Perros, gatos y hasta una tortuga: el primer cementerio público de animales de compañía de España supera los 700 servicios

 
Por Alejandro Lingenti, Periodista. 6 julio 2026

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El primer cementerio público para mascotas de España está en Málaga, dentro del Parque Cementerio de San Gabriel, y se ha convertido en un caso pionero en la forma de despedir a los animales de compañía. El recinto, gestionado por la empresa municipal Parcemasa, entró en servicio el 24 de junio de 2024 y nació para dar respuesta a una necesidad cada vez más visible: muchas familias no quieren que la muerte de su perro, gato u otro animal se resuelva como un simple trámite, sino como una despedida digna, legal y acompañada.

Hasta su apertura, España ya contaba con cementerios privados para animales, pero Málaga fue la primera ciudad en impulsar un servicio de titularidad pública. Según los datos difundidos por el Ayuntamiento de Málaga, en sus dos primeros años el cementerio municipal de animales de compañía ha prestado 748 servicios.

Cremaciones, entierros y apoyo psicológico: así funciona el cementerio público de mascotas de Málaga

El proyecto exigió una inversión de 1.168.846,37 euros. Las instalaciones funcionan de forma independiente dentro del Parque Cementerio de Málaga y ofrecen un servicio integral: cremaciones, entierros, traslado del animal fallecido, actos de despedida, depósito de cenizas y atención a las familias.

La propia web del recinto, El Parque, lo presenta como un espacio "legal y digno" para animales de compañía, en un entorno natural y tranquilo. Esa dimensión no es menor: el cementerio no solo cubre una necesidad funeraria, sino también emocional. Para muchas personas, despedir a un animal implica atravesar un duelo real, especialmente cuando se trata de perros y gatos que han acompañado durante años la vida cotidiana de una familia.

Además, Parcemasa ofrece apoyo psicológico y sirve de nexo con veterinarios para distintas gestiones. Según la información difundida por el Ayuntamiento, mantiene acuerdos con una quincena de clínicas veterinarias, que complementan los servicios contratados directamente por particulares.

504 perros y 213 gatos: así ha sido la actividad del cementerio público de mascotas de Málaga

Las cifras muestran con claridad qué animales llegan con más frecuencia al cementerio. De los servicios prestados en estos dos primeros años, la mayoría corresponden a perros, con 504 casos, seguidos por gatos, con 213. También se han registrado conejos, aves, roedores, un hurón y una tortuga.

El servicio más demandado ha sido la incineración. En total, el cementerio ha realizado 673 incineraciones: 295 individuales y 378 colectivas. A ellas se suman 65 entierros en el bosque y 10 depósitos de cenizas en urnas dentro de los jardines del recinto, un edificio de planta circular con una superficie total de cerca de mil metros cuadrados para la atención a la ciudadanía (zona de recepción, despacho administrativo, despacho para veterinarios, sala de entrega de cenizas, aseos y sala de despedidas).

La evolución también revela una demanda creciente. En su primer año, el cementerio realizó 320 servicios. En 2026, solo hasta finales de junio, ya se habían contabilizado 242 servicios, una cifra que confirma la consolidación del equipamiento.

No siempre puedes enterrar a tu perro o gato en una finca: lo que dice la regulación sanitaria

El auge de este tipo de servicios también tiene una explicación legal y sanitaria. En España, los cadáveres de animales de compañía se consideran subproductos animales no destinados al consumo humano, conocidos como SANDACH. El Reglamento europeo 1069/2009 establece normas para su recogida, transporte, almacenamiento, tratamiento y eliminación con el objetivo de evitar riesgos para la salud pública, la salud animal y el medio ambiente.

El Ministerio para la Transición Ecológica explica en su página sobre SANDACH que estos materiales tienen una regulación específica. Por eso, aunque todavía muchas personas creen que pueden enterrar a su mascota en una finca, un jardín o un terreno particular, lo recomendable es recurrir a servicios autorizados, ya sea a través del veterinario, de un crematorio o de un cementerio habilitado.

En ese contexto, el cementerio público de Málaga aporta una solución institucional a una situación que antes dependía casi siempre de servicios privados o de la gestión directa de las clínicas veterinarias. Su existencia también refleja un cambio cultural: los animales de compañía ya no son vistos únicamente como mascotas, sino como miembros del hogar cuya despedida merece cuidado, respeto y garantías.

El caso de Málaga puede marcar el camino para otros municipios españoles. A medida que aumenta el número de hogares con perros y gatos, también crece la necesidad de servicios públicos adaptados a esa realidad: espacios de esparcimiento, protocolos de emergencia, transporte, atención veterinaria y, como muestra este cementerio, lugares adecuados para el final de la vida.

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