Curiosidades del mundo animal

César Millán, experto en comportamiento canino: “Los perros no solo perciben el amor, también pueden sentir tu tristeza, frustración o confusión”

 
Alejandro Lingenti
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 21 septiembre 2026
César Millán, experto en comportamiento canino: “Los perros no solo perciben el amor, también pueden sentir tu tristeza, frustración o confusión”
Imagen: El Periódico
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Quienes conviven con un perro probablemente hayan observado alguna vez un comportamiento difícil de explicar: el animal se acerca cuando estamos preocupados, permanece a nuestro lado durante un momento de tristeza o parece especialmente inquieto cuando existe tensión en casa. ¿Realmente sabe cómo nos sentimos?

César Millán, conocido internacionalmente por su trabajo como adiestrador y divulgador sobre comportamiento canino, sostiene que la sensibilidad de estos animales hacia los humanos va mucho más allá de reconocer el afecto. “La gente cree que los perros solo sienten el amor, pero también pueden sentir tu tristeza, tu frustración, tu confusión, tu aburrimiento o tu pereza”, afirma Millán.

Aunque atribuir exactamente una emoción humana a un animal exige cautela, numerosas investigaciones respaldan una parte fundamental de esta idea: los perros detectan diferentes señales asociadas con nuestro estado emocional y responden a ellas.

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Un estudio revela que el cerebro de los perros responde distinto ante la felicidad, tristeza, miedo y enfado humanos

Una de las investigaciones más interesantes sobre esta cuestión acaba de publicarse en 2026 en la revista científica iScience. Un equipo internacional encabezado por investigadores vinculados a la Universidad de Viena estudió mediante resonancia magnética funcional qué ocurre en el cerebro de los perros cuando observan expresiones humanas.

Los animales participantes permanecieron despiertos y sin sujeción mientras contemplaban fotografías de personas que mostraban felicidad, tristeza, miedo o enfado. Los resultados revelaron que el cerebro canino procesa de manera diferente algunas de estas expresiones.

Las caras felices provocaron una respuesta especialmente marcada en una zona del hemisferio derecho relacionada con el procesamiento visual y social y con circuitos vinculados a la recompensa. Más llamativo todavía fue comprobar que determinados patrones de actividad cerebral permitían diferenciar algunas emociones negativas, como el miedo y la tristeza.

Esto no significa necesariamente que un perro comprenda la tristeza exactamente como lo haría una persona. Lo que demuestra es algo más concreto: su cerebro es capaz de discriminar señales faciales correspondientes a distintos estados emocionales humanos.

César Millán, experto en comportamiento canino: “Los perros no solo perciben el amor, también pueden sentir tu tristeza, frustración o confusión” - Un estudio revela que el cerebro de los perros responde distinto ante la felicidad, tristeza, miedo y enfado humanos

Los perros combinan gestos, voz y otras señales para interpretar cómo nos sentimos

El rostro tampoco es la única fuente de información. Para entendernos, los perros combinan diferentes pistas: expresiones faciales, movimientos corporales, postura, voz e incluso señales olfativas.

Un estudio publicado en Biology Letters ya había demostrado en 2016 que podían integrar información visual y auditiva. Los investigadores mostraron a los perros imágenes de rostros humanos y caninos acompañadas por vocalizaciones positivas o negativas. Los animales miraban durante más tiempo aquellas caras cuya expresión coincidía con la emoción transmitida por el sonido.

La capacidad resulta especialmente relevante porque implica que no dependen exclusivamente de una señal. Del mismo modo que las personas interpretamos simultáneamente una mirada, un gesto y un tono de voz, los perros pueden reunir información procedente de diferentes sentidos.

Investigaciones posteriores han encontrado además que el estado emocional auténtico de una persona puede afectar al comportamiento de su perro. Un trabajo publicado en Animal Cognition en 2024 observó diferencias cuando los tutores experimentaban felicidad, tristeza o un estado neutral. Por ejemplo, ante tutores tristes, los perros miraban y saltaban menos hacia ellos, mientras que ante tutores felices rendían mejor durante una tarea de entrenamiento.

Los propios investigadores fueron prudentes: detectar y responder a una emoción no equivale automáticamente a demostrar empatía.

El estrés también puede dejar huella en el perro a largo plazo

La relación emocional entre perros y humanos puede llegar todavía más lejos. Un estudio publicado en Scientific Reports analizó las concentraciones de cortisol en el pelo de 58 parejas formadas por perros y sus tutores. Los investigadores encontraron una correlación entre sus niveles de estrés a largo plazo.

Esto tampoco significa que todas las emociones humanas se “contagien” automáticamente. Otro experimento que estudió el estrés durante los paseos no encontró un aumento significativo paralelo del cortisol o la frecuencia cardíaca de los perros cuando sus responsables sufrían un estrés leve.

La conclusión, por tanto, requiere matices: los perros son capaces de percibir numerosas señales emocionales humanas, pero cada individuo puede reaccionar de manera diferente.

César Millán, experto en comportamiento canino: “Los perros no solo perciben el amor, también pueden sentir tu tristeza, frustración o confusión” - El estrés también puede dejar huella en el perro a largo plazo

Los perros perciben nuestras emociones, pero no necesariamente las entienden como lo haríamos nosotros

Comprender esta sensibilidad puede ayudarnos a interpretar mejor algunos comportamientos. Un perro que se aproxima cuando una persona llora podría haber detectado cambios en su expresión, movimientos, voz, olor o conducta habitual. Otro, sin embargo, puede alejarse ante la misma situación.

Por eso conviene evitar dos extremos: considerar que los perros son indiferentes a nuestro estado emocional o interpretar cualquier comportamiento como si razonaran exactamente igual que nosotros.

Incluso existen indicios de comportamientos compatibles con procesos semejantes al duelo. Una investigación realizada con 426 personas que habían convivido con al menos dos perros encontró que, tras la muerte de un compañero canino, algunos supervivientes modificaban actividades como jugar, dormir o comer, especialmente cuando existía una relación estrecha entre ambos animales.

Todo ello ayuda a explicar por qué la afirmación de César Millán encuentra respaldo parcial en la investigación científica. Los perros no perciben únicamente las muestras de cariño: prestan atención constante a nuestro comportamiento y pueden diferenciar señales relacionadas con felicidad, miedo, estrés o tristeza.

Lo que la ciencia todavía intenta determinar es hasta dónde llega esa comprensión. Que un perro reconozca señales asociadas con nuestra tristeza no permite afirmar que experimente exactamente lo mismo que nosotros. Pero sí confirma algo importante para quienes conviven con ellos: nuestras emociones también forman parte del entorno que el perro observa, interpreta y al que responde cada día.

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