Un estudio internacional confirma que el cáncer de mama en gatos y humanos comparte alteraciones genéticas
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Una de cada ocho gatas no esterilizadas desarrollará cáncer de mama a lo largo de su vida. Y a diferencia de lo que les sucede a las perras, donde buena parte de los tumores mamarios son benignos, los de las gatas son malignos: entre el 85 y el 90 %, según el MSD Veterinary Manual. Los veterinarios los comparan directamente con el cáncer de mama triple negativo, uno de los más agresivos que sufren las mujeres.
Un macroestudio publicado en la revista Science, en febrero de 2026, y respaldado por más de 20 instituciones de cinco países, ha analizado el ADN de los tumores de 493 gatos domésticos. La conclusión ha sido reveladora: los genes que provocan los tumores malignos en estos felinos son prácticamente los mismos que provocan los nuestros. Pero quienes tienen una gata en casa pueden hacer algo que, contra este cáncer, las mujeres no pueden. Y eso lo cambia todo.
¿Por qué el cáncer de mama felino es tan similar al humano? Los dos genes que lo explican
Uno de los hallazgos más llamativos tiene que ver con un gen llamado FBXW7. Lo que hace este gen es evitar que las células del cuerpo se multipliquen sin control. Cuando ese mecanismo falla, es fácil que se acabe generando un tumor. De hecho, más de la mitad de las gatas que han participado en el estudio y que tienen cáncer de mama presentan este problema. Los oncólogos conocen bien este gen porque cuando falla en las mujeres, el cáncer de mama suele ser mucho más agresivo y más difícil de tratar.
El segundo gen que ha señalado el estudio se llama PIK3CA. Cuando este gen muta, las células tumorales reciben una señal para seguir creciendo sin freno. Casi la mitad de las gatas del estudio que habían desarrollado cáncer de mama tenían este gen mutado. A diferencia de lo que ocurre con el FBXW7, en este caso las mujeres que presentan esta mutación ya cuentan con fármacos específicos para combatir el cáncer. Se llaman inhibidores de PI3K y están aprobados por la FDA y la EMA.
Toda esta información genética es útil porque plantea una cuestión práctica para quienes tienen una gata en casa. Si los tumores mamarios de estos animales de compañía funcionan igual que los de las mujeres, quizá tenga sentido preguntarse si se pueden prevenir. La respuesta es que sí y de un modo más sencillo de lo que podrías imaginar.
Así puedes reducir un 91 % el riesgo de que tu gata desarrolle cáncer de mama
Según un estudio de referencia de la Universidad de Pensilvania, publicado en el Journal of Veterinary Internal Medicine en 2005, esterilizar a una gata antes de los seis meses de edad reduce el riesgo de que desarrolle cáncer de mama en un 91 %. Si la esterilización se hace entre los 7 y los 12 meses, la protección sigue siendo muy alta: un 86 %. Pero si esperas demasiado, esa protección prácticamente desaparece. Cuando la esterilización se hace entre el primer y el segundo año de vida, el riesgo de cáncer de mama solo se reduce un 11 %. Si se hace después de los dos años, ya no servirá de nada. Más allá de salud, en nuestro país esta intervención ya no es opcional: la actual Ley de Bienestar Animal estipula que es obligatorio esterilizar a los gatos para garantizar la tenencia responsable.
Hay otros factores de riesgo que conviene tener en cuenta. Uno de ellos es el uso de progestágenos, unas hormonas que algunos tutores administran a sus gatas para suprimir el celo. Según la oncología veterinaria, recurrir a estas sustancias puede triplicar las probabilidades de que el animal desarrolle un tumor. Por eso, los especialistas desaconsejan su uso.
También existen unas razas más vulnerables que otras. Las gatas siamesas, por ejemplo, tienen el doble de probabilidades de desarrollar cáncer de mama que una gata mestiza común. Los tumores suelen aparecer entre los 9 y los 12 años, así que a partir de esa edad las revisiones veterinarias son especialmente importantes.
