Curiosidades del mundo animal

La nueva ley que busca acabar con las granjas de pulpos en España: “Sienten dolor y recuerdan el sufrimiento. Mantenerlos en cautividad es destruirlos”

 
Rafa Mingorance
Por Rafa Mingorance, Periodista. 8 mayo 2026
La nueva ley que busca acabar con las granjas de pulpos en España: “Sienten dolor y recuerdan el sufrimiento. Mantenerlos en cautividad es destruirlos”
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El pulpo es un animal solitario que caza de noche. En su hábitat natural ocupa una madriguera, su casa, y la defiende de otros pulpos. Acostumbrado a vivir así, cuando se le mete en un tanque con decenas de ejemplares de su misma especie es como vivir en una pesadilla: no tiene sitio donde esconderse ni territorio que defender y la luz constante le genera un estado de estrés terrible.

El nivel de estrés y angustia que viven los pulpos en cautividad es tan grande, que acaban devorándose entre ellos. Y no es ninguna exageración. Se ha podido comprobar en la granja experimental de Sisal (México). Allí criados, más de la mitad de los pulpos mueren antes de llegar a la edad adulta y casi un tercio de esas muertes son por canibalismo.

La ciencia lleva años advirtiendo de este problema y ahora los legisladores por fin han empezado a tomar medidas. En España, una proposición de ley impulsada por INTERCIDS y apoyada por varias formaciones políticas plantea prohibir la cría industrial de pulpos en todo el país.

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El pulpo es un animal muy inteligente que no está hecho para vivir en cautividad

Al pulpo común (Octopus vulgaris) le gusta vivir en la oscuridad, dentro de una madriguera que puede ser una grieta entre rocas o cualquier refugio disimulado entre las piedras. Sale a cazar de noche y se alimenta sobre todo de cangrejos y de moluscos como almejas y mejillones. Su madriguera no es solo el sitio donde se esconde: es el punto de referencia de su vida. Por eso la defiende, tapa la entrada con piedras y conchas y limpia su interior.

A eso hay que sumarle un comportamiento territorial muy marcado. Cuando dos pulpos se encuentran frente a frente, lo habitual es que se peleen o que uno de los dos acabe huyendo. Y a todo esto se añade que es un animal extremadamente inteligente. Tiene unos 500 millones de neuronas y dos tercios están en los brazos, no en el cerebro central. Necesita tocar, agarrar, abrir, mover cosas. Es como si necesitara pensar con las manos. Encerrarlo en cautividad es negarle todo aquello que el animal necesita para vivir.

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La ciencia confirma que los pulpos sienten dolor y lo recuerdan

Durante décadas, los expertos se han preguntado si los pulpos son capaces de sufrir y nadie lo tenía del todo claro. Los seres humanos sí sabemos lo que es sentir el dolor y recordarlo. Pero cuando se trata de un animal la cosa cambia. Necesitamos una prueba científica que lo demuestre.

Un animal puede apartarse de un estímulo dañino simplemente porque sus nervios disparan una orden automática, igual que tú apartas la mano sin pensar cuando tocas algo muy caliente. A ese reflejo se le llama nocicepción y lo tienen muchísimos seres vivos. Pero sentir el dolor es otra cosa. Implica que el cerebro registra esa señal, la vive como una experiencia desagradable, la guarda en la memoria y modifica el comportamiento del animal para evitar que se repita. Eso ya supone, de alguna manera, cierto grado de conciencia.

Eso es precisamente lo que descubrió un equipo de investigadores de la London School of Economics, en 2021, dirigido por el filósofo y científico Jonathan Birch. Por encargo del Gobierno británico, analizaron más de 300 estudios sobre cefalópodos y crustáceos decápodos en busca de pruebas concretas. Comprobaron, por ejemplo, si tienen receptores del dolor en el cuerpo, si calman el dolor cuando se les administra un anestésico, igual que un mamífero, o si son capaces de aprender a evitar los lugares donde antes han sufrido daño. La conclusión del informe fue clara: los pulpos sienten. Es lo que en términos científicos y legales se conoce como “sintiencia”.

