Leo, el golden retriever que cree que un desconocido va a lanzarle la pelota… y acaba llevándose la decepción de su vida

 
Por Eva López, Editora Sénior. 7 febrero 2026
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Leo es un golden retriever de 3 años que vive en Denver, Colorado (Estados Unidos), lleno de energía, entusiasmo y vitalidad, que se encontró durante un paseo con algo que lo dejó completamente confundido: una estatua que sostenía una pelota. Convencido de que se trataba de una persona real que iba a lanzársela, Leo esperó con ilusión..., para llevarse una decepción.

Su reacción no solo es adorable, también nos recuerda lo intensas que pueden ser las emociones de nuestros perros y cómo ciertas conductas, como su amor por la pelota, forman parte de su instinto natural.

Leo y la estatua que lo confundió: el momento adorable que ha conquistado a todos

Durante su paseo, Leo se cruzó con una estatua de un hombre que parecía listo para lanzarle la pelota que sujetaba en una de sus manos. Emocionado, movía la cola, se acercaba e incluso brincaba con la esperanza de jugar. Pero Leo se quedó esperando porque la pelota nunca llegó debido a que la figura era inmóvil.

Su reacción, capturada en un vídeo por la humana que lo acompañaba, se hizo viral rápidamente, y no es para menos. La imagen de Leo esperando la pelota, mirando a su humana con cara de decir: "¿Por qué no la lanza?", es simplemente adorable. Muchas personas compartieron la frustración y la ternura de Leo, demostrando que momentos sencillos como este pueden dar la vuelta al mundo y tocar corazón de todos.

Por qué los perros como Leo no pueden resistirse a una pelota

La reacción de Leo la vemos a diario en muchísimos perros, y los expertos en comportamiento canino pueden explicarla. Eduarda Piamore, adiestradora, explica que jugar a la pelota no es solo diversión: "El juego de perseguir a la pelota despierta el instinto de caza de nuestros perros". Así, "aunque no necesiten cazar para alimentarse, la actividad les permite ejercitar su cuerpo y su mente, y experimentar la satisfacción de alcanzar a su presa", añade.

Además de despertar su instinto natural, los perros asocian la pelota (y otros juguetes) con experiencias positivas. Eduarda señala que este tipo de juego "no solo ejercita su cuerpo y su mente, sino que también refuerza la diversión y el vínculo con sus humanos, convirtiendo la pelota en una fuente constante de recompensa". Por eso Leo insistía tanto, porque esperaba obtener algo que ya había aprendido a relacionar con placer y juego.

Eso sí, la experta también advierte que algunos perros pueden desarrollar comportamientos obsesivos si no se les proporciona un adecuado equilibrio: "Si un perro no tiene suficiente estimulación física y mental, o si el juego de la pelota se convierte en la única forma de gastar energía, puede volverse ansioso".

Por ello, aunque lanzar y perseguir la pelota es un juego saludable, es importante asegurarse de que el perro también se ejercite de otras maneras: con paseos, ejercicios de inteligencia, etc.

Lo que nos revela la reacción de Leo sobre las emociones de los perros

La decepción de Leo al ver que el "hombre" no le lanzaba la pelota nos enseña que los perros también experimentan frustración cuando no se cumplen sus expectativas.

Para ayudar a nuestros perros a manejar la frustración en situaciones similares, Piamore recomienda redirigir su energía con otros juegos reales o actividades físicas. También es aconsejable introducir ejercicios de obediencia, como el "siéntate", para trabajar la paciencia y el autocontrol. Establecer rutinas claras y reforzar conductas positivas, en lugar de sobreexcitar al perro, es clave.

De hecho, en el vídeo viral de Leo se observa cómo su humana le da la orden de sentarse, ayudando a que se calme. Siguiendo las recomendaciones de los expertos en comportamiento canino, un ejemplo de cómo trabajar la frustración en un momento como el que vivió Leo podría ser la siguiente:

  1. Pedirle que se siente.
  2. Mostrarle una pelota real una vez sentado y animarlo a perseguirla.
  3. Felicitarlo cuando se centra en el juego real.

De esta forma, la pelota real reemplaza la expectativa incumplida por un juego que sí puede completar. Eso sí, el juego real debe ser controlado y breve para que el perro aprenda a gestionar la frustración sin sobreexcitarse.

Con paciencia y juegos adecuados, incluso momentos frustrantes como el de Leo pueden convertirse en una oportunidad para aprender y divertirse.

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