Los perros no solo huelen mejor que nosotros: también podrían ayudar a detectar enfermedades graves
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El olfato de los perros lleva años sorprendiendo a los científicos. Son capaces de localizar personas desaparecidas, detectar explosivos, identificar cambios emocionales en sus cuidadores e incluso anticipar algunas crisis médicas. Ahora, una línea de investigación cada vez más sólida apunta a otra capacidad extraordinaria: reconocer la presencia de determinados tipos de cáncer a partir de compuestos químicos invisibles para los seres humanos.
La cuestión ha vuelto a cobrar actualidad gracias a las declaraciones de Gemma Butlin, responsable de comunicación de la organización británica Medical Detection Dogs, quien explicó que algunos de los perros entrenados por la entidad han logrado identificar muestras de orina asociadas al cáncer de próstata con una efectividad superior al 93%, mientras que en investigaciones sobre cáncer de vejiga se han alcanzado precisiones cercanas al 90%.
Los animales ya han empezado a tener un rol en ensayos científicos controlados destinados a comprender cómo determinadas enfermedades modifican el olor corporal humano y cómo esa información puede aprovecharse para desarrollar nuevas herramientas diagnósticas.
Por qué el olfato de los perros puede detectar señales invisibles para los humanos
La explicación se encuentra en la extraordinaria anatomía olfativa canina. Se estima que un perro puede tener entre 220 y 300 millones de receptores olfativos, frente a los aproximadamente 5 o 6 millones de los seres humanos. Además, una parte mucho mayor de su cerebro está dedicada al procesamiento de olores.
Gracias a esta capacidad, los perros pueden detectar concentraciones extremadamente bajas de sustancias químicas presentes en el aire. En el caso del cáncer, los investigadores creen que los animales identifican determinados compuestos orgánicos volátiles (VOC, por sus siglas en inglés) generados por alteraciones metabólicas asociadas a los tumores. Estos compuestos pueden encontrarse en el aliento, la orina, el sudor o incluso en muestras de tejido.
Los científicos todavía intentan determinar exactamente qué combinación de moléculas es la que reconocen los perros. Sin embargo, existe consenso en que muchas enfermedades producen una "firma química" característica que puede ser detectada por un olfato especialmente entrenado.
La historia que hizo que la ciencia empezara a tomarse en serio el olfato canino
El interés científico por esta cuestión no es nuevo ni mucho menos. Uno de los primeros casos documentados apareció en 1989 en la revista médica The Lancet, cuando un perro insistía repetidamente en olfatear una lesión cutánea que posteriormente resultó ser un melanoma maligno. Ese episodio impulsó nuevas investigaciones sobre la detección canina de enfermedades.
Desde entonces se han publicado muchos estudios. Una investigación realizada con muestras de aliento encontró sensibilidades cercanas al 99% para cáncer de pulmón y superiores al 88% para cáncer de mama en condiciones experimentales controladas. Otros trabajos han mostrado resultados prometedores en cáncer de vejiga, próstata, ovario, colon y pulmón.
Uno de los estudios más relevantes en cáncer de próstata fue desarrollado por investigadores asociados a Medical Detection Dogs y diversas instituciones académicas. Los perros entrenados lograron identificar muestras de orina procedentes de pacientes con formas agresivas de la enfermedad con elevados niveles de precisión, incluso diferenciándolas de otras patologías prostáticas benignas.
Sin embargo, los expertos también recuerdan que la investigación se encuentra todavía en etapa de evolución. Las tasas de precisión obtenidas en laboratorio no siempre pueden trasladarse directamente a la práctica clínica cotidiana, y muchos estudios requieren validaciones independientes y muestras más amplias.
La “nariz electrónica” inspirada en perros que podría ayudar a detectar enfermedades
Quizá la aplicación más prometedora de esta línea de investigación no sea utilizar perros en hospitales, sino aprender de ellos.
Gemma Butlin explica que el objetivo a largo plazo consiste en desarrollar dispositivos capaces de imitar el extraordinario sistema olfativo canino. La propia organización Medical Detection Dogs colabora con investigadores de universidades y centros tecnológicos para crear una especie de "nariz electrónica" que pueda detectar los mismos patrones químicos que identifican los animales.
Estos sistemas utilizan sensores químicos avanzados e inteligencia artificial para analizar compuestos orgánicos volátiles presentes en muestras biológicas. Según los investigadores, podrían convertirse en herramientas rápidas, no invasivas y relativamente económicas para apoyar el diagnóstico precoz de distintas enfermedades.
La capacidad olfativa de los perros, además, no se limita a los tumores. Diversos proyectos científicos han explorado su utilidad para detectar infecciones bacterianas, COVID-19, malaria, enfermedad de Parkinson, diabetes e incluso algunas alteraciones hormonales.
Perfeccionado por miles de años de evolución, el olfato de los perros podría acabar inspirando una nueva generación de tecnologías médicas capaces de detectar el cáncer en fases mucho más tempranas. Y en esa carrera por mejorar el diagnóstico precoz, los perros continúan demostrando que son mucho más que compañeros de vida. También pueden convertirse en aliados claves de la ciencia.
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