María Vetican, veterinaria: “Muchos perros se deshidratan en la playa por beber agua del mar”
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El verano es una de las épocas favoritas para compartir actividades al aire libre con los animales de compañía. Playas caninas, piscinas para perros, excursiones y largos paseos forman parte de la rutina de muchas familias durante los meses más cálidos del año. Pero veterinarios y expertos en bienestar animal recuerdan que el calor puede convertirse en un enemigo peligroso para perros y gatos si no se toman determinadas precauciones.
Durante una intervención reciente en el programa Aquí la Tierra de TVE, la veterinaria María Vetican lanzó un mensaje especialmente importante para quienes llevan a sus mascotas a la playa: “Hidratad bien a vuestras mascotas, el calor y el agua salada puede deshidratar muy rápido”, remarcó la especialista.
En general, en España los perros tienen prohibido el acceso a la mayoría de las playas durante la temporada alta, que suele ser de junio a septiembre. Sin embargo, muchos municipios han habilitado playas caninas donde los perros pueden disfrutar libremente. Es fundamental informarse sobre la normativa específica de cada playa antes de acudir, ya que las multas por incumplimiento pueden ser elevadas.
El riesgo del agua salada para los perros y la deshidratación en la playa
“Es muy común que los perros beban el agua salada del mar y que tengan vómitos y diarrea líquida mientras sus tutores están en la playa”, agregó. En muchos casos, este comportamiento pasa desapercibido porque los animales siguen jugando o bañándose, pero el efecto del agua salada puede aparecer poco después, provocando malestar general, deshidratación e incluso decaimiento.
Por eso, señaló que “es muy importante rehidratarles con agua potable que se debe llevar especialmente para eso”. La especialista insiste en que no basta con ofrecer agua al volver a casa, sino que debe estar disponible durante toda la jornada en la playa para evitar que el animal recurra al mar como fuente de hidratación.
Los cuidados básicos antes y durante la jornada de playa
La veterinaria explicó que también se pueden usar cremas solares para perros, en caso de que lo necesiten (esa necesidad depende el pelaje del animal). Un perro blanco con piel rosa y poco pelo lo necesita más que otros que solo lo requieren en el hocico, las orejas y la tripa, donde normalmente hay menos pelo. Es mejor usar los productos que son específicos para mascotas porque los que usamos los humanos pueden tener químicos que los perjudiquen.
María también recomendó usar protector de almohadillas para que los perros puedan andar por la arena caliente sin lastimarse. “Esos protectores evitan que la almohadilla se agriete o sufran heridas”, explicó.
Además de estos cuidados frente al calor y la arena, la veterinaria subrayó la importancia de tener en cuenta también la seguridad dentro del agua. En el caso de perros que no saben nadar bien o que ya son de edad avanzada, recomendó el uso de chalecos salvavidas como medida de precaución.
Igualmente, insistió en la importancia de elegir bien el lugar: no todas las playas están habilitadas para perros ni ofrecen las condiciones adecuadas para ellos, por lo que es fundamental comprobar la normativa y el entorno antes de acudir.
Arena, sal y piel irritada: cómo cuidar al perro después de la playa
Tras varias horas en la playa, la combinación de arena y sal puede causar irritaciones cutáneas en las mascotas. La veterinaria señaló que “una vez terminado el día de playa, es bueno bañar al animal con agua dulce para limpiar toda la arena y la sal y evitar una dermatitis”.
Un enjuague completo con agua dulce elimina restos que pueden irritar la piel o causar picores. Esta rutina protege la dermis del perro al mismo tiempo que previene posibles infecciones.
Cómo afecta el calor extremo a los perros y qué señales de alerta debes vigilar
Los perros regulan la temperatura corporal de forma muy distinta a los seres humanos. Apenas sudan y dependen principalmente del jadeo para disipar el exceso de calor.
Esto hace que sean especialmente vulnerables a los golpes de calor, una urgencia veterinaria que puede resultar mortal.
Según la Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals, los síntomas incluyen jadeo excesivo, debilidad, desorientación, encías muy rojas, vómitos o pérdida de conciencia.
Los veterinarios recomiendan evitar las horas centrales del día, buscar siempre zonas de sombra y limitar el ejercicio intenso cuando las temperaturas son elevadas.
Las áreas más sensibles al calor suelen ser la trufa, las orejas, el abdomen y determinadas regiones con poco pelo.
La organización veterinaria World Small Animal Veterinary Association señala que las exposiciones prolongadas al sol pueden causar lesiones cutáneas e incluso aumentar el riesgo de determinados tumores de piel.
En este sentido, las recomendaciones de María Vetican coinciden con las de las principales organizaciones veterinarias internacionales: agua fresca disponible en todo momento, protección frente al sol, sombra, control de la actividad física y vigilancia constante.
Atención también a los desplazamientos: nunca dejar al perro dentro del coche
La Dirección General de Derechos de los Animales y numerosas organizaciones veterinarias recuerdan cada verano uno de los mensajes más repetidos: nunca debe dejarse un perro dentro de un vehículo estacionado.
Incluso con las ventanillas ligeramente abiertas, la temperatura interior puede alcanzar niveles peligrosos en pocos minutos.
Diversos estudios han demostrado que el interior de un coche puede superar los 50 grados durante un episodio de calor intenso, incluso cuando la temperatura exterior parece moderada.
Este riesgo es especialmente importante durante los desplazamientos estivales hacia la playa, las excursiones o cualquier salida con mascotas, ya que los trayectos en coche forman parte habitual de las actividades de verano.
El verano puede ser una época fantástica para compartir experiencias con los animales de compañía, pero también exige adoptar medidas específicas para proteger su salud. Como resume María Vetican, una correcta hidratación y la protección de las zonas más expuestas al sol pueden marcar la diferencia entre una jornada agradable y una visita urgente al veterinario.
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