¿Las gatas carey tienen más carácter? Lo que dice la ciencia sobre el mito del 'tortitude'
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En el mundo anglosajón, el término 'tortitude' —unión de tortoiseshell (carey) y attitude (actitud)— se ha popularizado para definir el supuesto carácter fuerte y algo rebelde de las gatas carey. Sin embargo, ¿qué hay de cierto en esta creencia?
Estas felinas, también llamadas tortuga, ya que su peculiar coloración puede evocar los diseños de los caparazones de las tortugas carey, destacan por su peculiar manto. Está formado por los tres colores básicos de los gatos, que son el negro, el predominante, el naranja y el blanco, en distintas tonalidades y entremezclados de manera irregular, lo que dibuja patrones únicos, es decir, cada gata será distinta.
No son una raza, sino una coloración que pueden tener ejemplares de diferentes razas o pelajes: con pelo corto, largo o semilargo. Tiene base genética, que es lo que también determina que casi todos estos gatos sean hembras, pero no está claro que poseer estos genes afecte a la personalidad. Lo que sí sabemos seguro es que su hermosa coloración ha dado lugar a leyendas que las consideran gatas asociadas a la buena suerte.
¿Es real el 'tortitude'? Lo que dice la ciencia sobre el color y el carácter
No se ha establecido un vínculo entre la coloración de los mantos de los gatos y su carácter. Aunque se diga que los gatos naranja son muy traviesos, los negros más tranquilos, los blancos reservados y algo desconfiados o, en el caso que nos ocupa, las carey se definan como cabezotas, intensas, independientes, activas, enérgicas, habladoras, fieles, tímidas y cariñosas, lo cierto es que la personalidad de un animal depende de más factores que el color o incluso que la genética.
Así, la socialización que recibe el gato desde pequeño, el contacto que pueda tener con su madre y hermanos de camada o las experiencias que viva van a ser fundamentales para determinar su carácter. Por ejemplo, un gatito criado a biberón que no ha crecido con otros gatos puede estar muy apegado a sus cuidadores humanos. Al contrario, un gato que nace en una colonia de la calle sin contacto con personas es más probable que rehúse la interacción con humanos. Igualmente, el carácter de la madre también tiene repercusiones en la personalidad de sus gatitos. Por supuesto, el ambiente en el que se críe y viva el gato es otro factor a tener en cuenta.
Por lo tanto, nos encontraremos con gatas carey más o menos cariñosas, independientes o apegadas, dinámicas o más tranquilas, etc. No hay evidencia científica de que la personalidad dependa de la coloración del pelaje o, dicho de otra manera: que una gata sea carey no nos dice nada sobre su carácter. Por ello, son tantos los casos de tutores que afirman que su gata carey no tiene rastro de ese supuesto 'tortitude'. No debemos guiarnos por el color a la hora de escoger compañía felina para nuestro hogar.
Que las carey sean hembras es cuestión de genética
Los mismos genes que determinan una coloración tan especial en el manto de las carey fijan también el sexo del animal, que, en este caso, salvo excepciones puntuales, será femenino, ya que este color se vincula al cromosoma X. Las hembras disponen de dos cromosomas X, mientras que los machos tienen X e Y.
Una de las X determina el color naranja y todas sus variedades. La otra X el color negro e, igualmente, todas sus variaciones. El color blanco es independiente de los cromosomas sexuales X e Y, pues está asociado a un gen. Por este motivo, como las gatas siempre van a tener dos cromosomas X, pueden tener en su manto la mezcla de los tres colores, blanco, naranja y negro.
Los machos, al ser X e Y, solo podrán tener uno de los dos colores. Será imposible, por lo tanto, que tengan naranja y negro a la vez, pues solo tienen un cromosoma X. La excepción se produciría de darse alguna anomalía en los cromosomas. Estos gatitos carey macho resultantes serían estériles y no podrían dejar descendencia. Son XXY, en lugar de XY. Se trata de un síndrome denominado 'Klinefelter'.
Más allá del carácter: la fascinante leyenda detrás de su manto
La particularidad de las gatas carey ha llamado la atención al punto de que han surgido leyendas sobre su origen. Así, se cuenta una historia en la que el sol pide ayuda a la luna para poder ausentarse de su puesto, cansado de permanecer estático en el firmamento. Ella acepta y un día lo cubre por completo para que pueda marcharse y descender a la Tierra.
El sol lo hace adquiriendo la forma de una gata negra. Pero la luna se cansa y se mueve, lo que obliga al sol a volver apresurado a su lugar, saliendo bruscamente del cuerpo de la gata para que nadie note su ausencia. Al ser tan veloz su partida, deja atrás algunos rayos que “manchan” de dorado el pelaje negro de la gata. Y sus crías heredan este manto que mezcla las diferentes tonalidades del sol.
Las gatas carey se asocian a la buena suerte en numerosas culturas, atrayendo energía positiva al hogar e incluso dinero. En definitiva, la genética de estas gatas solo determina su especial coloración y su sexo, pero no su personalidad, en la que intervienen factores como la socialización, las experiencias vividas o la forma de vida y crianza.
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