Curiosidades del mundo animal

No es exageración: la ciencia explica por qué ves a tu perro o gato como un hijo (y qué dice sobre ti)

 
Marta Sarasúa
Por Marta Sarasúa, ATV y etóloga. 1 mayo 2026
No es exageración: la ciencia explica por qué ves a tu perro o gato como un hijo (y qué dice sobre ti)

En los últimos años se ha puesto de moda emplear términos como “perrhijo” o “gathijo” para hacer referencia a los animales de compañía, y es que cada vez son más los tutores que declaran querer a sus peludos como si de sus propios hijos se tratase.

Afortunadamente, la sociedad ha avanzado mucho en lo relativo a derechos y bienestar de los animales, y hoy en día los perros y gatos son considerados un miembro más de la familia, nos acompañan a multitud de lugares y gozan de mayor protección legal. Además, cada vez los tutores conocen mejor las necesidades de sus animales, se preocupan más por su salud física y emocional y se esfuerzan por educarles y darles una buena vida, exactamente lo mismo que una madre o un padre hace por su hijo.

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El vínculo humano-animal según la ciencia: tu perro o gato te ve como su familia

Decir que la relación entre un animal y su tutor tiene similitudes con la que mantiene un niño con su madre no es ninguna exageración.

A finales de los años 60, el psicoanalista británico John Bowlby comenzó a desarrollar una exhaustiva teoría sobre la formación y el desarrollo del apego entre padres e hijos. Para ello, se centró en estudiar una serie de rasgos psicológicos del ser humano, en especial de los niños, que definían su manera de crear relaciones interpersonales y de generar vínculos fuertes con aquellas personas que les aportaban un sentimiento de seguridad.

Hoy sabemos que este vínculo tan especial no se establece exclusivamente entre los infantes y sus figuras de referencia, sino que los animales también pueden entrar a formar parte de la ecuación, como un miembro más de la familia, y desarrollan un mismo sentimiento de apego hacia sus cuidadores (Carballo, 2018).

Así pues, siempre que exista una relación sana entre ellos, los gatos y los perros ven a sus tutores como referentes y figuras de apego que les aportan protección y seguridad, algo similar a la manera en que un hijo percibe a sus padres y es por ello que la comparación no va del todo desencaminada.

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La clave está en la oxitocina: así influye en el amor por tu mascota

En el desarrollo del vínculo humano-animal, al igual que en las relaciones sociales que se establecen entre amigos cercanos o familiares, la oxitocina tiene un papel fundamental.

La oxitocina es una hormona, sintetizada por el sistema nervioso central, que interviene en situaciones como el parto, la lactación, el establecimiento de vínculos emocionales, el reconocimiento social y la formación de relaciones de confianza (Kosfeld, 2005).

Además, induce un reflejo maternal y un estado de calma y bienestar al reducir los niveles de estrés. Es por todo ello que muchas veces se hace referencia a ella como “la hormona del amor”, ya que se libera cuando estamos acompañados de individuos por los que sentimos un gran apego emocional.

Lo interesante de la oxitocina es que no solo la producimos en compañía de otras personas, como nuestras parejas, hijos o amigos, sino también cuando acariciamos a nuestros animales, pasamos tiempo con ellos o, simplemente, les miramos a los ojos. Por su parte, los perros y gatos también liberan oxitocina en estas mismas situaciones, reforzando así el vínculo humano-animal (Nagasawa et al., 2015).

Estos mensajes químicos producidos por nuestro cerebro podrían explicar por qué muchos tutores ven a sus animales como hijos, y es que, ante la interacción con ambos, se libera exactamente la misma hormona.

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Querer a tu mascota como a un hijo no es lo mismo que humanizarla

Existe una gran diferencia entre querer a tu peludo como a un hijo y humanizarlo.

El término “humanizar” hace referencia a interactuar con un animal como si fuese un humano. En este sentido, se le atribuye al perro o al gato una serie de emociones, gustos, preferencias y necesidades que no se corresponden con las de su especie y que, por tanto, no se pueden satisfacer adecuadamente, mermando así el bienestar emocional y la calidad de vida del animal.

Por ejemplo, pensar que un gato actúa por venganza o sacar a pasear a un perro sano en un carrito de bebé son acciones humanizadas, pues ni el gato experimenta ese sentimiento ni el perro, por muy pequeño que sea, necesita se transportado en un carro.

Es innegable que el amor que se siente hacia un animal puede ser tan intenso como el que se experimenta hacia un familiar, pero es importante comprender que pertenecemos a especies distintas y que, aunque nos complementamos, somos muy diferentes.

Para poder establecer un vínculo sano y fuerte con tu perro o tu gato es imprescindible que conozcas cuál es el comportamiento natural de su especie, cómo se comunica y qué necesidades tiene. Los animales tienen mucho que enseñarnos, si te esfuerzas por aprender de tu peludo tendrás un mejor amigo para siempre.

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Bibliografía
  • Kosfeld M et al2005). Oxytocin increases trust in humans. Nature, 435:673-676.
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