Los petardos activan el modo supervivencia en perros y gatos: así reacciona su cerebro la noche de San Juan
Muchos perros y gatos sufren de forma intensa cuando se exponen a ruidos como los petardos. Este malestar no es puntual: se agrava cuando las explosiones se repiten durante horas, como ocurre en celebraciones como Nochevieja o la noche de San Juan.
Los petardos afectan especialmente a perros y gatos porque cuentan con una capacidad auditiva muy superior a la humana, lo que los hace mucho más sensibles a la intensidad del sonido. Pero el problema no es solo el volumen: también se trata de ruidos desconocidos, sin un origen identificable para ellos.
En ese contexto, el cerebro de los animales interpreta los petardos como una posible amenaza real, activando mecanismos de alarma que disparan el miedo y el estrés. Por eso, su reacción no debe entenderse desde nuestra perspectiva humana, sino desde su propia naturaleza: solo así es posible comprenderla y actuar para reducir sus efectos adversos.
Qué ocurre en el cerebro de perros y gatos cuando escuchan petardos
Para las personas el ruido de los petardos acostumbra a ser sinónimo de celebración, pues se lanzan en momentos festivos como victorias deportivas o fiestas populares. Sin embargo, los perros y los gatos no tienen este contexto. Para ellos los petardos son un ruido del que desconocen su procedencia, lo que los convierte en una amenaza potencial que activa sus mecanismos de respuesta, igual que si se tratase de un depredador.
En esta situación los animales se preparan para sobrevivir y reaccionar a un potencial ataque. En otras palabras, tienen que estar listos para luchar o para huir y este mecanismo de defensa se basa en la segregación de cortisol y adrenalina, hormonas del estrés, que van a desencadenar el cuadro que se puede observar en perros y gatos expuestos al ruido de los petardos. Signos como los siguientes muestran sufrimiento tanto a nivel físico como psicológico:
- Temblores.
- Parálisis.
- Jadeo intenso que no remite.
- Hipersalivación.
- Distintas vocalizaciones.
- Postura corporal de miedo, con el cuerpo encogido, la cola recogida, las orejas caídas, etc.
- Latidos acelerados del corazón y respiración agitada.
- Dilatación de las pupilas.
- Eliminación de orina y heces involuntaria.
- Intentos de esconderse o fugarse, lo que puede suceder si los animales se encuentran en exteriores o si consiguen saltar por alguna ventana o balcón.
Por qué los petardos asustan tanto a perros y gatos
No todos los ejemplares, pero sí muchos sufren cuando oyen petardos. Un punto importante a tener en cuenta para explicar su reacción, que podría parecernos desproporcionada, ya lo hemos avanzado y es la hipersensibilidad auditiva.
Tanto perros como gatos disponen de un sentido del oído mucho más desarrollado que el de los humanos. Esto implica que perciben el ruido de los petardos desde una enorme distancia y con mucha intensidad, tanta que incluso les puede resultar un estímulo doloroso que genera secuelas como una posterior pérdida de audición o la aparición de acúfenos.
Además, si a esto se une lo que ya hemos comentado sobre la procedencia del ruido, es decir, el desconocimiento de qué es lo que está pasando, se va comprendiendo mejor el miedo que pueden desencadenar en ellos estos ruidos. Y hay que tener en cuenta que es fácil que, en esta situación, el miedo acabe por convertirse en fobia. Los animales no pueden saber qué es el ruido, quién lo produce ni cuando empieza o acaba, lo que les genera un enorme estrés.
Qué hacer con los animales en la noche de San Juan
Para proteger a perros y gatos de los efectos nocivos que para ellos suelen tener los petardos se recomienda implantar una serie de medidas. Destacamos las siguientes:
- Ofrecer una zona segura y resguardada: puede ser un cuarto interior o aquel al que el sonido llegue menos. Se recomienda bajar las persianas, cerrar las ventanas e incluso cubrir con mantas cualquier rendija para conseguir un aislamiento lo más completo posible. Hay animales que prefieren esconderse, por ejemplo, bajo la cama o dentro de un armario. Si es el caso, es mejor dejarlos.
- Poner música relajante u otro sonido de fondo: la música puede ayudar a tapar el producido por los petardos.
- No premiar su miedo: no es raro que los cuidadores acaricien al animal cuando lo ven asustado o incluso le ofrezcan premios. Recompensar en este momento puede reforzar justo el comportamiento que queremos evitar.
- Controlar las posibles fugas: se aconseja modificar los horarios de salidas para no coincidir con los petardos, así como no llevarlos sueltos y sí siempre con chapa identificativa, además del obligatorio microchip. Tampoco deberían dejarse en exteriores, pues, aunque no lo parezca, en un estado de pánico pueden encontrar la forma de huir.
- Administrar medicación: en los casos más graves, el veterinario puede recetar fármacos para ayudar a que el animal se mantenga más tranquilo. Hay otras opciones sin receta, como las feromonas tranquilizadoras, que también se podrían probar.
- Permanecer a su lado: si es posible, el cuidador puede intentar distraer al animal con algún juego o actividad.
- No castigarlo nunca: en un estado de pánico o miedo, los castigos solo aumentarían la experiencia negativa.
Estas medidas deben implantarse antes de que comience el ruido, pues, una vez este se ha desencadenado se cruza una línea roja de la que es difícil sacar al animal. Dicho de otra manera, es mejor prevenir que tratar. En esta línea, un experto en conducta animal podría ayudarnos a trabajar con los miedos y las fobias.
En resumen, perros y gatos pueden experimentar la pirotecnia como una auténtica amenaza, lo que genera una respuesta de estrés y miedo que puede convertirse en fobia e incluso provocar daños en los oídos. El apoyo de un etólogo y la implantación de medidas para paliar este tipo de sonidos pueden ayudar a controlar el miedo ante los petardos.
Este artículo es meramente informativo, en ExpertoAnimal.com no tenemos facultad para recetar tratamientos veterinarios ni realizar ningún tipo de diagnóstico. Te invitamos a que lleves a tu mascota al veterinario en el caso de que presente cualquier tipo de condición o malestar.
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