Manuel, adiestrador canino: “Cuando paseas con la correa tensa o dando tirones, tu perro entiende que hay algo peligroso y se pone en alerta”

 
Por Eva López, Editora Sénior. 9 septiembre 2026

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Salir a pasear con el perro debería ser uno de los mejores momentos del día para él, ya que es el rato en el que puede explorar, olfatear diferentes aromas, moverse y conectar con el entorno. Sin embargo, muchas personas notan que su perro vuelve del paseo igual o más nervioso que cuando salió de casa, tira constantemente de la correa o reacciona mal ante cualquier estímulo. ¿Por qué sucede esto si, en teoría, debería regresar más relajado y contento?

Manuel, educador canino de Adiestramiento Canine-Service, con más de 25 años de experiencia, lo tiene claro: buena parte de ese problema no se origina en el perro, sino en la persona que sujeta la correa. Según explica, existe una conexión directa entre el estado emocional del tutor y el del animal, y esa conexión pasa por la correa que los une. Por eso, advierte: “si tú tiras, él tira; si tú te tensas, él se activa también”.

La correa, el canal directo por el que el perro nota la tensión del tutor

Según explica Manuel, la correa no es solo una herramienta de sujeción, es un medio por el que la persona transmite información constante al perro. Cuando esa correa está tensa, corta o sujeta con firmeza, el mensaje que recibe el animal es de alerta, aunque no exista un peligro real. El adiestrador es tajante al respecto: “La correa tensa es igual a un perro tenso, eso siempre es así, no hay excepción”.

Por eso, el experto recomienda pasear con al correa relajada en lugar de mantenerla siempre recta y en tensión. Esa holgura, explica, es la diferencia entre un perro que puede decidir con calma cómo moverse e interactuar con el entorno y otro que solo puede reaccionar, en muchas ocasiones, de forma negativa.

Además, una correa corta y tensa no solo mantiene al perro en alerta, sino que además le impide moverse con naturalidad, olfatear tranquilo o marcar su propio ritmo durante el paseo.

El cuerpo también habla y el perro lo nota: el lenguaje no verbal transmite mucha información

No solo transmitimos tensión a través de la correa. Según Manuel, existe un segundo canal de contagio emocional: el propio cuerpo del tutor. Contener la respiración, acortar el paseo, sobresaltarse o tensar los hombros son gestos que la mayoría de personas hacen de forma inconsciente, pero que el perro detecta al instante. “Le estás transmitiendo información a tu perro y básicamente le estás diciendo sin palabras, con el lenguaje no verbal, que es mucho más potente, algo así como ‘prepárate’, ‘ponte en tensión porque viene algo peligroso’, aunque no te des cuenta”, explica el educador.

Por ese motivo, insiste en que el primer paso para mejorar el paseo no es intentar controlar al perro, sino aprender a controlar el propio cuerpo. Al final, un paseo tenso se convierte en un simple trámite marcado por la prisa y el nerviosismo del tutor, y no en el espacio para que el perro explore y satisfaga sus propias necesidades, que es el objetivo principal.

Las señales que indican que un perro está tenso y a punto de reaccionar

Cuando un perro percibe la tensión de sus tutor, ya sea a través de la correa o del lenguaje corporal, empieza a manifestar una serie de señales muy concretas antes de reaccionar. Manuel destaca tres señales muy claras a las que hay que prestar atención: el perro deja la mirada fija en un punto, su cuerpo se pone rígido y coloca las orejas hacia delante de golpe.

El adiestrador insiste en que, mientras el perro solo muestre estas señales, todavía está procesando la situación y “tiene un pequeño margen para actuar”. El problema es que ese margen es muy breve: “Tienes menos de tres segundos para decidir qué haces” antes de que sea demasiado tarde, explica. Si el tutor no reconoce esos avisos a tiempo y la tensión se mantiene, el perro puede acabar reaccionando con más intensidad, por ejemplo, ladrando o tirando con fuerza al ver a otro perro, comportamiento propio de lo que se conoce como un “perro reactivo”.

Por tanto, como resume el propio Manuel, “el manejo empieza cuando tu perro no ha reaccionado”, lo que convierte estas pequeñas señales corporales en el mejor aviso para actuar antes de la que situación se complique.

Un simple gesto con la correa puede cambiar por completo los paseos, según el adiestrador

Afortunadamente, de la misma manera que la tensión se transmite con facilidad, la calma también. Para ello, Manuel recomienda empezar por algo muy sencillo: aflojar la correa de forma consciente, formando una U, y mantener el cuerpo relajado, sin necesidad de decir nada al perro. “No transmitas tensión a través de la correa, relaja tu cuerpo, y le vas a estar transmitiendo ya desde ese momento tranquilidad”, señala.

Este cambio de actitud, insiste, hay que trabajarlo primero en paseos tranquilos, sin estímulos que puedan alterar al perro, para que se convierta en un hábito antes de enfrentarse a situaciones más complicadas. Con el tiempo, ese simple gesto de soltar un poco la correa y respirar con calma puede marcar la diferencia entre un paseo que se disfruta y uno que se sufre o se lleva a cabo como un mero trámite, tanto para el perro como para el tutor.

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