La Ley de Bienestar Animal es clara: estos son los únicos casos en los que se puede practicar la eutanasia a un perro o un gato
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La aprobación de la Ley 7/2023 de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales supuso uno de los cambios más importantes en la normativa española sobre mascotas. Entre sus disposiciones más relevantes figura la regulación de la eutanasia en perros y gatos, una cuestión que sigue generando dudas entre muchos propietarios.
La norma establece un principio conocido como "sacrificio cero", que prohíbe la eliminación de animales de compañía por razones económicas, de espacio, sobrepoblación, edad avanzada, abandono o problemas de comportamiento que puedan tratarse o reconducirse.
La eutanasia únicamente puede justificarse cuando exista un sufrimiento grave, continuado e irreversible que comprometa de forma severa la calidad de vida del animal.
En otras palabras, ya no basta con la decisión del propietario. La ley exige una valoración clínica y una certificación veterinaria que acredite que no existe una alternativa razonable para evitar el sufrimiento del perro o del gato.
La ley aclara en qué casos no se puede practicar la eutanasia a una mascota
La propia Ley 7/2023 define la eutanasia como una muerte provocada mediante intervención veterinaria, utilizando métodos clínicos indoloros y no crueles, con el objetivo de evitar un sufrimiento inútil derivado de una enfermedad o padecimiento grave sin posibilidad de cura. Además, esa situación debe quedar certificada por profesionales veterinarios.
La norma también especifica qué situaciones no pueden justificar la eutanasia. Quedan expresamente excluidos los motivos económicos, la falta de espacio en refugios o protectoras, la imposibilidad de encontrar adoptante, la edad avanzada por sí sola o enfermedades que todavía dispongan de tratamientos curativos o paliativos eficaces.
Según aclaró posteriormente la Dirección General de Derechos de los Animales junto con la Organización Colegial Veterinaria, el criterio clínico corresponde exclusivamente al veterinario, que debe evaluar cada caso de forma individual.
Qué situaciones de salud pueden justificar una eutanasia, según los veterinarios
Los veterinarios suelen considerar esta opción cuando el animal presenta dolor crónico incontrolable, enfermedades terminales avanzadas, insuficiencias orgánicas irreversibles o procesos degenerativos que provocan un deterioro severo de su bienestar.
El objetivo no es adelantar la muerte de un animal que aún puede disfrutar de una calidad de vida aceptable, sino evitar un sufrimiento que ya no puede aliviarse mediante tratamientos médicos o cuidados paliativos.
El veterinario español Alfredo Molina explicó recientemente que la legislación española es clara: la eutanasia solo puede practicarse cuando exista sufrimiento severo e irreversible y siempre bajo criterio veterinario, utilizando procedimientos humanitarios destinados a evitar dolor innecesario.
Por qué la eutanasia de una mascota exige ahora documentación clínica y control veterinario
La nueva normativa ha reforzado la responsabilidad profesional de los veterinarios en este ámbito.
El Colegio de Veterinarios de Asturias recordó, tras la entrada en vigor de la ley, que la eutanasia "solamente estará justificada bajo criterio y control veterinario" y exclusivamente para evitar sufrimientos derivados de causas no recuperables que comprometan gravemente la calidad de vida del animal.
Además, la decisión debe estar respaldada por la correspondiente documentación clínica. Esto busca evitar interpretaciones arbitrarias y garantizar que la medida se adopte únicamente cuando responda al interés del animal y no a circunstancias externas.
Uno de los principales objetivos de la ley era terminar con prácticas que durante años fueron habituales en numerosos países: el sacrificio de animales sanos debido a la saturación de centros de acogida.
En España, las protectoras ya avanzaban desde hace años hacia modelos de "sacrificio cero", pero la nueva legislación convirtió esa filosofía en una obligación legal. Los animales no pueden ser sacrificados simplemente porque no haya plazas disponibles o porque resulte costoso mantenerlos.
Esta medida ha sido valorada positivamente por numerosas organizaciones de protección animal, aunque también ha generado debates sobre la necesidad de reforzar los recursos destinados a refugios y centros municipales.
Cómo determinan los veterinarios si un perro o un gato sigue teniendo calidad de vida
Los especialistas insisten en que la pregunta fundamental no es cuánto tiempo puede vivir un animal, sino cómo vive ese tiempo.
La medicina veterinaria moderna dispone de cada vez más herramientas para controlar el dolor, mejorar la movilidad y prolongar el bienestar de perros y gatos con enfermedades crónicas. Por ello, la eutanasia suele plantearse únicamente cuando esos recursos dejan de ser eficaces.
Numerosos veterinarios utilizan escalas de calidad de vida que evalúan factores como el dolor, el apetito, la movilidad, la higiene, el descanso y la capacidad de interactuar con su entorno. Cuando la mayoría de estos parámetros se deterioran de forma irreversible, la eutanasia puede convertirse en una opción compasiva orientada a evitar sufrimiento innecesario.
La legislación española sitúa el bienestar del animal en el centro de la decisión. Solo cuando un veterinario certifique que existe un sufrimiento severo, continuado e irreversible, y que no hay alternativas terapéuticas razonables, podrá plantearse esta intervención. El objetivo, según recoge la propia ley, es evitar dolor innecesario y garantizar una muerte digna cuando la medicina ya no puede ofrecer una solución.
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