Otter, el pequeño gatito rescatado que necesitó un casco para sobrevivir debido a una malformación congénita
Ver fichas de Gatos
El gatito Otter ha sido protagonista en las redes sociales desde sus primeras semanas de vida. Recogido por una asociación protectora especializada en gatitos, sufría graves malformaciones que ponían en riesgo su vida, entre ellas, un trastorno conocido como encefalocele, que dejaba al descubierto su delicado cerebro.
Por suerte, cuidado en su casa de acogida, pudo acceder a un casco especial para protegerlo el tiempo que tuvo que esperar hasta poder operarse. La intervención fue un éxito y, adoptado, Otter lleva una vida completamente normal.
Un rescate especialmente delicado por sus graves malformaciones
Hace unos años, la asociación Baby Kitten Rescue, de California, localizó a un par de gatitos de muy corta edad, aparentemente abandonados por su madre. Esta asociación está especializada en el rescate de gatitos bebé muy vulnerables, es decir, aquellos de los que no pueden hacerse cargo otras asociaciones, por ejemplo, porque necesitan alimentación por biberón cada pocas horas o presentan problemas de salud de gravedad que requieren muchas atenciones o estas son muy caras.
Baby Kitten Rescue trabaja con casas de acogida de voluntarios que cuentan con los conocimientos y las capacidades imprescindibles para sacar adelante a estos pequeños, muchas veces en condiciones realmente delicadas, como las de Otter.
En su caso, como hemos explicado, presentaba malformaciones en una de sus patas delanteras y el cráneo sin cerrar, lo que dejaba parte de su cerebro al descubierto. Además, su hermana, encontrada junto a él, también sufría malformaciones en sus patas delanteras.
Otter sufría una grave malformación congénita llamada encefalocele
El diagnóstico del gatito Otter fue de encefalocele, una patología grave y, por suerte, poco frecuente, que hace que parte del cerebro y de las membranas que lo envuelven se observen fuera del cráneo, pues este no está correctamente cerrado, como tendría que suceder en el desarrollo embrionario normal. Es una malformación congénita.
Suele deberse a un mal cierre del tubo neural, que es la estructura de los embriones que dará origen al sistema nervioso central, es decir, al cerebro y a la médula espinal. El mal cierre puede aparecer por distintas causas, como que la madre, durante la gestación, se haya visto expuesta a sustancias químicas teratógenas, que son, precisamente, todas aquellas que pueden producir malformaciones en los fetos. Deficiencias en la nutrición, por carencias o por excesos, así como alteraciones genéticas pueden estar también detrás del encefalocele.
Además del cráneo abierto visible en Otter, los gatitos con esta afección pueden presentar desorientación, descoordinación, ceguera, debilidad en la musculatura, etc. El tratamiento pasa por mantener al gato en las mejores condiciones posibles, implantando medidas de manejo y/o fármacos, hasta que sea factible someterlo a una cirugía de reconstrucción.
Superó una cirugía de alto riesgo y pudo empezar una nueva vida
A pesar de sus graves malformaciones, podemos decir que Otter tuvo suerte al caer en las mejores manos. Otra asociación o cualquier cuidador podrían haberse decidido por la eutanasia, bien por no poder garantizar las atenciones que requiere un caso tan delicado, bien por el tiempo y el coste que puede suponer el tratamiento de estos animales.
Por suerte, como decimos, la asociación Baby Kitten Rescue tiene por lema hacer siempre todo lo posible para ayudar a que estos pequeños sobrevivan. Así, Otter y su hermana Bunny fueron acogidos en una casa en la que disfrutaron de todos los cuidados. Por ejemplo, era fundamental proteger de golpes el cerebro de Otter, lo que se consiguió proporcionándole espacios mullidos y acolchados para evitar lesiones.
También se le colocó, primero, un parche para cubrirle la parte descubierta del cráneo y, después, un casco hecho específicamente para él en 3D. Todas estas medidas eran imprescindibles para prevenir que cualquier daño en el cerebro le pudiese causar la muerte. Igualmente, había que cuidar la higiene para reducir la posibilidad de infecciones bacterianas. Hay que tener en cuenta que tanto Otter como Bunny presentaban, además, infección, desnutrición y falta de parte de las extremidades anteriores.
Estos cuidados tuvieron que prolongarse durante meses, hasta que los veterinarios decidieron que Otter podía entrar en el quirófano solo con los riesgos asumibles en cualquier operación. La cirugía, en la que le colocaron una malla de titanio para tapar la zona del cráneo abierta, fue un éxito.
Tras un tiempo de posoperatorio, durante el que todavía tuvo que llevar su casco protector, Otter fue dado de alta, listo para disfrutar de una vida normal. Hay que decir que las malformaciones de las patas no le suponen ningún problema ni a él ni a su hermana. Además, otra buena noticia es que ambos han sido adoptados juntos.
En resumen, la historia del gatito Otter nos recuerda que es posible tratar casos tan complicados como el suyo, un encefalocele que hizo que parte de su cerebro quedase desprotegido al no tener el cráneo correctamente cerrado. Que se puedan curar malformaciones de tanta gravedad ofrece esperanza para otros gatitos, pero tanto las asociaciones como los particulares deberían poder acceder a todos los recursos necesarios. La eutanasia no puede ser la única respuesta.
Si deseas leer más artículos parecidos a Otter, el pequeño gatito rescatado que necesitó un casco para sobrevivir debido a una malformación congénita, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Curiosidades del mundo animal.