“Hemos tenido que dejarlo”: la decisión sobre Llavín en Dog House que ha desatado una oleada de críticas en redes
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El programa Dog House está emitiendo en la actualidad su segunda temporada en el primer canal de la televisión pública española, tras el éxito de la primera. Presentado por la también cantante Chenoa, tratan de encontrar familias responsables a perros que buscan una nueva vida, muchas veces después de haber sobrevivido a experiencias muy duras.
Esta semana el caso del perro Llavín ha levantado una gran oleada de críticas, pues la familia que se había comprometido a adoptarlo lo ha devuelto tras unas semanas de convivencia alegando que el perro ladraba a otros durante los paseos.
El motivo por el que la familia decidió devolver a Llavín: “En casa es muy bueno, lo malo es en la calle”
La polémica por el caso Llavín ha encendido las redes sociales. Los comentarios son todos críticos con la familia que ha vuelto a abandonar al perro. Y no es de extrañar, pues, en teoría, el programa tiene el objetivo de concienciar y promover la adopción responsable. El comportamiento de esta familia no encaja con este postulado.
Además, los ánimos de los espectadores se han avivado aún más cuando el vídeo explicativo difundido por el programa parece compartir su decisión e incluso presenta a la familia como “víctima”, cuando la única víctima de la que se puede hablar aquí es de Llavín, que ha vuelto a ver su mundo desbaratado al ser acogido y expulsado de un hogar que debía ser definitivo.
La familia explica en el vídeo la causa de lo que para el perro es un abandono: según ellos, Llavín es muy bueno en casa, pero en la calle ladra a otros perros y tira hacia ellos, lo que hace que los niños no lo quieran sacar a pasear. Nunca hay justificación para deshacerse de un perro, que es un miembro más de la familia, pero, como hacen notar los seguidores del programa, el argumento es especialmente débil.
La figura del etólogo, clave en un caso como el de Llavín
La justificación al abandono de Llavín que ofrece la familia flaquea por todas partes, pero extraña todavía más que la adopción, desde un programa de televisión que pretende concienciar, no haya tenido un seguimiento profesional que pudiese solventar todos los problemas que plantean para tomar su decisión. Tampoco parece que se les haya dado una información completa antes de adoptar sobre la naturaleza del animal y las complicaciones que pueden surgir en su periodo de adaptación a un nuevo hogar.
En primer lugar, todas las personas que quieren tener un perro deben saber cómo son. Los perros ladran como forma de comunicación. No ladran para molestar, al contrario, quieren decirnos algo y de entenderlos depende nuestra respuesta y la propia reacción del animal. En otras palabras, un perro que ladra a otros en la calle tiene un motivo y es responsabilidad de los cuidadores encontrarlo para poder intervenir.
Por lo que cuentan, además, Llavín es un perro miedoso, con probables traumas que deberían ser tratados por cuidadores con experiencia o incluso por profesionales. Llama la atención y preocupa que desde el programa se haya dado en adopción un perro con esta problemática a personas sin experiencia y, lo que es mucho más escandaloso, no se haya informado de que, ante conductas disruptivas, como podría ser la mostrada por el perro en la calle, lo ideal es contactar con un etólogo o experto en conducta canina.
Estos profesionales son los que pueden valorar al animal y sus condiciones de vida, entender sus necesidades y ayudar a la familia a cubrirlas. No se puede normalizar que porque un perro ladre a otros en la calle la primera opción sea devolverlo, sin intentar trabajar con un profesional o informarse, mínimamente, de su naturaleza y necesidades básicas.
Además, la familia declara que la actitud del perro hacía que los niños no lo quisiesen sacar a pasear. Hay que saber que los niños, menores, pueden ser los que quieren un perro en casa, pero son los padres, adultos, los que deben encargarse de supervisar sus cuidados. No es responsable dejar a un perro miedoso y recién adoptado con un niño en la calle. Son los padres los que deben pasearlo y asumir la responsabilidad. No es obligatorio tener perro. Si no se está dispuesto a sacrificarse, a informarse ni a gastar dinero en profesionales que puedan ayudar, es mejor no adoptarlo.
Un perro no es un capricho: adoptar implica responsabilidad y compromiso
En último lugar, es fundamental entender que la adopción es un acto altruista. No se adopta porque se está triste y se quiere compañía, por darle un capricho a un niño o porque está de moda una u otra raza. Adoptar es ponerse a disposición de un animal que lo necesita y que, muchas veces, presenta dificultades fruto de las terribles experiencias vividas.
Va a requerir un tiempo de adaptación y, en ocasiones, el trabajo con un profesional del comportamiento. Adoptar es saber que un perro es un ser vivo que ladra, ensucia, tira de la correa, rompe, enferma, cuesta dinero, tiempo y paciencia y vive unos 15 años, durante los que habrá que atenderlo siempre. Adoptar es un compromiso para toda su vida. Si el perro ladra y tira de la correa, se busca un etólogo. Si los niños no lo quieren pasear, lo pasean los padres. Nada justifica un abandono.
En definitiva, el programa Dog House ha mostrado una realidad por desgracia común para todas las asociaciones protectoras: la devolución de animales adoptados con excusas sonrojantes. Los espectadores han denunciado en redes sociales este hecho y reclamado a la televisión pública una mayor responsabilidad para no normalizar estos comportamientos injustificables. Un perro es un ser sintiente y no una prenda de ropa que se pueda devolver porque no ajusta.
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