Mari Paz Bulnes, gestora de colonias felinas: “No podemos cambiar la vida de los gatos de la calle, pero sí hacer que sea más digna, más segura y menos difícil”

 
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 28 agosto 2026

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Quien convive con un gato sabe que acercarse a él cuando no quiere contacto físico suele producir el efecto contrario al buscado. Esa distancia resulta todavía más importante con los gatos comunitarios, animales que viven en libertad y cuyo grado de socialización con las personas puede ser muy reducido.

Mari Paz Bulnes lo ha aprendido después de años observándolos y cuidándolos en una colonia de Collado Villalba, en Madrid. Su experiencia permite entender comportamientos felinos que, vistos desde fuera, pueden confundirse fácilmente con rechazo, desconfianza o incluso agresividad hacia las personas.

"Un gato no te ataca porque sí", sostiene Bulnes. Su afirmación cuestiona algunos de los temores que todavía rodean a estos animales: si un gato se siente acorralado, asustado o amenazado puede reaccionar, pero antes suele emitir señales que conviene aprender a interpretar. Respetar su espacio constituye así el primer paso para establecer una relación de confianza.

“No basta con alimentarlos”: cuidar una colonia felina exige vigilancia, paciencia y atención veterinaria

Bulnes es una gestora de colonias felinas que vive en Collado Villalba y desde hace aproximadamente seis o siete años participa, junto con otras tres vecinas, en el cuidado de un grupo de alrededor de 25 gatos.

El contacto con otra gestora les permitió conocer los programas de esterilización y comprender que atender una colonia significa mucho más que proporcionar comida.

Todos los ejemplares de la colonia que gestionan están actualmente esterilizados. Las cuidadoras se reparten la alimentación y la vigilancia y, cuando detectan un animal enfermo o herido, intentan capturarlo para que reciba atención veterinaria. "La confianza se construye a través de la constancia, la tranquilidad y el respeto", explica Bulnes sobre una relación en la que intentar forzar el contacto puede resultar contraproducente.

Imagen: Mari Paz Bulnes junto a una colonia de gatos / La Vanguardia (cedida)

Un gato comunitario no es un gato abandonado y normalmente no se puede dar en adopción

Un gato comunitario no debe confundirse automáticamente con un gato abandonado. La Ley 7/2023 define al primero como un individuo de la especie Felis catus que vive en libertad, ligado a un territorio y con un grado de socialización insuficiente para ser alojado fácilmente con personas.

Por eso, encontrar un gato en la calle no significa que haya que cogerlo y llevárselo a casa. La Ley de Bienestar Animal limita la retirada de gatos comunitarios de sus colonias. Entre las excepciones figuran los animales enfermos que no puedan valerse por sí mismos, los ejemplares completamente socializados destinados a adopción y los cachorros en edad de socialización que vayan a ser adoptados.

Para Bulnes, la clave está en observar. Algunos de los gatos que cuida permanecen a medio metro o un metro de distancia y se apartan si alguien intenta tocarlos.

La Ley de Bienestar Animal establece cómo deben gestionarse las colonias felinas

La experiencia de estas cuidadoras coincide con el modelo que establece la legislación española. La Ley 7/2023 obliga a identificar mediante microchip y esterilizar quirúrgicamente a los gatos comunitarios. También encomienda a las entidades locales, salvo otra previsión autonómica, desarrollar programas de gestión de colonias felinas y asumir la atención sanitaria de los animales que la necesiten.

La Directriz Técnica sobre Gestión de Poblaciones Felinas del Ministerio de Derechos Sociales añade pautas sobre alimentación, registro, refugios, seguimiento sanitario y organización de las personas cuidadoras. La vigilancia cotidiana resulta especialmente importante porque un cambio de comportamiento puede ser una de las pocas pistas disponibles para advertir que un gato comunitario tiene un problema.

Bulnes cuenta que ellas revisan la zona y conocen las rutinas de los animales. Si alguno deja de aparecer, come menos o presenta una conducta extraña, esa información puede permitir actuar.

Cuándo un gato comunitario puede ser adoptado y vivir en un hogar

La socialización determina qué animales pueden abandonar la colonia para vivir en un hogar. Bulnes y sus compañeras han encontrado familias para cachorros, algún ejemplar de seis o siete meses y gatos domésticos que aparecieron abandonados. Según explica ella, cuanto más joven es el animal, generalmente más sencilla resulta su socialización, aunque también existen adultos sociables capaces de adaptarse a una vivienda.

La legislación contempla precisamente la adopción como una de las excepciones que permiten retirar un gato comunitario de su territorio cuando está totalmente socializado. En cambio, confinar permanentemente a un gato no socializado en un centro de protección, residencia o instalación similar está prohibido, salvo las intervenciones necesarias para su tratamiento o reubicación en los casos legalmente establecidos.

El aprendizaje fundamental de Bulnes después de estos años es que la confianza de un gato no se impone. Alimentarlo, proporcionarle agua, observarlo y procurar un entorno seguro permite ayudarlo sin exigirle una relación para la que quizá no esté preparado. Como ella misma señala, los gatos "observan, esperan y deciden cuándo pueden acercarse". Cuidarlos también significa respetar esa decisión.

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