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Por qué científicos y legisladores cuestionan las granjas de pulpos: impacto, contaminación y sobrepesca

El pulpo se alimenta sobre todo de cangrejos, almejas y mejillones. Pero ese tipo de comida no se le puede dar en una granja porque resultaría carísimo de mantener. Así que la industria ha decidido recurrir a alternativas más baratas: sardinas, anchoas y arenques. Con estos pescados se fabrican harinas y aceites que sirven de pienso para los pulpos.

Y ahí es donde aparece el problema. Lo normal es que un pulpo de granja se sacrifique cuando alcanza unos tres kilos de peso. Pero para que alcance ese tamaño, hace falta darle de comer unos nueve kilos de pescado. Estamos hablando de vaciar caladeros enteros de pescado, que ya están sobreexplotados para el consumo humano, solo para alimentar a unos pulpos que se encuentran en cautividad.

Además, cuando metes a miles de pulpos juntos en un tanque, el estrés y el hacinamiento les provocan enfermedades. Para que el negocio funcione, hay que mantenerlos con vida. Por eso les dan antibióticos y antiparasitarios que, una vez en el agua, contaminan la costa cada vez que la granja elimina sus residuos. En este contexto, desde INTERCIDS advierten que “no se pueden ignorar los negativos impactos y daños al océano asociados a la cría y explotación intensiva de estos animales”.

Así que, frente a todo esto, la pregunta que cada vez se hacen más científicos y legisladores es la misma: ¿qué beneficios proporciona una granja industrial de pulpos? Ninguno.

La ley empieza a moverse y España es un caso clave

A raíz del informe elaborado por Birch y su equipo en la London School of Economics, Reino Unido se convirtió, en abril de 2022, en el primer país del mundo en reconocer oficialmente que los cefalópodos son seres sintientes y, por tanto, merecedores de protección desde el punto de vista del bienestar animal.

Dos años después, en marzo de 2024, el estado de Washington aprobó la primera ley del mundo que prohíbe expresamente la cría industrial de pulpos. Y en septiembre de ese mismo año, el estado de California fue todavía mucho más lejos: prohibió tanto la cría como la venta. La ley entró en vigor el pasado 1 de enero de 2025. De hecho, en el Congreso de Estados Unidos hay además una propuesta federal en tramitación, la OCTOPUS Act, y a raíz de ella han aparecido propuestas similares en países como Chile y México.

En España, la propuesta legal se presentó en junio de 2025, cuando Sumar, ERC y Podemos registraron una proposición de ley elaborada por INTERCIDS para prohibir la cría industrial de pulpos en todo el país. Lo que pretende INTERCIDS con esta propuesta es modificar la Ley de Cultivos Marinos para acabar con la explotación intensiva de pulpos, ya que defienden que “sienten dolor y recuerdan el sufrimiento”. Y resaltan: “Mantenerlos en cautividad es destruirlos”.

El proyecto está todavía en tramitación. Y llega justo después de que fracasara el intento de Nueva Pescanova de levantar en el puerto de Las Palmas la primera granja industrial de pulpos del mundo.

El proyecto, anunciado en 2021, contemplaba una inversión de 65 millones de euros para producir 3.000 toneladas de pulpo al año. Pero la fábrica nunca llegó a construirse. Los informes medioambientales, la imposibilidad de garantizar la cría de pulpos sanos y la propia crisis financiera de Nueva Pescanova, con pérdidas millonarias y un ERE sobre 90 trabajadores, llevaron el negocio al traste. En octubre de 2024, la Autoridad Portuaria de Las Palmas confirmó oficialmente que el proyecto estaba muerto.

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La gran pregunta que la ley no responde: ¿deberíamos consumir pulpo?

En España nos gusta mucho comer pulpo. De hecho, hay muchísimas recetas en las que el pulpo es protagonista. Somos también el país del mundo que más pulpo importa para su consumo y, quizás por esa razón, íbamos a ser los primeros en producirlo de forma industrial. La proposición de ley llega ahora para impedir esto último. Pero queda pendiente la gran cuestión. Si la ciencia ha demostrado que el pulpo siente, sufre y aprende a evitar el sufrimiento, la pregunta deja de ser solo si conviene o no criarlo en granjas. Tendríamos que plantearnos también si conviene convertir a este animal en un producto de consumo.

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