Juan Manuel Liquindoli, educador canino: “Olvida las caminatas largas en verano con tu perro, el paseo debe ser corto y respetando sus paradas de descanso”
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Las tardes de verano pueden parecer más agradables cuando el sol empieza a bajar, pero eso no significa que las condiciones sean seguras para todos los perros. El educador canino argentino Juan Manuel Liquindoli ha lanzado una advertencia que coincide con las recomendaciones de numerosos veterinarios: durante los meses más calurosos del año conviene reducir la intensidad de los paseos y prestar mucha atención a las señales que envía el animal.
“Los golpes de calor pueden ser muy peligrosos, explica Liquindoli. Por eso insiste en que el horario es uno de los factores más importantes a tener en cuenta. “En los horarios del final de la tarde, cuando parece que ya bajó el sol, muchas veces sigue haciendo un calor intenso. Es muy importante elegir bien los horarios y que los perros tengan siempre sombra disponible”, señala.
El especialista también cuestiona una idea muy extendida entre muchos tutores: la de que un buen paseo debe implicar recorrer largas distancias. “No es una época del año para exigirnos y decir 'salgo de casa y tengo que caminar cuatro horas'. Los paseos en esta época no son tanto por recorrido, sino que nos amoldamos a la necesidad del perro”, afirma.
En ese sentido, recomienda observar atentamente el comportamiento del animal durante la caminata. “Si el perro en algún momento se frena en el paseo porque necesita acostarse o descansar, respeto ese descanso del perro. Nos frenamos el tiempo que necesite”. Para Liquindoli, obligar al perro a continuar cuando está mostrando señales de fatiga puede incrementar considerablemente el riesgo de sufrir problemas relacionados con el calor.
Los perros soportan peor el calor que las personas
La advertencia tiene una sólida base fisiológica. Los perros regulan la temperatura corporal de forma muy diferente a los seres humanos. Mientras que las personas eliminan calor principalmente mediante la sudoración, los perros dependen sobre todo del jadeo para disipar el exceso de temperatura.
La Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA) explica que este sistema resulta mucho menos eficiente cuando las temperaturas ambientales son elevadas o cuando existe una humedad alta. En esas circunstancias, el organismo puede tener dificultades para enfriarse adecuadamente y aumentar el riesgo de hipertermia. El golpe de calor, hay que tenerlo muy en cuenta, constituye una emergencia médica potencialmente mortal que requiere atención inmediata.
El ejercicio intenso aumenta el riesgo de golpe de calor
La ciencia ha identificado claramente la actividad física intensa como uno de los principales factores asociados al golpe de calor canino.
Una investigación publicada en la revista Scientific Reports analizó cientos de casos y concluyó que el ejercicio realizado en ambientes calurosos figura entre los desencadenantes más frecuentes de esta emergencia veterinaria.
Los investigadores observaron además que algunos grupos presentan una vulnerabilidad especial. Entre ellos se encuentran los perros braquicéfalos, como bulldogs franceses, carlinos o bóxers, cuya anatomía dificulta la ventilación eficaz. También tienen mayor riesgo los cachorros, los perros mayores, los animales con obesidad y aquellos que padecen enfermedades cardíacas o respiratorias.
Por este motivo, Liquindoli va un paso más allá y recomienda evitar actividades que normalmente podrían formar parte de la rutina de ejercicio. “Ni andar en bicicleta ni salir a correr con el perro cuando hace este calor”, resume.
Así debe ser un paseo seguro en verano
Los veterinarios coinciden en que los mejores momentos para pasear suelen ser las primeras horas de la mañana y las últimas de la noche, cuando las temperaturas son más bajas.
Durante las horas centrales del día, las salidas deberían limitarse a recorridos breves destinados principalmente a que el perro haga sus necesidades. También es importante buscar itinerarios con abundante sombra y evitar superficies que acumulen calor.
El asfalto representa uno de los principales riesgos. La organización británica PDSA recuerda que una acera expuesta al sol puede alcanzar temperaturas muy superiores a las del aire y provocar quemaduras en las almohadillas.
Una prueba sencilla consiste en apoyar la palma de la mano sobre el suelo durante cinco segundos. Si resulta incómodo para una persona, probablemente también será demasiado caliente para un perro.
Las señales que indican que tu perro necesita descansar
Uno de los aspectos más interesantes de las recomendaciones de Liquindoli es la importancia que concede a escuchar al propio animal.
Muchos perros muestran señales claras cuando el calor empieza a afectarles. Entre ellas se encuentran detenerse repetidamente, buscar sombra, tumbarse durante el paseo, caminar más despacio o mostrarse menos interesados en continuar.
Desde el punto de vista etológico, estas conductas forman parte de mecanismos naturales de autoprotección. Obligar al perro a seguir caminando pese a ellas puede incrementar el estrés físico y dificultar aún más la regulación térmica.
La organización Blue Cross advierte de que los primeros síntomas de un golpe de calor incluyen jadeo excesivo, salivación abundante, lengua muy roja, debilidad, apatía y dificultad para coordinar movimientos. En situaciones graves pueden aparecer vómitos, convulsiones o pérdida de conciencia.
Más olfato y menos kilómetros
Numerosos educadores caninos recuerdan que un paseo satisfactorio no depende exclusivamente de la distancia recorrida. Permitir que el perro explore, huela y procese información del entorno puede ser mucho más enriquecedor que obligarlo a caminar largas distancias.
De hecho, varias investigaciones sobre bienestar animal han mostrado que las actividades de olfato contribuyen a reducir el estrés y favorecen la estimulación mental. Durante el verano, juegos de búsqueda, alfombras olfativas o ejercicios de enriquecimiento ambiental realizados en lugares frescos pueden complementar la actividad física sin exponer al animal a riesgos innecesarios.
El mensaje de Juan Manuel Liquindoli resume una idea respaldada tanto por la experiencia práctica como por la evidencia científica: cuando llegan las altas temperaturas, el objetivo no debe ser caminar más, sino caminar mejor.
Elegir bien los horarios, buscar sombra, respetar las pausas y observar las señales del perro son medidas sencillas que pueden evitar problemas graves y ayudar a que el verano sea una época segura para nuestros compañeros de cuatro patas.
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