Curiosidades del mundo animal

Cuando un perro ladra a la nada, no siempre “ve cosas”: muchas veces está reaccionando a estímulos que nosotros no percibimos

 
Marta Sarasúa
Por Marta Sarasúa, ATV y etóloga. 9 junio 2026
Cuando un perro ladra a la nada, no siempre “ve cosas”: muchas veces está reaccionando a estímulos que nosotros no percibimos
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¿Alguna vez has pensado que tu perro ve fantasmas? muchas veces, aunque se encuentren tranquilamente descansando, los perros se alteran repentinamente, se quedan quietos mirando a un punto fijo, erizan el pelo y comienzan a gruñir o incluso a ladrar con intensidad sin que, aparentemente, haya nada llamativo que pudiera estar provocando esa reacción.

Este es, desde luego, un comportamiento canino muy curioso que incluso puede llegar a asustar a los tutores, pero el hecho de que un perro ladre a la nada de vez en cuando no suele ser algo preocupante y tiene su explicación científica.

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Lo que realmente detecta tu perro cuando parece ladrar a la nada

El ladrido es una compleja forma de comunicación de los perros, que varía en tono, intensidad y duración en función del mensaje que quieran transmitir, pudiendo servir como señal de alerta, llamada de atención o expresión de emociones como ansiedad, felicidad o miedo. En este sentido, los perros no suelen ladrar "porque sí", sino que siempre existe una intención detrás de las vocalizaciones, aunque en ocasiones sea difícil de comprender para nosotros.

Cuando un perro ladra a la nada, en realidad está percibiendo algún estímulo que nosotros no somos capaces de apreciar con la misma facilidad o claridad. Esto no significa, ni mucho menos, que tu peludo esté viendo un fantasma o se imagine presencias que en realidad no existen, sino que su oído y, sobre todo, su olfato están tan desarrollados que son capaces de detectar cosas que nuestros sentidos jamás podrían llegar a captar y son precisamente estos estímulos los que le llaman la atención y le incitan a ladrar, por diferentes motivos.

Igualmente, la edad del perro, su raza o su estado emocional también influyen en la frecuencia con la que el animal ladra.

Por ejemplo, los perros que tienen una personalidad más miedosa, los que padecen alteraciones conductuales relacionadas con la ansiedad y el estrés, los animales más viejos o aquellos de razas que han sido históricamente seleccionadas para trabajar y estar siempre atentas al entorno, tienen una mayor predisposición a detectar sutiles estímulos que pueden desencadenar el ladrido.

Por su parte, los perros que han sido recompensados por avisar frente a la presencia de intrusos o aquellos a los que se ha entrenado de manera específica para vigilar terrenos, también suelen gruñir y ladrar en cuanto detectan cualquier cosa que les llame la atención.

El extraordinario olfato y oído que permiten a los perros detectar lo que nosotros ignoramos

Si tu perro es capaz de detectar todos estos estímulos tan sutiles es porque cuenta con una capacidad sensorial muchísimo más sensible y precisa que la de los seres humanos.

Destaca, especialmente, el olfato, siendo el sentido predominante y más desarrollado de los canes. Los perros cuentan con más de 250 millones de células olfativas (algunas razas pueden superar los 300 millones), mientras que nosotros tenemos a penas cinco millones.

Esto explica la enorme importancia que tiene el olfato para los perros, pues es uno de sus principales medios de comunicación con otros individuos, así como un elemento fundamental para interactuar, explorar y reconocer todos los elementos del entorno que le rodean. Es por todo esto que, muchas veces, los perros reaccionan repentinamente y se ponen a ladrar a la nada simplemente porque les ha llegado, por ejemplo, el olor de algún animal que ha pasado cerca de casa o de una persona extraña que andaba cerca.

Por otro lado, los perros también poseen un sentido del oído más agudo que el nuestro, ya que ellos pueden percibir rangos más amplios de audición, llegando a captar sonidos de hasta 60.000 hercios de frecuencia, cuando el límite humano se encuentra en unos 20.000 hercios. Así pues, no es de extrañar que tu peludo se ponga a ladrar o a gruñir si escucha algún ruido extraño, aunque tú seas completamente incapaz de oírlo.

Por último, cabe destacar que, aunque la vista de los perros no sea mejor que la nuestra a nivel de agudeza visual, sí lo es en cuanto a visión periférica, nocturna y detección de movimientos. Es decir, tu perro no ve tantos detalles como tú, de hecho, tampoco puede percibir tantos colores como los humanos, pero sí es mucho más hábil para captar sutiles movimientos y también ve mejor en la oscuridad, lo que podría explicar ladridos repentinos durante la noche.

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Cuándo los ladridos sin motivo aparente pueden indicar un problema de salud

Ladrar de manera puntual a ciertos estímulos que para nosotros son imperceptibles no es algo preocupante porque, tal y como hemos explicado, los perros simplemente pueden haber visto, escuchado u olido algo que les ha resultado llamativo y reaccionan frente a ello, ya sea con vocalizaciones de alerta, miedo o curiosidad. En este contexto, bastaría con tranquilizar al animal, conducirle a una zona más tranquila y mantenerle entretenido para que no asocie el estímulo percibido con algo negativo o preocupante.

Ahora bien, si tu perro ladra con mucha frecuencia sin un motivo aparente o empieza a desarrollar comportamientos anormales de deambulación, desorientación, hipervigilancia o ansiedad, es posible que esté desarrollando algún tipo de alteración a nivel fisiológico y en este caso sí que sería necesaria una visita al veterinario.

Una de las causas más frecuentes de este tipo de sintomatología es el denominado síndrome de disfunción cognitiva (SDC), una condición comparable al ciertos procesos neurodegenerativos humanos, como el Alzheimer. El SDC es característico de perros de edades muy avanzadas y, aunque no tiene cura, sí que se puede tratar con el objetivo de ralentizar su progresión y mejorar la calidad de vida del peludo.

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Bibliografía
  • Landsberg, G. M., Nichol, J., & Araujo, J. A. (2012). Cognitive dysfunction syndrome: A disease of canine and feline brain aging. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 42(4), 749–768. https://doi.org/10.1016/j.cvsm.2012.04.003
  • Yin, S. (2002). A new perspective on barking in dogs (Canis familiaris). Journal of Comparative Psychology, 116(2), 189–193. https://doi.org/10.1037/0735-7036.116.2.189
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