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Noelia Hernández, educadora felina: “Es un error pensar que los gatos necesitan menos atención que un perro”

 
Alejandro Lingenti
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 20 agosto 2026
Noelia Hernández, educadora felina: “Es un error pensar que los gatos necesitan menos atención que un perro”
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Elegir un gato porque da menos trabajo que un perro puede ser un error. Es cierto que no necesitan salir de casa para hacer sus necesidades, pero eso no significa que baste con dejarle comida, agua y un arenero. Los gatos necesitan un entorno adaptado a su comportamiento, oportunidades para jugar y explorar, lugares seguros donde esconderse, superficies para arañar y una relación adecuada con las personas con las que conviven.

Así lo explica Noelia Hernández, educadora felina de Código Felino, quien advierte en redes sociales de que todavía existe una percepción equivocada sobre las necesidades reales de estos animales.“Me ha llegado muchísima gente que admite que cayeron en el error de pensar que el gato era un animal más fácil que el perro porque requería menos trabajo. Y para nada. Es un trabajo diferente”, explica Hernández.

Un planteamiento que coincide en buena medida con las recomendaciones científicas actuales sobre bienestar felino. Las guías de necesidades ambientales felinas de la AAFP y la ISFM recuerdan que satisfacer las necesidades ambientales de un gato no es algo opcional, sino un componente esencial para favorecer su bienestar físico y emocional y reducir el estrés y determinados problemas de comportamiento.

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Tener un gato no es solo ponerle comida y limpiar el arenero: estas son sus necesidades reales

“Entender cuáles son sus necesidades reales y tenerlas al 100% cubiertas no supone menos trabajo que cuidar un perro”, insiste Hernández.

La comparación no significa que gatos y perros requieran exactamente las mismas horas o tareas. Sus necesidades son distintas. Mientras el paseo constituye una parte fundamental de la rutina diaria de muchos perros, buena parte de las necesidades conductuales del gato doméstico deben satisfacerse dentro del territorio en el que vive.

Según varias guías sobre comportamiento animal, como la International Society of Feline Medicine (ISFM) un ambiente adecuado para el gato requiere de cinco grandes pilares: disponer de un lugar seguro; contar con recursos importantes separados entre sí; tener oportunidades para jugar y expresar conductas depredadoras; disfrutar de una interacción social positiva y predecible con las personas; y vivir en un entorno que respete la importancia de su olfato y otros sentidos.

Eso significa que una vivienda adaptada a gatos debería ofrecer, entre otros recursos:

  • Lugares donde esconderse y descansar sin ser molestado.
  • Zonas elevadas desde las que observar el entorno.
  • Rascadores apropiados.
  • Agua y comida situadas de manera adecuada.
  • Areneros limpios y accesibles.
  • Juguetes y actividades que estimulen la conducta de caza.
  • Interacciones positivas con las personas, respetando cuándo el animal desea aproximarse o retirarse.

Tu gato necesita cazar aunque tenga siempre el comedero lleno

Hernández también hace hincapié en tratar de comprender por qué una casa aparentemente cómoda puede resultar insuficiente para un gato: “Tienes que entender bien el animal que vas a introducir, su naturaleza. En el caso de los gatos son pequeñas máquinas de cazar”, asegura.

La conducta depredadora no desaparece porque el gato tenga siempre lleno el comedero. De hecho, hace décadas que la investigación científica ha comprobado que el hambre no es imprescindible para desencadenar la conducta de caza.

Un trabajo clásico publicado en Animal Behaviour muestra que la alimentación y depredación no son exactamente la misma conducta y que los gatos pueden perseguir y capturar presas aunque no necesiten hacerlo para alimentarse.

De ahí la importancia del juego. Las recomendaciones de AAFP e ISFM aconsejan ofrecer actividades que permitan mediante juguetes que imiten presas, juegos interactivos y dispositivos de alimentación que obliguen al animal a buscar u obtener la comida.

Hernández propone además dejar que el gato consiga finalmente atrapar el juguete: “Que les dejen ganar”, resume. Después puede ofrecerse un pequeño premio para finalizar la actividad.

Otro recurso son los comederos interactivos o puzzle feeders, que obligan al gato a manipular un objeto para conseguir parte del alimento. También se puede esconder comida en diferentes puntos de la vivienda o rotar los juguetes para reducir la habituación.

Una casa cómoda para ti puede no ser suficiente para tu gato: necesita refugios y lugares elevados

Una de las equivocaciones más habituales consiste en adaptar la vivienda desde una perspectiva exclusivamente humana. Para nosotros puede resultar segura y confortable, mientras que el gato necesita elementos adicionales.

Es fundamental proporcionarle al animal un lugar seguro al que pueda retirarse. Puede tratarse de una caja, una cama parcialmente cubierta, un transportín abierto o un refugio situado en altura. En hogares con varios gatos debería existir al menos un refugio adecuado para cada uno y, preferentemente, estar distribuidos en zonas diferentes.

También conviene separar recursos. El comedero, el agua, el arenero, las zonas de descanso y los rascadores no tienen por qué concentrarse en un único rincón. Proporcionar distintas opciones amplía el territorio funcional del animal y permite que pueda elegir.

Esto cobra todavía mayor importancia cuando conviven varios gatos. La disponibilidad insuficiente o la concentración de recursos puede favorecer conflictos aunque estos no siempre resulten evidentes para las personas.

Hernández recomienda además crear una “zona cero” cuando el gato llega por primera vez al hogar: un espacio reducido y tranquilo con los recursos necesarios desde el que pueda empezar a familiarizarse gradualmente con su nuevo territorio.

Hay que recordar que esconderse no significa que el gato esté “enfadado” o rechace a su nueva familia. Un refugio puede funcionar precisamente como herramienta para afrontar situaciones que percibe como inciertas o amenazantes.

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Que tu gato no pida atención como un perro no significa que no la necesite

El tópico del gato completamente independiente también necesita matices. Los gatos y los perros se comportan de manera distinta. El hecho de que un animal no reclame atención constantemente no significa que el gato sea distante o que carezca de necesidades sociales.

Una investigación de la Universidad Estatal de Oregón, publicada en 2019 en Current Biology, encontró evidencias de que los gatos pueden desarrollar diferentes patrones de apego hacia sus cuidadores humanos. Los investigadores observaron conductas relacionadas con búsqueda de proximidad, malestar durante la separación y comportamiento durante el reencuentro.

Eso sí, los gatos no son todos igual de sociables. La personalidad, las experiencias durante las primeras etapas de vida, la edad y el historial de socialización influyen en la manera en que cada individuo se relaciona con personas y otros animales.

Hernández pone precisamente el foco en la socialización temprana y también recuerda una posibilidad que a menudo se pasa por alto en las adopciones: un gato adulto puede resultar más predecible que un cachorro porque su carácter ya está desarrollado y las protectoras suelen disponer de más información sobre su temperamento y compatibilidad con niños, otros animales o determinados estilos de vida.

Por eso, antes de adoptar, la pregunta no debería limitarse a si un gato requiere “menos trabajo” que un perro. Es más útil plantearse si podremos proporcionarle durante toda su vida seguridad, recursos suficientes, juego, estimulación, atención veterinaria e interacción social respetuosa.

Como resume Hernández, “cualquier ser vivo requiere un trabajo”. Con los gatos, buena parte de ese esfuerzo consiste precisamente en comprender necesidades que durante mucho tiempo han quedado ocultas detrás de su fama de animales independientes.

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