Federica, educadora canina: “Esa famosa cara de culpa que ponen cuando hacen algo mal en realidad no significa lo que tú crees”

 
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 27 junio 2026

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Llegas a casa después de varias horas fuera. Encuentras un cojín destrozado, una zapatilla mordisqueada o un charco en el suelo. Entonces aparece la escena que millones de personas conocen bien: el perro baja la cabeza, echa las orejas hacia atrás, evita la mirada y adopta una postura encogida. Para muchos, no hay duda posible: "Sabe perfectamente que ha hecho algo mal".

Sin embargo, la educadora canina Federica, que tiene más 25 mi seguidores en su cuenta de Instagram Educación Canina Respetuosa, sostiene que esa interpretación es errónea. "Esa famosa cara de culpa que ponen cuando hacen algo mal en realidad no significa lo que tú crees", explica en una publicación divulgativa sobre comportamiento canino.

Según esta especialista, las señales que muchos humanos interpretan como arrepentimiento son en realidad respuestas al enfado o la tensión que perciben en la persona que tienen delante.

"Tu perro está respondiendo a tu tono de voz enojado, a tu postura corporal rígida y a tu estado emocional", señala. En otras palabras, el animal no estaría pensando en la travesura que cometió horas antes, sino reaccionando a lo que ocurre en ese momento.

Tu perro no se siente culpable por romper algo: está reaccionando a tu enfado

La ciencia lleva años estudiando este fenómeno. Uno de los trabajos más conocidos fue realizado por la investigadora estadounidense Alexandra Horowitz, del Barnard College de Nueva York. En un estudio publicado en la revista Behavioural Processes, Horowitz analizó la llamada "mirada culpable" en perros domésticos y llegó a una conclusión reveladora: los animales mostraban esas expresiones principalmente cuando eran reprendidos por sus propietarios, independientemente de que hubieran cometido o no la conducta prohibida.

En el experimento, algunos perros obedecían la orden de no comer una golosina mientras sus tutores estaban ausentes y otros no. Al regresar, los propietarios no siempre recibían información correcta sobre lo que había ocurrido. Los resultados mostraron que la expresión que los humanos identifican como culpa aparecía sobre todo cuando el perro era regañado, incluso si no había hecho nada incorrecto.

La ciencia matiza la “culpa” de los perros: no sienten remordimiento como los humanos

La respuesta corta es que los científicos no tienen evidencias sólidas de que experimenten la culpa de la misma manera que los seres humanos.

La culpa es considerada una emoción compleja porque implica evaluar una conducta propia a la luz de normas sociales o morales. Requiere cierto grado de autoconciencia y reflexión sobre las consecuencias de los propios actos.

Aunque la investigación ha demostrado que los perros poseen capacidades cognitivas sorprendentes y una notable inteligencia social, muchos expertos consideran que atribuirles emociones humanas complejas puede llevar a errores de interpretación.

El primatólogo y etólogo neerlandés Frans de Waal advierte sobre el riesgo de interpretar el comportamiento animal únicamente desde una perspectiva humana. Los perros sienten miedo, alegría, frustración, excitación o apego, pero eso no significa necesariamente que experimenten culpa o remordimiento en el sentido humano del término.

Lo que sí está ampliamente documentado es su extraordinaria capacidad para leer las emociones de las personas. Diversos estudios han demostrado que los perros son capaces de detectar expresiones faciales, cambios en la voz e incluso alteraciones fisiológicas asociadas al estrés o al estado de ánimo.

Desviar la mirada, bostezar o lamerse el hocico: lo que tu perro intenta decirte cuando le regañas

Las conductas descritas por Franca encajan con lo que la etóloga noruega Turid Rugaas denominó "señales de calma" o "señales de apaciguamiento" en su libro El lenguaje de los perros.

Entre ellas se encuentran desviar la mirada, girar la cabeza, lamerse el hocico, bostezar, moverse lentamente, encoger el cuerpo o adoptar posturas menos amenazantes. Son herramientas de comunicación que los perros utilizan para intentar reducir tensiones y evitar conflictos.

Cuando un tutor entra en casa enfadado y comienza a levantar la voz, el perro puede interpretar que existe una situación de conflicto social. Sus respuestas corporales buscan precisamente disminuir esa tensión y recuperar una interacción segura.

Interpretar estas señales como una confesión de culpabilidad resulta engañoso. En realidad, el perro estaría diciendo algo mucho más simple: "No me siento cómodo con esta situación" o "quiero evitar un conflicto".

Los veterinarios coinciden: regañar tarde a tu perro no sirve y puede dañar vuestra relación

La mayoría de los veterinarios especialistas en comportamiento coinciden en que los castigos tardíos son ineficaces.

Los perros aprenden principalmente mediante asociaciones entre conductas y consecuencias. Para que esa asociación funcione, la consecuencia debe producirse prácticamente de inmediato. Si el destrozo ocurrió tres horas antes y el tutor lo descubre al volver a casa, el animal difícilmente relacionará el enfado con la acción concreta.

Lo que sí asociará será la llegada de su persona de referencia con una experiencia desagradable. Repetido en el tiempo, este patrón puede generar estrés, inseguridad e incluso deteriorar la confianza entre el perro y su familia.

La Asociación Americana de Medicina Veterinaria (AVMA) y la Asociación de Entrenadores Profesionales de Perros (APDT) recomiendan priorizar métodos basados en el refuerzo positivo frente a castigos o correcciones tardías.

Lo mejor es investigar la causa del mal comportamiento: un perro que destruye objetos cuando se queda solo puede estar aburrido, tener necesidades de ejercicio no cubiertas, carecer de estimulación mental o, en algunos casos, sufrir ansiedad por separación.

Entre las medidas más recomendadas se encuentran aumentar los paseos diarios, ofrecer juguetes interactivos, utilizar juegos de olfato, reforzar las conductas adecuadas y establecer rutinas previsibles.

Si el problema persiste, conviene consultar con un veterinario especializado en comportamiento o con un educador canino que trabaje con métodos respetuosos.

Para Federica, que ya acumula mucha experiencia como educadora canina, la clave está en aprender a observar. "Al saber observar a tu perro y leer correctamente su lenguaje mejorarás considerablemente tu vínculo con él", sostiene.

Entender qué intenta comunicar realmente el animal no solo ayuda a educarlo mejor, sino que también permite prevenir conflictos y construir una relación basada en la confianza.

La próxima vez que aparezca esa supuesta "cara de culpa", entonces, piensa que el animal está intentando por sobre todas las cosas mantener la armonía con la persona más importante para él y evita castigos innecesarios.

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