Educación básica

La frontera entre un perro feliz y uno sobreestimulado está en su lenguaje corporal: “Correr y saltar sin parar no siempre es señal de felicidad”

 
Marta Sarasúa
Por Marta Sarasúa, ATV y etóloga. 1 agosto 2026
La frontera entre un perro feliz y uno sobreestimulado está en su lenguaje corporal: “Correr y saltar sin parar no siempre es señal de felicidad”
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Si tu perro te saluda con excesiva emoción cuando llegas a casa, suele saltar sobre las personas, se vuelve loco interactuando con otros perros y tarda mucho tiempo en relajarse después de cada episodio de agitación, es posible que tenga tendencia a la sobreexcitación.

Muchos tutores confunden la felicidad de su peludo con la sobreexcitación y existe una clara diferencia entre ambas cosas, pues el estado emocional del animal es diferente en cada caso. Mientras que un perro feliz experimenta una sensación de bienestar y satisfacción, el can sobreestimulado se muestra ansioso y es incapaz de autorregularse a nivel emocional, lo cual puede derivar en ciertas alteraciones de comportamiento. Por ello, aprender a interpretar correctamente el lenguaje corporal constituye una herramienta esencial para distinguir un estado emocional positivo de uno potencialmente perjudicial.

El lenguaje corporal de los perros como indicador de su estado emocional

Para comunicarse entre ellos y con nosotros, los perros utilizan una serie de expresiones faciales, posturas, vocalizaciones y movimientos corporales muy complejos y detallados. Conocer estas señales y aprender a interpretarlas resulta fundamental para garantizar una adecuada convivencia y poder brindar al animal una excelente calidad de vida, cubriendo todas sus necesidades físicas y emocionales.

El movimiento de las orejas, la posición de la cola, en grado de tensión muscular y todos los demás movimientos del perro deben valorarse de manera conjunta, pues una sola señal aislada puede no aportar suficiente información. En este sentido, podemos observar que un perro que se siente feliz lleva a cabo movimientos fluidos y relajados, su expresión facial es suave, tiene la boca ligeramente entreabierta y agita la cola con movimientos amplios y lentos. Además, un perro contento suele estar pendiente de su tutor y responde rápidamente a los mensajes que este le manda.

Por otro lado, un perro puede desarrollar un estado de sobreexcitación cuando recibe más estímulos de los que puede procesar, ya sean estos de tipo social, ambiental o emocional. En estas circunstancias, el organismo del animal responde de manera exagerada, lo que puede derivar en respuestas de estrés, impulsividad o dificultad para regular la conducta.

El perro sobreexcitado se mueve de forma rápida y brusca, presenta tensión facial con boca abierta, respiración agitada, jadeo y pupilas dilatadas, gime o lloriquea y suele saltar sobre las personas u otros animales, resultando muy invasivo. Además, su estado mental alterado le impide prestar atención a las indicaciones de su tutor, por lo que no obedece órdenes y tarda mucho tiempo en recuperar la calma una vez eliminada la fuente de estimulación.

La frontera entre un perro feliz y uno sobreestimulado está en su lenguaje corporal: “Correr y saltar sin parar no siempre es señal de felicidad” - El lenguaje corporal de los perros como indicador de su estado emocional

Lo que muchos tutores confunden con felicidad puede afectar a la salud del perro

Es relativamente frecuente confundir un estado de sobreexcitación con un estado de gran felicidad, pues cuando un perro corre, salta y se pone a jugar como loco puede dar la sensación de que, simplemente, está muy contento. No obstante, aunque un episodio aislado no resulta problemático, una tendencia demasiado acusada a la sobreexcitación puede suponer un riesgo para el bienestar del perro, tanto a nivel físico como emocional.

Cuando el animal recibe una cantidad de estímulos superior a su capacidad de procesamiento, o cuando estos estímulos son demasiado intensos, el perro no puede responder de manera adaptativa y reacciona de forma exagerada. Por ejemplo, los ruidos fuertes, las aglomeraciones de perros en parques o residencias caninas, las interacciones sociales muy enérgicas o bruscas, etc. son situaciones que suelen desencadenar una respuesta de sobreexcitación.

Desde el punto de vista fisiológico, la sobreestimulación activa el sistema nervioso y favorece la liberación de hormonas relacionadas con la respuesta al estrés, como el cortisol y la adrenalina. En consecuencia, aumenta la frecuencia cardiaca del perro y su capacidad de atención y concentración se pierde, por lo que el animal deja de responder a las peticiones de su tutor, quien difícilmente consigue calmarlo.

Si bien una sobreactivación fisiológica puntual es algo normal y poco preocupante, mantener este estado durante largos periodos de tiempo trae consecuencias a largo plazo y puede perjudicar seriamente la salud del perro.

La rutina que recomiendan los expertos para reducir el estrés y la sobreexcitación

Para prevenir el estado de sobreexcitación en un perro es imprescindible una correcta socialización temprana. Durante la etapa de cachorros, los perros deben habituarse a la presencia de distintos estímulos con el objetivo de normalizarlos y, en un fututo, no desarrollar miedos que puedan llevar a reacciones de ansiedad, nerviosismo o sobreestimulación.

Además, es muy importante saber interpretar el lenguaje canino y reconocer muy bien cuáles son las necesidades específicas de cada animal. Algunos factores como la edad, la raza, el temperamento, las experiencias previas y el estado de salud influyen en la forma en que cada perro procesa los estímulos de su entorno. Es por este motivo que no existe una única fórmula válida para todos los canes, sino que es preciso adaptar las rutinas a las características de cada individuo.

Fomentar actividades que favorezcan la concentración y la relajación es beneficioso para ayudar al perro a autorregular sus emociones. Los paseos tranquilos por zonas amplias y verdes, el enriquecimiento ambiental basado en juegos de olfato, los juguetes interactivos de resolución de problemas y las sesiones de entrenamiento mediante refuerzo positivo estimulan la actividad cognitiva sin generar niveles excesivos de excitación e inducen estados emocionales más estables.

Por último, es muy importante respetar los periodos de descanso del perro y nunca interrumpirlo mientras duerme, pues una falta de sueño podría aumentar la irritabilidad y la impulsividad.

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