El “efecto espejo”: por qué los riesgos de tu hogar afectan a tu gata igual que a ti
Tu gata o gato vive contigo en casa, respira el mismo aire y pisa el mismo suelo. Por eso, tal como explica la investigadora Louise van der Weyden, del Wellcome Sanger Institute, nuestros felinos resultan más útiles para estudiar el cáncer que los ratones de laboratorio, puesto que están expuestos a los mismos riesgos medioambientales que sus humanos. Si en tu casa hay algo que pueda provocarte cáncer, ese mismo factor de riesgo también puede dañar la salud de tu gato o gata.
El tabaco es el ejemplo más claro. En 2002, un equipo de investigadores de las universidades de Tufts y Massachusetts estudió lo que les ocurre a los gatos que viven en hogares donde se fuma. Los resultados fueron contundentes: los gatos que conviven con fumadores tienen 2,4 veces más probabilidades de desarrollar un tipo de cáncer muy agresivo llamado linfoma maligno. Si el gato lleva más de cinco años viviendo en un hogar donde se fuma, el riesgo se triplica. Y si en casa hay dos o más fumadores, se multiplica por cuatro.
Pero el problema no es solo el humo que el gato respira. Cuando se fuma en casa, las partículas de nicotina y alquitrán se quedan en el suelo, en los muebles y en el propio pelo del animal. Cada vez que el gato se acicala y se lame, está ingiriendo esas sustancias. Los investigadores lo llaman humo de tercera mano.
El sol también puede ser un problema. El estudio de Science ha descubierto que más de la mitad de los cánceres de piel analizados en los gatos presentan daños en el ADN causados por los rayos ultravioleta, exactamente el mismo patrón que se observa en el cáncer de piel humano. Los gatos que corren más riesgo son los de pelo blanco porque la piel de la nariz y la de las orejas es muy sensible y queda demasiado expuesta al sol. En España, donde el sol es más intenso que en el norte de Europa, el riesgo se incrementa. Si tu gato es blanco y le gusta tumbarse al sol junto a la ventana, acude al centro veterinario para explicar tu inquietud.
También hay que tener cuidado con los productos de limpieza. Muchos limpiadores de suelos, toallitas desinfectantes y productos contra el moho contienen una sustancia llamada cloruro de benzalconio, que resulta especialmente tóxica para los gatos. El motivo es siempre el mismo: caminan por el suelo recién fregado y después se lamen las patas.
Hacia “una sola salud”: ¿podrían los tratamientos para humanos salvar a nuestras gatas?
El estudio de Science ha revelado otro dato que ayuda a entender hasta qué punto los gatos y las personas se parecen. El gen TP53, uno de los más estudiados en la investigación del cáncer, estaba dañado en uno de cada tres gatos con tumores. En las personas, la proporción resultó ser prácticamente idéntica.
Si los genes que provocan el cáncer son los mismos, los tratamientos para combatirlo también podrían serlo. De hecho, los inhibidores de PI3K, que ya se utilizan en mujeres que tienen cáncer de mama, están empezando a probarse con gatas que sufren los mismos tumores. A su vez, lo que los veterinarios descubren tratando a los gatos también podría ayudar a desarrollar nuevos tratamientos para las mujeres.
Es lo que los investigadores llaman One Health o “una sola salud”: la idea de que cuidar la salud de los animales y cuidar la nuestra son, en el fondo, la misma cosa. Estudios como este demuestran que cada avance en la lucha contra el cáncer en los gatos es también un paso adelante para las personas. Y al revés. Es la confirmación de que, a nivel genético, compartimos mucho más que un hogar.
Este artículo es meramente informativo, en ExpertoAnimal.com no tenemos facultad para recetar tratamientos veterinarios ni realizar ningún tipo de diagnóstico. Te invitamos a que lleves a tu mascota al veterinario en el caso de que presente cualquier tipo de condición o malestar.
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