Juan Manuel Liquindoli, educador canino: “Cuando un perro se para durante el paseo está analizando su entorno y obligarlo a seguir caminando es un error”

 
Por María Besteiros, ATV y peluquera canina/felina. 29 julio 2026

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Entre las necesidades básicas de los perros está salir a pasear todos los días varias veces. Pueden ser paseos más o menos largos, con o sin correa si existen espacios seguros, con mayor o menor actividad física o en compañía de otros perros. Lo importante es adaptarlos a las características y necesidades de cada animal.

Un buen paseo es fundamental para garantizar el bienestar físico y psicológico del perro, ya que le proporciona ejercicio, estimulación y oportunidades de socialización. Sin embargo, hay un comportamiento que desconcierta a muchos cuidadores: que el perro se quede parado y no quiera seguir caminando. El educador canino Juan Manuel Liquindoli explica que, en muchas ocasiones, esas pausas “son necesarias para que el animal procese todo lo que ocurre a su alrededor”.

El paseo es el momento del perro y no debería hacerse con prisas

Como hemos avanzado, todos los perros necesitan salir a pasear varias veces al día. El horario, la duración o el tipo de paseo dependerán de cada ejemplar, ya que no es lo mismo sacar a un cachorro que a un perro ya anciano ni a un galgo que a un pequinés.

El paseo es fundamental, también, para los perros que viven en casas y disponen de un espacio al aire libre. Por muy grande que este sea, que un perro permanezca permanentemente en un jardín o terreno, sin ninguna salida al exterior, es perjudicial para su bienestar, ya que, en un periodo de tiempo más o menos prolongado habrá recorrido todo su territorio y, en consecuencia, se aburrirá.

Un perro necesita constantes estímulos que lo mantengan entretenido a nivel mental y físico. En esta línea, como hemos señalado, el paseo aporta ejercicio, estimulación y una buena manera de interaccionar con otros animales y personas, así como socializar con ellos y con todo el entorno, un proceso clave para su equilibrio psicológico.

Como hemos dicho, el paseo debe adaptarse a las características de cada animal y, lógicamente, a los horarios de los cuidadores. Pero siempre debe permitirse que el perro olfatee a su gusto, ya que es una conducta que le proporciona una información muy valiosa de su entorno, de sus congéneres y de otros animales. En lo posible, en el paseo también deben poder jugar y correr lo que requiera cada ejemplar según sus características.

En otras palabras, el paseo del perro es su momento. Los cuidadores deben posibilitar que lo disfrute sin prisas ni apuros. “No apurarlo puede sumar mucho bienestar en su paseo y hasta puede ser un buen ejercicio para nosotros”, afirma Liquindoli.

Qué significa que no quiera seguir caminando: la explicación al gesto que desconcierta a muchos cuidadores

En este contexto, el educador canino advierte de una conducta que puede aparecer en los paseos con los perros y es que el animal se quede parado, "plantado" y sin querer avanzar. Igual que a veces los perros pegan tirones y no deja de ser una situación normal, según Liquindoli, las pausas son momentos que se toma el perro para "procesar" su entorno a su ritmo.

Como indica este educador canino, esta necesidad de reprocesar y de parar para hacerlo puede deberse a varias causas. Por ejemplo, el animal puede haber percibido algo que le ha generado miedo, pero, también, simple curiosidad o cierto estado de alerta por no saber de qué se trata.

Dicho de otra manera, hay en el entorno algún estímulo, quizás imperceptible para los cuidadores, que el perro no conoce y prefiere detenerse para valorarlo, ya sea porque despierta su atención o, como hemos dicho, le causa intriga o miedo. El perro necesita esa parada para poder “recalcular” su entorno y lo que en él acontece a su ritmo, utilizando para ello todos sus sentidos.

La reacción que recomiendan los educadores cuando un perro se queda parado

Entendiendo que la “pausa” en la marcha del animal tiene un motivo y, por supuesto, no se detiene porque quiera fastidiarnos o por capricho, lo interesante es saber qué es lo que debemos hacer si nos enfrentamos a uno de estos momentos de pausa.

Juan Manuel Liquindoli lo aclara. En su opinión, en ningún caso hay que hacer avanzar a la fuerza al perro ni mucho menos tirarle de la correa o llamarlo con insistencia. Al contrario, este tipo de comportamientos, como afirma el educador, suponen añadir más "ruido" a la situación, interfiriendo en la valoración que está haciendo el perro antes de seguir adelante con el paseo.

Aunque, como él comprende, "tengamos mil cosas en la cabeza", lo mejor es "observar y entender qué necesita" y "frenarnos, relajar la correa y permitirle esos segundos". Esta idea encaja con lo que explicábamos sobre el paseo ideal, es decir, aquel en el que el cuidador no mira el reloj y deja que el perro disfrute a su ritmo.

En definitiva, que un perro se “plante” durante un paseo se debe a que ha detectado algún estímulo que le provoca miedo, curiosidad o, simplemente, le llama la atención. Los cuidadores deben permitir esta pausa y no forzar al perro a avanzar. Al contrario, el animal necesita ese tiempo para reprocesar su entorno antes de seguir adelante.

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