el 20 % de la población española experimenta soledad no deseada y dos tercios de quienes la padecen se encuentran en una situación de soledad crónica.

Dentro de sus líneas de actuación aparece una referencia especialmente relevante para quienes conviven con animales. El documento plantea el “reconocimiento del papel que pueden desempeñar los vínculos significativos en la vida cotidiana”, incluyendo expresamente “los vínculos afectivos con animales de compañía”, y propone favorecer entornos comunitarios que permitan mantenerlos de forma responsable y respetuosa.

Jaume Fatjó, veterinario y director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona, participó como experto en la elaboración del Marco. Para el especialista, esta inclusión supone una constatación institucional de la función afectiva y de apoyo que los animales pueden desempeñar durante distintas etapas de nuestra vida.

El matiz es importante. El documento no afirma que tener un perro o un gato sea un tratamiento contra la soledad, ni que los animales puedan sustituir las relaciones humanas. Lo que reconoce es que determinados vínculos humano-animal forman parte de la realidad afectiva y social de las personas y, por tanto, no deberían ignorarse al diseñar políticas públicas.

Perros y gatos aportan compañía y rutinas que pueden aliviar la soledad

La ciencia lleva años estudiando esta cuestión y los resultados aconsejan evitar afirmaciones absolutas. Una revisión sistemática publicada en Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology analizó 24 investigaciones sobre animales de compañía, soledad y aislamiento social. Entre los adultos, varios trabajos relacionaban la convivencia con animales con un menor aislamiento social, mientras que los resultados sobre la soledad eran más heterogéneos.

Por tanto, adoptar un animal no constituye una solución automática contra la soledad. La relación depende de numerosos factores: el vínculo establecido, las circunstancias personales, la capacidad para proporcionar cuidados adecuados y las características del propio animal.

Sin embargo, existen mecanismos que ayudan a comprender por qué esta convivencia puede resultar beneficiosa. Un animal introduce rutinas, interacción cotidiana y responsabilidades; en el caso de los perros, los paseos también pueden aumentar las oportunidades de contacto con otras personas. Numerosos estudios señalan un posible efecto protector frente a la soledad, aunque los autores recuerdan que todavía existen aspectos insuficientemente investigados.

Hay otro dato interesante: tras estudiar mediante evaluaciones repetidas durante cinco días a 188 personas que convivían con perros o gatos, investigadores norteamericanos encontraron a principios de este año que las interacciones con sus animales estaban asociadas con un mayor afecto positivo y un menor afecto negativo, sin diferencias fundamentales entre ambas especies.

Proteger a las personas vulnerables también implica proteger sus vínculos con animales

El reconocimiento puede adquirir especial importancia cuando una persona atraviesa situaciones de vulnerabilidad. Una hospitalización prolongada, el ingreso en una residencia, la pérdida de la vivienda o una situación de sinhogarismo pueden provocar que alguien tenga que separarse de su animal precisamente en un momento especialmente difícil.

Incorporar esta realidad a las políticas sociales abre la posibilidad de diseñar recursos capaces de proteger simultáneamente el bienestar de las personas y de los animales, por ejemplo mediante alojamientos que permitan permanecer con ellos, redes temporales de cuidado o apoyos que eviten separaciones innecesarias.

No se parte completamente de cero. Desde la reforma del Código Civil de 2021, la legislación española establece que los animales son “seres vivos dotados de sensibilidad” y exige que sus responsables garanticen su bienestar conforme a las características de cada especie.

El nuevo Marco da un paso diferente: no se centra solamente en lo que los humanos debemos proporcionar a los animales, sino también en el lugar que la relación con ellos puede ocupar en nuestra propia vida. Eso no convierte a perros y gatos en herramientas destinadas a satisfacer necesidades humanas. Al contrario, cualquier política que proteja este vínculo deberá hacerlo garantizando también sus necesidades físicas, emocionales y sociales.

El cambio puede parecer pequeño porque comienza con unas líneas dentro de un documento de 152 páginas. Pero introduce una idea con consecuencias importantes: para comprender cómo viven las personas y qué relaciones sostienen su bienestar, las administraciones empiezan a aceptar que, en muchos hogares, también hay vínculos significativos que tienen cuatro patas.

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