La ‘hormona del amor’ también se activa con cada mirada o caricia a tu perro o gato, según la ciencia

 
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 30 marzo 2026
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Durante mucho tiempo se pensó que cuando decimos que nuestras mascotas “nos quieren”, en realidad somos nosotros quienes interpretamos su comportamiento con emociones humanas. Sin embargo, la ciencia lleva más de una década desmontando esa sospecha: el vínculo entre las personas y los animales de compañía tiene una base biológica concreta. Y en el centro de este fenómeno aparece una protagonista bien conocida: la oxitocina.

Esta hormona, relacionada con el apego, la confianza y los vínculos sociales, se libera en los humanos durante experiencias como el contacto físico, la maternidad o las relaciones afectivas. Pero lo sorprendente es que ese mismo mecanismo también se activa cuando interactuamos con nuestros perros y, aunque en menor medida, también con otros animales domésticos.

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Mirar a tu perro activa la “hormona del amor”, según la ciencia

Uno de los hallazgos más relevantes en este campo llegó con un estudio publicado en la revista Science en 2015. Investigadores japoneses demostraron que el simple contacto visual entre un perro y su tutor provoca un aumento de oxitocina en ambos.

Este fenómeno funciona como un “bucle biológico”: el perro mira al humano, el humano libera oxitocina, lo que refuerza la conducta afectiva hacia el animal, que a su vez intensifica el vínculo.

No se trata de algo anecdótico. Según otra revisión científica, la oxitocina juega un papel central en la formación del apego entre humanos y perros, activando conductas sociales positivas y fortaleciendo la relación entre ambas especies.

No es solo amor, es evolución conjunta

El enfoque mediático suele simplificar este fenómeno bajo la etiqueta de “hormona del amor”. Pero los investigadores apuntan a algo más complejo: una relación moldeada durante miles de años de convivencia.

El perro fue la primera especie domesticada por el ser humano, y ese proceso implicó adaptaciones cognitivas y emocionales. Entre ellas, la capacidad de comunicarse mediante la mirada, algo que no ocurre de la misma forma en lobos.

Esa habilidad no es menor: permite activar los mismos circuitos neurobiológicos que regulan el vínculo entre madre e hijo. De hecho, varios estudios comparan directamente ambos procesos.

Según la literatura científica, este “puente hormonal” explica por qué los perros no solo conviven con humanos, sino que se integran en sus dinámicas emocionales.

El papel del contacto físico y la convivencia

No hace falta una interacción compleja para activar este mecanismo. Acciones cotidianas como acariciar al perro, jugar con él o simplemente compartir tiempo pueden aumentar los niveles de oxitocina.

Un estudio más reciente financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil de Estados Unidos demostró que los niños generan más oxitocina cuando interactúan con su perro que cuando juegan solos y que el efecto es aún mayor si el animal es el suyo propio.

Esto refuerza la idea de que el vínculo no es genérico, sino individual: cada relación humano-animal desarrolla su propia intensidad emocional.

Beneficios reales: menos estrés y más bienestar gracias a tu mascota

El impacto de esta conexión no es solo emocional. También tiene efectos medibles en la salud. Existen estudios que muestran que la interacción con mascotas puede reducir los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y mejorar indicadores de bienestar físico y psicológico

La explicación es clara: la oxitocina no solo genera apego, sino que actúa como modulador del estrés y favorece estados de calma y seguridad.

Por eso, justamente, el vínculo con animales se utiliza cada vez más en terapias asistidas, especialmente en niños y personas con trastornos emocionales.

¿Y los gatos? Un vínculo distinto, pero real

Aunque la mayoría de los estudios se centran en perros, la ciencia empieza a explorar también el vínculo con gatos.

En este caso, la interacción es menos dependiente de la mirada y más sutil, pero también puede activar respuestas hormonales asociadas al apego. La diferencia radica en la forma: mientras el perro busca activamente la conexión, el gato la regula.

Esto no implica que el vínculo sea menor, sino distinto. Más independiente, pero igualmente significativo desde el punto de vista emocional.

Una relación que cambia nuestra forma de vivir

El auge de los animales de compañía en las últimas décadas ha intensificado el interés científico por este fenómeno. Ya no se trata solo de compañía: las mascotas se han convertido en agentes activos del bienestar humano.

Según la Fundación Affinity, convivir con animales mejora el equilibrio emocional y refuerza la capacidad de establecer vínculos sociales.

En ese sentido, la oxitocina no es solo una explicación biológica, sino una puerta de entrada a algo más amplio: entender por qué la relación con los animales ocupa hoy un lugar central en nuestras vidas. Actúa como un lenguaje común entre especies, una señal química que traduce la interacción en vínculo. Y aunque todavía quedan preguntas abiertas, la evidencia apunta en una dirección clara: el lazo entre humanos y animales no es superficial, sino profundo, medible y, en muchos sentidos, esencial.

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Bibliografía
  • Marshall-Pescini, S., Schaebs, F. S., Gaugg, A., Meinert, A., Deschner, T., & Range, F. (2019). The Role of Oxytocin in the Dog-Owner Relationship. Animals : an open access journal from MDPI, 9(10), 792. https://doi.org/10.3390/ani9100792
  • Díaz Videla, Marcos, & López, Pablo Adrián. (2017). La oxitocina en el vínculo humano-perro: Revisión bibliográfica y análisis de futuras áreas de investigación. Interdisciplinaria, 34(1), 73-90. Recuperado en 30 de marzo de 2026, de https://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1668-70272017000100005&lng=es&tlng=es.
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