La aventura del español Roberto Sastre y sus dos perritas: 31 países africanos, un velero por el mar Rojo y una promesa intacta
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Llevan más de dos años y medio recorriendo África, han cruzado 31 países, navegaron durante 21 días por el mar Rojo y ahora buscan regresar a España sin avión. La historia de Roberto Sastre y sus perras Cocaí y Chai se ha convertido en una de las aventuras viajeras más singulares que se recuerden.
Viajar con perros implica algunas exigencias logísticas. Billetes, cuarentenas, documentación veterinaria y restricciones de transporte hacen que muchas personas renuncien a compartir grandes aventuras con sus animales. Roberto Sastre decidió hacer exactamente lo contrario.
Este biólogo, escritor y viajero español lleva más de una década recorriendo el mundo acompañado por sus perras. Su último proyecto, iniciado en octubre de 2023, consistía en atravesar África sin utilizar aviones. Hoy, tras recorrer 31 países africanos, alcanzar las pirámides de Giza y cruzar el mar Rojo en velero, continúa intentando regresar a España sin romper una promesa que hizo hace años.
Las verdaderas protagonistas del viaje: dos perras adoptadas y una promesa
Aunque Roberto suele aparecer como la cara visible de la expedición, insiste en que la aventura gira alrededor de sus dos compañeras. Cocaí es la veterana del grupo. Fue adoptada años atrás y es la perra a la que Roberto hizo una promesa que acabaría marcando el rumbo de toda la expedición.
Cuando ambos regresaron de América a España a finales de 2017, Sastre le prometió a la perra que nunca volvería a hacerla viajar en avión. "La miré a los ojos y sellamos el juramento", recordó en una en trevistsa reciente.
La segunda integrante es Chai, una perra adoptada en India que, según cuenta el propio viajero, jamás ha subido a un avión desde que llegó a su vida.
Aunque Roberto no suele centrar el relato en la edad exacta de sus perras, sí destaca constantemente su capacidad de adaptación y resistencia. Durante el viaje las ha visto convivir con climas extremos, atravesar desiertos, navegar por alta mar y relacionarse con perros de decenas de culturas diferentes. "No existen perras más valientes, estoicas y buenas", afirmó al recordar la travesía por el mar Rojo.
Lo que diferencia esta historia de otras aventuras viajeras es que no se trata únicamente de recorrer kilómetros. Roberto ha explicado varias veces que el objetivo principal es evitar el transporte aéreo para sus perras. "Para mí era lo más importante. Iba más allá de evitar su sufrimiento y un posible susto: había una promesa en juego", ha remarcado.
La decisión condicionó completamente la ruta. En lugar de utilizar vuelos internos, el grupo cruzó el continente por carretera, autobuses, camiones, ferris y embarcaciones improvisadas.
Según relata el viajero, la parte más complicada llegó al alcanzar Etiopía. La guerra en Sudán bloqueó la ruta terrestre hacia Egipto y durante algún tiempo creyó que tendría que incumplir el compromiso adquirido con Cocaí. "Por primera vez pensé que quizá fallaría a la promesa", admitió. Sin embargo, acabó encontrando una alternativa inesperada.
La anécdota más sorprendente de toda la expedición ocurrió en Djibouti. Tras pasar dos semanas buscando una solución para continuar el viaje, Roberto encontró a un navegante austríaco llamado Christoph que aceptó llevarlos en un velero de diez metros hasta Egipto. Lo que inicialmente parecía un trayecto relativamente corto terminó convirtiéndose en una travesía de 2.500 kilómetros y 21 días de navegación.
La principal preocupación era cómo gestionar la vida cotidiana de dos perros en alta mar. Roberto improvisó una zona para que hicieran sus necesidades utilizando césped artificial y observó atentamente posibles problemas de mareo.
Según contó en entrevistas a distintos medios, Chai vomitó el primer día, aunque después ambas se adaptaron con rapidez a la vida a bordo. "Comiendo y bebiendo como siempre, además", resaltó.
Las imágenes de Cocaí y Chai observando el horizonte desde el velero o descansando en el camarote se convirtieron en algunas de las más compartidas por la comunidad de Instagram Viajeros Perrunos, que sigue la aventura desde distintos países.
El regreso a España, el último gran reto de Roberto, Cocaí y Chai
La expedición no se limitó a acumular kilómetros. Durante el recorrido, Roberto visitó refugios de animales en ocho países africanos y utilizó sus redes sociales para dar visibilidad a organizaciones locales que trabajan con recursos muy limitados.
Además, consiguió movilizar donaciones de seguidores para apoyar a algunas de estas entidades. El viajero también destaca constantemente la relación que sus perras han establecido con otros animales durante el camino.
Roberto asegura que tanto él como sus perras se sintieron bienvenidos prácticamente en todos los países visitados. "El africano se caracteriza por su amabilidad y hospitalidad", afirmó.
Paradójicamente, el momento más complicado de la aventura puede estar produciéndose ahora. Después de alcanzar Egipto, Roberto sigue buscando una forma de volver a España sin utilizar transporte aéreo. Entre las opciones que estudia figura una larga ruta terrestre que pasaría por Jordania, Siria o Irak antes de llegar a Turquía y posteriormente a Europa.
Mientras tanto, mantiene intacta la filosofía que ha guiado todo el proyecto. "Tan cerca y tan lejos", resume al describir la situación actual.
Más allá de la espectacularidad del recorrido, la historia de Cocaí y Chai ofrece una imagen poco habitual de la relación entre personas y animales. Más que simples acompañantes de viaje, estas dos perras se han transformado en integrantes de pleno derecho de una expedición que ha cruzado continentes enteros.
En una época marcada por la velocidad, los vuelos de bajo coste y la inmediatez, Roberto Sastre eligió una ruta mucho más lenta y complicada para cumplir una promesa hecha a una perra. Y esa decisión terminó convirtiéndose en una de las aventuras caninas más extraordinarias de los últimos años.
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