Educación básica

Juan Manuel Liquindoli, educador canino: “Los perros no aprenden solo con un ‘no’, primero hay que enseñarles la alternativa”

 
María Besteiros
Por María Besteiros, ATV y peluquera canina/felina. 20 agosto 2026
Juan Manuel Liquindoli, educador canino: “Los perros no aprenden solo con un ‘no’, primero hay que enseñarles la alternativa”
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La educación de un perro puede convertirse en todo un reto para sus cuidadores, especialmente durante la etapa de cachorro, cuando la curiosidad y las ganas de explorar están en su punto máximo. En esta fase es habitual que surjan dudas sobre cómo corregir algunas conductas y establecer límites sin generar conflictos que terminen afectando a la convivencia.

Juan Manuel Liquindoli, educador canino, aborda esta cuestión en un vídeo en sus redes sociales, explicando cómo hay que actuar ante comportamientos que, si no se gestionan correctamente, pueden acabar convirtiéndose en problemas más graves. “Una de las claves está en saber decir que no, para que el perro entienda qué se espera de él”, asegura.

Es importante saber decir que no, pero haciendo entender al perro los motivos

Como es normal, los perros también realizan conductas que no nos gustan tanto, como destrozar algún objeto, subirse a las personas o tirar de la correa durante el paseo. Es frecuente que la reacción de los tutores ante estos problemas de comportamiento sean negativas, griten o se enfaden.

En primer lugar, tal y como señala Liquindoli, hay que tener siempre presente que los perros no se portan mal por fastidiarnos. Su comportamiento tiene relación con su naturaleza.

Como señala claramente el educador, “los perros exploran el mundo a través de su boca, de ahí que muerdan cualquier objeto que les llame la atención. No lo hacen por fastidiar ni porque sean malos. Es un comportamiento natural que, por las molestias que ocasiona e incluso el riesgo para la propia vida del animal, por ejemplo, si llega a ingerir algún tóxico, el cuidador tendrá que saber redirigir”, asegura Liquindoli.

En eso basa el educador la enseñanza del “no” a los perros. Eso sí, el “no”, debe ir acompañado de una alternativa, una conducta positiva que queramos que el animal fije y repita. De lo contrario, un “no” seco o hasta violento, tal y como se educaba a los perros antiguamente, convertirá la relación con el animal en un continuo enfrentamiento. El perro obedecerá solo por miedo y, en consecuencia, el daño al vínculo con su tutor será enorme.

Como consecuencia, los perros, según el educador, mantendrán la cola baja y no estarán cómodos en presencia de su cuidador. No es una cuestión menor, ya que un perro con miedo también verá afectado su aprendizaje. No se puede aprender con miedo.

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El perro necesita alternativas para canalizar su energía

Lo ideal sería tener que corregir lo mínimo posible al perro. Como hemos dicho, muchas de las conductas que las personas tachan de disruptivas se corresponden con la expresión de la naturaleza canina. Dicho de otra manera, volviendo al ejemplo de los destrozos, si un perro rompe un objeto es porque no tiene la oportunidad de desfogar o canalizar su energía exploradora de otra manera.

En esta línea, Liquindoli incide en la necesidad de cuidar del bienestar animal, para lo que hay que proporcionarle al perro lo básico para su estabilidad tanto a nivel físico como mental. Por ejemplo, para lograrlo debería tener siempre a su disposición juguetes adecuados a sus características, tiempo de juego con su cuidador y la posibilidad de salir a pasear y realizar todo el ejercicio que requiera, de nuevo adecuado a sus características individuales, ya que no va a correr lo mismo un galgo que un pequinés ni un perro ya anciano que un cachorro. Todas estas opciones, como juguetes y ejercicio, son los “sí” que se le deben dar al perro para que el “no” resulte efectivo y adecuado.

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La forma correcta de decirle que “no” a tu perro, según el educador canino Juan Manuel Liquindoli

Según comenta Liquindoli, a la hora de decirle que no a nuestro perro será clave distraerlo hacia otro objeto o conducta alternativa a aquella que está desarrollando, esta vez aprobada por nosotros. Por ejemplo, si muerde un cable, por seguir la idea propuesta por el educador, podemos decir que no y ofrecerle un juguete que le guste. Liquindoli añade que la negativa no debe ser confrontativa ni autoritaria, sino un simple “no” que reconduzca a un “sí”. Hay que insistir en que la violencia no funciona en la educación canina.

En resumen, según el experto, el “no” en la educación canina debe decirse de un modo no confrontativo y tiene que servir para redirigir al perro hacia otra conducta u objeto que suponga un “sí”. Juguetes, tiempo de calidad con el cuidador y paseos adecuados a las características de cada ejemplar forman parte de esa respuesta positiva, las alternativas de las que todo perro debe disponer para poder entender una negativa sin sentir miedo ni imposición que pueda afectar al vínculo humano-animal.

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